IV
Podría verla partir, con el adiós entre los dedos de su mano abierta,
pero que sentido tendría para mi,
Si desde que la vi por primera vez, nunca estuvo entre nosotros.
Todo cuanto se de ella, es lo suficiente para saber que nunca podría olvidarla.
Acaso se deja un amigo, solo, en la necesidad?
Aunque su necesidad siempre fuera, la soledad.
Nada me aviso su mal, nunca vi una sombra sobre sus ojos,
Solo una tristeza infinita y el despecho del propio amor deshojado
ahora una lagrima roda por esa mejilla esquiva,
y no puedo reconocer lo vivido,
ni aguantar las ganas de reírme de la vida,
adelantándome a la fiesta, llegando sin invitación a los preparativos,
arruinando la sorpresa del mismísimo celebrado.
Un cóctel de pastillas adolescentes, la vida fugaz,
Que se nos queda atrapada en el cuerpo,
Un adiós sin palabras, un fin sin comienzo.
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