Como la vida que nace en el silencio con el primer suspiro del hombre, que siempre tiene una mujer como testigo aprisionando un nombre entre sus labios, hoy en el extremo inverso, quizás el último, el alma se destroza porque no puede aceptar cuanto significa la palabra consecuencia.
Es que el horizonte esconde la adormecida luz de las palabras, porque hoy sólo la miseria no tiene ausencias, el árbol desnudo, las flores sin pétalos, y el cauce del río seco mostrando las heridas tuyas, que envidias el ayer detenido en un tiempo inexistente.
Sólo el recuerdo dibuja los verdes de los campos sembrados, los tonos dorados del trigo florecido, el blanco de la orquídea y el esmeralda hermoso de un lago, que en este momento, antes de morir, dibuja su agonía.
¿Dónde existirá el milagro?
¿En el insomnio que nos destruye, al final de un suspiro, o en la nostalgia que nos inunda?
¿Y si fuera en una esperanza, Madre Tierra?
Te amo.
Isabel |