El sueño del laberinto
Por la mañana Jorge ya ni le preguntaba si había tenido otra vez ese sueño, bastaba con mirarle la cara. El sueño del laberinto la acosaba desde la infancia, en él se veía corriendo por corredores estrechos, oscuros y malolientes, buscando en vano una salida hacia la luz.
Alba sabía que si continuaba de esa manera tendría que decidirse a pedir ayuda a un profesional. El sueño conseguía turbarla durante días. Sentía un gran vacío interior que el amor de su esposo y de sus hijos no conseguían colmar .
Hubiera deseado ser creyente, poder aferrarse a una religión que la orientara, pero,huérfana desde los cinco años, había sido criada por parientes ateos que, a pesar de haberla rodeado de atenciones y cariño,no le habían dado el apoyo de una fe. El sueño reflejaba su necesidad de encontrar algo en que creer.
Poco tiempo después de asistir con una amiga a una conferencia sobre astrología, pensó en la posibilidad de encontrar en su mapa astral la respuesta a su problema.
-Tiene que llenar el formulario con todos los datos, le dijo la astróloga.
-¿Qué datos?
-Los personales…,los más importantes son la fecha y hora del nacimiento. Mucha gente la ignora, pero es fundamental para lograr un mapa exacto.
–Entonces tengo suerte…me llamaron Alba porque nací a las cuatro de la madrugada.
Dos semanas más tarde Alba tenía en sus manos un mapa que venía acompañado por un extenso análisis de su carácter y de las influencias a que estaba sujeto su signo zodiacal, según los movimientos de las constelaciones.
Desde que lo tuvo en su poder, se ciñó estrictamente a esas indicaciones. Consultaba el Horóscopo con el fanatismo de un neófito y amoldaba sus actividades según a lo previsto por los astros.
Estudiando los hechos más importantes de su vida, constató que en el día que había aceptado la propuesta de matrimonio de Jorge, los signos de ambos confluían inmejorablemente y no podía negar que su unión había sido un éxito. También pudo saber que el dia del accidente de aviación sufrido por sus padres, Marte y Saturno se hallaban en una conjunción nefasta.
Al cabo de cinco años, Alba había encontrado el equilibrio y su acato a las previsiones del Horóscopo le procuraba los elementos de fe que tanto necesitaba. El sueño no se repitió.
Cierta vez fue a visitarla una tía que vivía en Sidney. El accidente de sus padres había ocurrido al regresar de Australia. Alba recibió con alegría a la pariente. Era la persona que había visto a sus padres por última vez.
La anciana llegó cargada de regalos para Jorge y para ella y los niños. A Alba le entregó además, un viejo cuaderno.
-Tu mamá, pobrecita, lo olvidó en casa, lo tuve guardado todo este tiempo, quise traértelo. Es su diario, te pertenece. Alba esperó estar a solas para leerlo.
El diario comenzaba pocos meses antes de conocer al que sería su esposo.Relataba la emoción del primer encuentro, la alegría del noviazgo y del casamiento…unas páginas más allá, describía la felicidad que el nacimiento de la hija le había procurado. Las hojas amarillentas se humedecían a medida que Alba avanzaba en la lectura.
La madre escribía :”4 de junio- desde ayer soy madre de una bebita sana y hermosa a quien llamaremos Alba porque nació al amanecer. Lo único que lamento es que Darío no haya podido estar aquí”.
Alba cerró por un momento el cuaderno para volverlo a abrir, releer las últimas frases y cerrarlo nuevamente.
Su madre se equivocaba, ella no había nacido en junio. En sus documentos figuraba claramente la fecha : 4 de septiembre. Continuó la lectura. Supo que su padre, que era marino, la había conocido sólo cuando ella tenía tres meses.
Leyó en el diario:
“6 de septiembre. Darío llegó . Está tan encantado con la nena, que ni se enojó al enterarse que aún no la anoté en el registro civil. Él lo hizo sin pérdida de tiempo. Hubiera tenido que pagar una multa por el atraso, de manera que la inscribió como si hubiera nacido antes de ayer.
¡La hizo tres meses más joven! Cuando sea grande nos lo agradecerá!”
Alba cerró el cuaderno violentamente, respiraba con dificultad, lo que acababa de leer la había desconcertado.
Se sentía burlada por sus propios padres y un vendaval de frustración y rabia arrasó su fe en los vaticinios del Horóscopo y la recondujo al oscuro laberinto.
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