- Adelante, cuéntanos lo que pasó.
- Ya he dicho todo lo que sé.
- ¡Quiero que nos cuentes la verdad! ¿Quién era esa persona?
- Vuelvo a repetir que no le vi la cara...
- ¡Mientes!
- Cálmese señor, creo que la chica está siendo sincera.
Mientras aquellos policías estaban interrogándome en esa comisaría pensaba en el daño que había causado el culpable del asesinato... Yo lo sabía. Sabía perfectamente quien fue el asesino de la mujer de la tienda de la esquina, la cual era muy conocida por casi todos de la ciudad ya que se hacía querer por la mayoría de las personas, lo que no llegué a entender fue por qué a ella.
- ¿Cuándo podré irme? – estaba deseando olvidar aquella situación y cualquier palabra que me acercara al suceso.
- Cuando nos cuentes todo lo que sabes. – el comisario fue muy constante conmigo, e incluso llegué a temer que consiguiera hacerme confesar, porque era muy bueno realizándome preguntas que aparentemente no tenían que ver con el atentado y sin embargo siempre conseguía sacarme un detalle más que yo no quería contar.
- Vuelve a explicarnos donde estabas, - definitivamente no creyó la primera versión que les comenté y querían que les expresara otra, supuestamente la que era cierta, pero yo no podía contar que el asesino era una persona tan cercana a mi vida diaria, a mi domicilio, mi familia... mi sueño.
- Yo pasaba por el bosque, iba camino a casa justo cuando oí unos disparos, no puedo decir quién era el que disparó porque estaba todo oscuro, apenas veía el camino por el que yo iba a regresar a casa. Sólo vi una sombra a lo lejos, bastante lejos, no sabría definir si era un hombre o una mujer porque estaba asustada y apenas la observé... Después empecé a correr y a gritar desesperada, pues estaba muerta de miedo; y sin mirar atrás seguí mi trayecto hasta volver con mi familia.
- La señora Ruiz es a la que han asesinado, ¿Sabes quien era tal mujer? - siguió hablando el otro compañero.
- Sí, así es. La conocía porque solía ir a comprar allí con las amigas, ¿Quién no conoce a la mujer de la tienda de la esquina?
- Pues yo no la conocía y ahora ya el conocerla es terminantemente imposible, porque un hijo de puta la ha asesinado, y tú que eres el único testigo de ello se niega a contar la verdad, lo que puede provocar otro incidente similar y ¿Quién sabe? Tal vez la próxima víctima sea mi mujer, o la de él, o... Tú.
Sus palabras me conmovían, e incluso me llegaron a hacer creer que estaba tapando en verdad a un asesino, pero no era así, el culpable no era un profesional de esos que deben detenerlos y encerrarlos durante la mayor parte de sus vidas en la cárcel.
Aquella noche, después de llegar a casa tal y como les conté a los policías entré muy nerviosa gritando una y otra vez “¡que ha disparado, ha disparado!” Mi madre enseguida me oyó:
- ¡Hija! ¿Te encuentras bien?
- Sí, eso creo...
- ¿Quién ha disparado? ¿Lo has visto?
- No lo sé, he oído unos disparos pero no he visto a nadie, tan sólo una sombra a lo lejos... No sé quien era; estaba deseando llegar a casa.
- Tranquila, voy a llamar a la policía y les contaré lo que me has dicho.
Después, mi madre realizó aquella llamada. Yo seguía asustada pero quise salir a la puerta y acercarme un poco al camino del bosque que empezaba a unos metros de mi casa a ver si por casualidad observaba a alguien; y fue entonces cuando vi cómo venía corriendo e histérico mi hermano adoptivo. Sin apenas mirarme entró en casa y se encerró en su cuarto. Pensé que él lo había visto todo...
Decidí ir tras él para saber qué es lo que le pasaba y llamé a la puerta de su habitación:
- No entres. No me apetece hablar con nadie, quiero estar solo, - sin embargo yo la abrí y entré, pues no podía dar la vuelta y hacer como si no lo hubiera oído llorar, y como si no hubiera oído nada en el bosque. Ya dentro, me senté a su lado, sobre la cama, y empezamos a hablar:
- ¿Por qué lloras? ¿Ha pasado algo?
- Ya te he dicho que no me apetece estar con nadie.
- Mira Pablo... No hace mucho que he entrado en casa ¿sabes? Y de camino hacia aquí he oído unos disparos en el bosque y he visto una sombra, así que preferiría que me contases tú lo que ha pasado... ¿Te han perseguido?
- ¿Qué? ¿Quieres decir que tú estabas allí?
- Sí, pero...
- ¿Lo has visto?
- ¿Ver el qué?
- ... Acabas de decirme que tú estabas en el bosque... ¿Qué es lo que has visto?
- He oído unos disparos... Dime, ¿qué ha pasado? Te encuentro muy nervioso... Mamá ha llamado a la policía. Estarán de camino.
- ¿Qué? ¿Va a venir la policía aquí?
- Pablo cuéntame lo que ha pasado con el que ha disparado...
- El que ha disparado he sido yo.
- ¿Qué? ¿Estás loco?
- ¡Era todo un juego...! Pero ahora resulta que es real...
- ¿Un juego y llevabas una pistola?
- La pistola no es mía, es de Juan.
- ¿Quién es Juan?
- De todos modos se marcha mañana, ya no lo vas a conocer...
- No puedo creerlo... ¿Qué clase de juego llevabais entre manos?
- ¡Sólo queríamos asustar a la mujer de la tienda de la esquina! Nos divertía pensar en verla gritar como un juego... Un simple juego...
- ¿Pero...?
- Pero la pistola estaba cargada y no lo sabíamos...
- No puedo creer eso.
- ¡Es la verdad! Por favor... Créeme. La pistola no sé de donde la sacaría Juan, pero la idea no era matarla, de verdad...
- ¿Te das cuenta de lo que has hecho?¿Por qué has tenido que empezar ese “juego”? ¿Te das cuenta de que si te descubren, tu futuro cambiará para siempre? Además, esa señora era muy buena con todo el mundo...
- Lo sé... Pero no se lo cuentes a nadie... – me miraba con mucha dulzura y miedo al mismo tiempo. Yo era la única que había estado en el lugar de los hechos y la que podría delatarlo, a él, al único chico que he amado en mi vida... - Hazlo por lo que fue, por favor Julia...
Pablo y yo tuvimos una aventura de amor preciosa, pero según nuestros padres éramos hermanos y aunque jamás se enteraron de lo nuestro, sentían algo cuando nos mirábamos, debe de ser por eso por lo que nos recordaban constantemente lo que éramos el uno del otro, pese a que a él lo habían adoptado cuando yo tenía ocho años. Desde ese mismo instante me enamoré de él.
- Lo haré por ti, porque sabes lo que siento, - contesté.
No tardaron mucho en venir los policías a casa y mi madre me llamó para que saliera a hablar con ellos. Yo sabía lo que tenía que decir, únicamente lo que le había dicho yo a mi madre antes de saber la verdad, justo cuando había entrado por la puerta tan nerviosa, así qué respiré hondo, le di un beso a Pablo en la mejilla y le dije:
- No te preocupes de nada, - y salí a atenderlos.
Después me pidieron que les acompañase a comisaría para interrogarme sobre lo que había visto, pero yo no iba a contar más de lo que les dijo mi madre por teléfono cuando los llamó.
- Creo que estamos perdiendo el tiempo, señor. La adolescente no sabe nada más. Ha repetido lo mismo de varias formas y seguimos igual. No hay testigos señor González.
- Sigo pensando que nos oculta algo... ¡no puede decirnos que vio una sombra y luego que no vio a nadie!
- Con el debido respeto, señor, en la oscuridad es muy difícil saber lo que se ve. La chica lo está pasando mal, la veo afectada... Lo mejor es que la dejemos ir a su casa a descansar. Por mucho que nos duela, no podemos sacar más detalles del hecho.
Mientras hablaban, yo no paraba de llorar, y supuestamente no estaba escuchando su conversación pero aunque estuvieran a mi espalda y con un tono suave de voz, cada palabra pronunciada inevitablemente era escuchada...
- Niña vamos a dejar que te vayas, pero si recuerdas algo, por mínimo que sea, te sugiero que vengas a contárnoslo, nos sería de gran ayuda.
- Descuiden, lo haré. Siento no poder darles mas detalle.
- Más lo sentimos nosotros. Buenas noches, - y el comisario me abrió la puerta dejándome paso para que me marchara. Su compañero se encargó de llevarme a casa con los míos...
- Buenas noches señorita, y siento mucho el mal rato que te hemos hecho pasar, - aquel policía se portó muy bien conmigo, me pareció una bella persona de las que hablan con el corazón, aunque estuviera trabajando y su obligación fuera ser tan duro como su jefe.
- No importa, les entiendo. Esto es algo muy delicado.
- Así es. Descansa e intenta desconectar de todo esto. Sé que nos has sido sincera así qué tendremos que dejar el caso hasta que el asesino vuelva a actuar, si lo hace; espero que a la próxima vez el testigo nos ayude a delatar a la persona del crimen. Encantado de haberte conocido y buenas noches de nuevo.
Al llegar a casa sentí que me había quitado un gran peso de encima. Todo lo hice por él. Por el chico que siempre amaré aunque no podamos estar juntos.
Cuando llegué, mi madre enseguida me abrazó, al igual que mi padre. Pablo seguía en su habitación, en el mismo lugar donde lo había dejado. Esta vez no fui a verlo, y me metí en mi habitación. Comencé a ponerme nerviosa porque sabía que tarde o temprano él iba a entrar. De hecho, no terminé aún de prepararme la cama para mecerme en ella cuando llamó a la puerta:
- Adelante Pablo...
- ¿Cómo sabías que era yo? – me dijo sonriendo mientras entraba a mi cuarto. Por un momento me hizo pensar que iba a actuar conmigo como si no hubiera pasado nada.
- Sé perfectamente cuando estás cerca... – murmuré mientras me sentaba en la cama. Seguidamente, él también se sentó a mi lado, me cogió la mano y me dijo:
- Julia quiero darte las gracias por no haber dicho la verdad... Sé que te hice mucho daño cuando estuvimos juntos y podías haberte vengado; pero no lo has hecho...
- Te equivocas. El daño no me lo hiciste cuando estuvimos juntos, sino que me lo estás haciendo después, porque me enamoraste de ti sin quererlo y ahora tengo que verte todos los días en mi casa... Me robaste besos que no debí darte y me negaste abrazos cuando yo sentía dártelos... De todos modos sabes que siempre voy a estar de tu parte, a pesar de que compartas tu vida con otra chica y yo sólo forme parte de tu pasado... Lástima que ese pasado no sea tu presente diario como lo es para mí...
- ¿Quieres decir que lo recuerdas?
- ¿Aún lo dudas? No dejo de pensar en tus besos, en mis quince años hasta los dieciocho compartidos contigo, tus palabras de niño enamorado aunque sólo actuaras... Y en lo desgraciada que soy con mis veinte años y mi sentimiento prohibido y callado hacia mi hermano.
- Julia, yo...
- No quiero que digas nada, ni que te justifiques... No tienes la culpa de lo que pasó. La he tenido yo por tomarme en serio un juego de crios, eso es todo.
- Sólo iba a decirte que yo jamás actué. Yo también te he querido como tú lo haces, e incluso todavía lo hago pero lo nuestro no puede ser, así que tenemos que olvidarnos de todo aquello... – sus palabras me hicieron llorar - ...Perdóname... Lo siento, y muchas gracias. Lo que has hecho por mí no lo olvidaré nunca.
- Yo tampoco, de eso estoy segura... – y le abracé muy fuerte.
Desde entonces no hemos vuelto a comentar nada sobre aquel asesinato ni sobre nuestro amor, lo único que sé es que si volviera a matar, volvería a taparle como lo hice, porque sigo igual de enamorada de Pablo, mi hermano adoptivo, como antes, ese que ahora con sus treinta años comparte piso con su novia de siempre, trabaja en el lugar de siempre, y aquel atentado no le hizo dejar de ser el de siempre, ni para mi, ni para nadie. Irremediablemente le quiero, y si hubiera confesado, si le hubiera delatado, entonces sería yo la que hubiera cometido el delito.
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