De carteros y sonrisas forzadas
Hoy caminaba por calles raras, asi de raras como un cartero conoce cuando nadie le abre la puerta, porque son las 9:30 de la mañana, hay un viento que parte la tierra, perros que molestan, y chicas que te miran por la ventana y se piensan que uno se divierte con la tierra que vuela. Caminando por esas calles que ya mencioné, mientras pienso en otros caminos... calurosos, con tierra pero sin viento, con risas y algunas cuantas lágrimas, que se secan en la cara a 40º C.
Vi varias miradas en estos dias, algunas me gustaron y las guardé en el bolsillo para verlas más adelante, otras me inquietaron, otras me entristecieron más que ninguna cosa que hasta ahora haya visto. Canté muchas canciones, y recité versos que se me iban ocurriendo a medida que les daba vida; también me reí solo (total estaba solo), y fui mil personas a la vez (total nadie me podía censurar), me imaginé muchas reacciones de muchas personas, y discutí con ellas en mi mente.
Repartiendo papeles molestos por la playa, vi una casa con un perro, con una computadora y varias luces. Y sobre ese escritorio una chica linda, que salió a recibirme, como si trajera buenas noticias.
- There're no good news today - le dije en mi mente, y sonreí cortesmente.
- No problem, just take my hand and let's dance - dije ella en su mente, pero no lo pensó, ni lo dijo.
Me fui silbando bajito, a buscar más conversaciones imaginarias.
Más tarde, otro día, seguía mi camino bajo el sol, y me topé con otra sonrisa, un poco forzada, pero no me importó (-Al menos es una sonrisa- me dije-). Y yo también jugué al papel de tipo educado, que sabe conversar y ser sociable (aunque no sea educado, no sepa conversar ni menos cumplir con los requisitos de ser sociable). Me salió mal, y esa sonrisa forzada se dio cuenta, pero no hirió mis sentimientos con verdades.
Fueron segundos, quizás 2 minutos, y yo seguí por la otra cuadra. |