La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - daywaskya - 'LA OTRA.'


LA OTRA.

LA OTRA.





Se despertó convencida de que por alguna razón ya no era ella. Y pensó que si ya no era ella entonces cómo podía saber que no era la misma persona que estaba sintiendo ese absurdo extravío de dualidad. Sumida en una oscuridad total y apenas orientada en la habitación, ya sentada en la cama, pensó confusamente que tenía que haber una explicación a tal desvarío. Pensó también que quizá se trataba de un momento de un sueño del que no había despertado completamente o que tal vez era un instante de locura. Recordó que alguien le había dicho que la conciencia de ser era una sola y que en ella no cabían al unisono la razón y el desvarío. Le dijeron: “Tú no eres tú sin la individualidad de tu noción de ser, porque el ser y el estar no son posibles sin una verdadera conciencia de uno mismo. La muerte es la pérdida de todo conocimiento de que se es”. Eso le dijeron, pero, de escuchar y entender lo escuchado, a vivir una experiencia de ello el camino es muy largo. Y sin lugar a dudas que por la misma razón de ese argumento la situación en que se encontraba no tenía lógica alguna, toda una paradoja, porque era ella la única que tendría que saber lo que podía ser en ese instante o lo que pudo haber sido con anterioridad. De lo contrario no era nadie y tan sólo sería una sombra de alguien que imaginó haber existido de otra manera y como otra persona. Y no tenía explicación dentro de ella porque a pesar de sentirse y saber que ya no era la misma, no podía reconocer qué fue lo que había dejado de ser. Sin embargo, sí, y se repetía, ya no era lo que había sido, lo sentía hasta lo más profundo, pero eso no explicaba nada porque esa situación era absurda al ser ella misma quien tuviera que determinar su verdadera identificación. Toda una confusión con el mayor sentir de haber perdido lo más preciado. Convencida de que lo entendería todo si se miraba en el espejo se puso de pié y se dirigió inquisitiva y por instinto a la peinadora, escudriñando las tinieblas de la habitación, moviéndose como si fuese un fantasma. Por un momento sintió miedo de lo que pudiese encontrar ante sus ojos. Pero avanzó. Parada derechita frente al gran mueble, mirándose extrañamente en el espejo al saber que no disponía de una luz que le iluminase algo, podía sin embargo ver una imagen con la juventud de sus nuevos ojos negros y la elegancia de su porte femenino. Y podía admirarse también del brillo de aquel pelo ondulado que hasta hacía poco no tenía. Los labios gruesos y sensuales, como dibujados en su cara, ni se parecían a los suyos pero sin saber porqué le hacían renacer un vago y remoto recuerdo. Su cutis era limpio y como de seda y el cuello fino, delineado y sin marca alguna. Pero entonces, ¿cómo podía saber que no era ella si no fuese ella misma quien estuviese mirando hacia esa imagen? Cuando se alejó del espejo para examinarse completa, se vio con un cuerpo firme y hermoso y pudo sentir y adivinar que aquella boca suya tendría que ser dueña de un gran atractivo que llamaría la atención en cualquier sitio. Bajó la vista para fijarse en las manos. Y pudo ver que las mismas tenían la piel suave y tersa, sin venas brotadas, sin manchas, con las uñas perfectas y pulidas sobre un color coral rojizo. Y más increíble aún, a pesar de haberse despertado una milésima de segundo antes, se fijó mejor y se admiró de que estaba vestida completamente de blanco y casi cubierta de lirios. Cuando levantó la mirada y pudo por un instante contemplarse de nuevo reflejada en el espejo, vio que desde allí la estaba mirando, absurdamente, con los ojos cerrados y sin vida, la imagen espectral y casi en los huesos de una anciana que ya tampoco era ni remotamente lo que había sido.




Texto de daywaskya agregado el 03-03-2008.
La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net