II
Ella pensó que el nunca la pondría entre la espada y la pared.
Cada vez que estaban uno frente al otro,
Todo era de sublime color y aroma,
Nada hacia suponer que uno de los dos quisiera al fin descubrir el velo
Y ver la realidad tras esa tan confusa ilusión.
El dio el primer paso, y ella retrocedió dos,
Nunca alcanzaban La distancia necesaria
para desentrañar los secretos de una mirada perdida.
El la beso y ella se deshizo en llanto,
el callo de rodillas, condenado bajo la hoja afilada del fin.
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