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«EL CONSULTORIO SENTIMENTAL DEL DR. SOUBELET»
¡¡¡Ta taaaaaaaaaaaa!!!!
«EL CONSULTORIO SENTIMENTAL DEL DR. SOUBELET»
Sí, amigos, lo prometido es deuda. A continuación la sección esperada por todos. Ustedes nos envían sus dudas a
guillermosoubelet@gmail.com
y el mismísimo Dr. Soubelet les responderá a sus casillas de e-mail (además de publicarlas en esta parte del blog). ¡Y gratis! ¡Vamos! ¡¿Qué esperan, malditos neuróticos?!
PREGUNTA: Doctor Soubelet, me dirijo a usted por dos razones. Una que es la única persona en que confío pueda solucionar mi problema. Y otra porque es gratis. Con mi mujer estamos tremendamente preocupados. Días atrás, mientras guardaba la ropa recién planchada en el placard de mi hijo de 17 años, mi esposa encontró, medio escondidas, unas medias negras de mujer, bombachitas y un portaligas. Claro, mi hijo trae a casa a una chica __ su novia, dice __ y se encierran en su cuarto. Obviamente que pensé que se encerraban para tener relaciones sexuales. Y si bien la cosa no me gustó, le confieso que sentí cierto orgullo de que mi pibe se bajara a semejante minón (y que, encima, la potra usara semejantes prendas). Sin embargo, días atrás (y ya no en forma casual, ya que a raíz de lo que le acabo de contar en su ausencia solemos revisar su placard y sus cajones) hallamos, también escondidas, revistas pornográficas de homosexualidad masculina (y hasta un corpiño que hacía tiempo le había desaparecido y por cuya desaparición estuvo a punto de despedir a la mucama). ¿Usted, como profesional, qué opina, doctor?
RESPUESTA: Que su hijo es flor de puto.
PREGUNTA: Estimado Dr. Soubelet, hace ya un tiempo que mi esposa tiene ciertas actitudes que me hacen sospechar que no es tan franca conmigo como siempre quise creer. De un tiempo a esta parte, dos o tres veces por semana el teléfono suena una sola vez y se corta. Invariablemente al ratito ella dice: «Ya vuelvo» y agarra la bolsa del mercado (pero no sin antes cambiarse. Usted ya sabe: vestidos ajustados de lycra, minifaldas escandalosas y todo eso). Le aclaro, aunque sé que es innecesario, que cuando va conmigo a hacer las compras lo hace vestida así nomás, de entrecasa. Además, cuando regresa de éstas salidas «al mercado» (nunca tarda menos de dos horas) trae en la bolsa solo dos o tres pavadas, como si hubiera comprado algo para disimular. ¿Qué me aconseja?
RESPUESTA: Que le esconda la bolsa del mercado.
PREGUNTA: Me impulsa a consultarle la extrema seriedad que manifiesta en sus respuestas. Siempre tuve una duda: ¿una mujer puede quedar embarazada de un animal, por ejemplo de un perro (un ovejero alemán)?
RESPUESTA: Mi pequeño pimpollo, no se ofenda, pero me parece que usted es flor de degenerada.
PREGUNTA: ¿Hasta qué punto se debe ser permisivo con nuestra esposa? Mi mujer siempre fue una mujer muy caliente. Todo lo no convencional la excita. Ya sabe: atarnos, hacerlo en lugares poco frecuentes, esas cosas. Y no me quejo. La cuestión es que de un tiempo a ésta parte empezó con que la calentaba que yo me pusiera su lencería. Me molestó, claro, pero obvio que si no accedía tendría un problema (porque es brava). Bueno, ahora se encaprichó con que quiere sacarme fotos así vestido mientras tenemos sexo. ¿Hasta cuando debo acceder a sus caprichos?
RESPUESTA: El día en que usted llegue a su casa y se encuentre con que su esposa está reunida con sus amigas y, entre carcajadas, se van pasando las fotos, habrá llegado el momento de decir basta.
PREGUNTA: Vea lo que me pasa. No soy marica ni nada por el estilo. Sin embargo de un tiempo a ésta parte siento gran atracción por los penes. No, no se ría, que no me contradigo. Sé que no soy trolo, ya que el diccionario explica que un homosexual es aquél que se siente atraído por personas de su mismo sexo. Y no es mi caso ya que la sola idea de besar a un tipo me da ganas de vomitar. Y no solo eso: las mujeres me calientan… casi tanto como una buena poronga. ¡Si hasta me masturbo imaginando que chupo un enorme y caliente pene! Quisiera concretar mi fantasía, pero el solo hecho de saber que mientras la esté chupando voy a estar mirando a un hombre todo peludo me enfría y asquea. ¿Qué hago?
RESPUESTA: Chúpela con los ojos cerrados.
PREGUNTA: Dr. Soubelet, le ruego que me conteste a mí antes que a los demás. Total: ¿ellos qué saben? Estoy embarazada de cuatro meses, pero no quiero tener un hijo. ¿Qué puedo hacer?
RESPUESTA: Rece para tener una hija.
PREGUNTA: Dr. Soubelet: me vinculé a través de una web de Contactos para Solos y Solas con un desconocido que, según lo que dice en el Messenger, es un verdadero caballero, cosa que me atrae mucho. Se auto describe como un soltero romántico amante de realizar largas caminatas por el Jardín Zoológico los fines de semana. Ese detalle fue el que me convenció de que es un romántico en busca de nuevo amor. ¿Usted qué opina?
RESPUESTA: Que ese detalle fue el que me convenció que ese tipo es separado y padre de uno o varios niños a los que debe sacar los fines de semana. Y que está a la pesca de un poco de joda, además.
PREGUNTA: Vea, a mí me encanta estar desnudo. Y trato de andar así la mayor cantidad de tiempo posible. ¿Puede hacerme mal esta costumbre?
RESPUESTA: Depende de la estación. Si anda desnudo en invierno puede terminar en cana. Si anda desnudo en Estación Retiro puede terminar en cana.
PREGUNTA: Mi novio me insiste y me insiste y me insiste con que le entregue la colita. Pero a mí me da miedo de que me duela mucho. Cuando se lo digo se enoja y me asegura que no duele. ¿Sólo trata de engañarme, no?
RESPUESTA: Su novio le dice la verdad. A él no le va a doler nada.
PREGUNTA: ¿Realmente existen tratamientos confiables para alargar el pene? No quisiera que piense que soy un obsesivo con el tema, pero me he documentado y mucho. Tanto en revistas como por Internet. También he gastado mucho dinero en diversas consultas con sexólogos. Y la verdad es que unos aseguran que sí y otros que no. También es cierto que los periódicos y las revistas nos bombardean a diario con infinidad de publicidades de productos para tales fines. ¿Cuál es la verdad?
RESPUESTA: La verdad es que usted la tiene así de chiquitita.
PREGUNTA: ¿Es cierto o es un mito que los negros las tienen más largas?
RESPUESTA: Minga de mito. Eso no es ningún secreto. Basta con que preste atención a cualquier fotografía en la que se encuentre un blanco junto a un negro para que compruebe que los negros tienen las piernas mucho más largas.
PREGUNTA: ¿Es posible que a estos patéticos jirones de efímera luz que brindan algunos escasos chispazos de pasión se reduzca la felicidad humana?
RESPUESTA: ¡Qué sé yo!
PREGUNTA: Estimado Dr. Soubelet, soy una mujer de treinta y cinco años, recientemente separada y con ganas de divertirme un poco. De manera que ahora voy a bailar, concurro a esos bares frecuentados por gente soltera y, como tengo puesto un espiral, cuando las cosas se dan no me resisto a que los desconocidos me lleven a la cama (nunca menos de cuatro veces por semana). Jamás comento mi vida privada a mis compañeras de trabajo porque creo que son todas unas anticuadas y no me comprenderían. ¿Usted cree que hago mal en tratar de ingresar nuevamente al mundo de los solteros tal y como son las cosas hoy en día?
RESPUESTA: ¡PUTA! ¡Uy, perdón! ¡Usted es bastante jodona, eh!
PREGUNTA: Lo consulto porque tengo entendido que usted responde a cualquier pregunta de índole sexual (y la verdad es que soy vergonzoso y no sabría a quién preguntarle). Tengo una duda acerca del sexo oral, una práctica que me apasiona. ¿Cómo se escribe, felatio, fellatio, felattio o fellattio?
RESPUESTA: Mire, en mi caso, mientras me la efectúe una señorita diestra en tales lides, me da igual que sea culta o analfabeta.
PREGUNTA: ¡Doctor Soubelet, estoy desesperado! ¡Mi esposa me descubrió justo cuando me garchaba a la perra! ¡¿Qué le digo ahora?!
RESPUESTA: En estos casos siempre es preferible que caigan las máscaras y decir la verdad. Háblele con tranquilidad. Explíquele que es cierto. Que la engañó durante todo éste tiempo. Que en realidad usted está casado con esa señora que entró.
PREGUNTA: Soy un hombre grande que vive sólo. Y aunque ya pasé largamente los sesenta todavía sigo con ganas de divertirme. Francamente, para el levante callejero no me da la cara, temo hacer el ridículo. Por eso pensé que lo más práctico y expeditivo sería vincularme con alguna mujer por medio de los salones de Chat Erótico de Internet. Y claro, al principio va todo bien, pero cuando me preguntan la edad inmediatamente desaparece todo interés y me mandan a hacer gárgaras. ¿Cómo hago?
RESPUESTA: Es sencillo: una vez con el líquido en la boca tira la cabeza para atrás y hace: ¡AAAAGGGJJJHHH!
PREGUNTA: Doctor Soubelet, soy una atractiva mujer de treinta y dos años. Soltera por propia voluntad. Soy bella culta e inteligente. No es pedantería, es un hecho. De más está decirle que los hombres me acosan como moscardones. Y de más está también decirle que una mujer como yo pretende mucho más que un moscardón junto a ella. El problema es justamente ese: permanentemente se me pegan hombres con quienes salgo para divertirme pero que enseguida quieren darle al asunto un cariz formal y cuando les digo que ni loca, se ofenden. ¿Cómo hago para que comprendan de inmediato que solo consideraré la posibilidad de encarar una relación seria, con visión de futuro, cuando encuentre lo que yo considero mi hombre ideal?
RESPUESTA: Fácil: ni bien se le acerque por la calle algún señor a preguntarle la hora o dónde queda determinada calle, usted le responde (de corrido y sin dejarse interrumpir) que no se confunda, que usted no es ninguna regalada y que tenga bien claro que sólo entregará el tujecito al hombre de su vida: aquél que sepa ser fuerte y suave a la vez. Que sea alto, imponente, pero que sepa ser tierno también. Que sepa enamorarla con sorpresitas inesperadas: flores, bombones, ropa, algún viajecito. Que sepa lograr que «usted» viva siempre pendiente de él (también intentando sorprenderlo: llevándole el desayuno a la cama luego de hacer la fechoría, esperándolo en casa con lencería y la mesa puesta y velas, en penumbras. Que sea un hombre siempre dispuesto «a hacerlo», pero sin llegar a ser un baboso. Que sepa hacerla sentir una mujer deseada. Que sepa ser mimoso primero, apasionado luego y tierno después. Que regrese del trabajo feliz de reencontrarse con usted (y no hecho un trapo). Que no sea quejoso ni machista. Que sepa hablarle de las cosas que a usted le interesan, y no sólo de lo que leyó en el diario o lo que pasó ese día en la oficina. Que tenga prestancia y carácter. Que sea seguro de sí mismo, firme, con ambiciones, a la vez que juguetón, compinche y divertido. Que sea buen mozo. Que los hombres lo envidien y respeten y las mujeres lo admiren y deseen. Que sepa cuando tratarla con dulzura, cuando con pasión, cuando con comprensión, cuando dejarla en paz… y que también sepa cuando ponerle límites (sin convertirse en un tirano). Que sea independiente emocional y económicamente. Que sepa ser educado y culto, pero que también disfrute de los deportes al aire libre con otros hombres. Que sea bondadoso, nada amarrete, que no ronque, y, por supuesto, que sea limpio y gentil.
Ya verá, amiga, que si deja las cosas claras de entrada los hombres no insistirán y la dejarán sola en su búsqueda del hombre ideal. Eso sí: bastante sola la dejarán (sea cual fuere el resultado de su búsqueda). Fíjese: si no lo encuentra, se pasará los mejores años de su vida en busca de un ideal para quedar, para quedar, finalmente, vieja, solterona y más sola que una perra. Si en cambio tiene la suerte de encontrar a un hombre tan maravilloso… dudo que un tipo como ese le de pelota a una hinchapelotas como usted. Sí, ya sé lo que está pensando. Pero no cuente conmigo. El próximo fin de semana viene a casa Angelina Jolie.
PREGUNTA: Doc, no sé si me recuerda. Hace ya tiempo le escribí que tenía 16 años y que había tenido una experiencia sexual con un chico de mi edad. Si era para preocuparme. Usted me respondió que no, que no me preocupara. Que aquello, a mi edad, era normal. Más adelante volví a escribirle. Le confesé que lo había engañado. Que en realidad las experiencias habían sido varias. Cuando publicó aquella segunda carta volvió a asegurarme (aunque sin tanto énfasis como la primera vez) que no me preocupara. Que aún así seguían siendo experiencias normales en un chico adolescente que su despertar sexual lo llevaran a vivir este tipo de experiencias. Hoy vuelvo a escribirle. Debo confesarle que en aquella segunda carta también lo engañé. Las experiencias con tipos de mi mismo sexo fueron bastante más que varias. En realidad, todos los fines de semana. Es más, ha conocido infinidad de hombres en los baños públicos de las estaciones de tren. Y también debo sincerarme en otra cosa. Cuando le dije que tenía 16 años también lo engañé. Tengo 43. A pesar de todo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿lo mío es para preocuparme? ¿Seré puto, nomás?
RESPUESTA: ¿Recuerda cuando le dije que no tenía que preocuparse? Bueno: lo engañé.
Texto de EstatuaconEpilepsia agregado el 27-02-2008. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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