Por alguna extraña razón siempre la Isla de Pascua fascino mi alma. No sabía de su existencia. Siendo un adolescente entre a Chile por el sur, y llegue hasta Santiago. Al llegar a Valparaíso me entere en el puerto de un Barco, el Baquedano, que llevaba abarrotes a la isla. También viajaba LAN Chile, pero era sumamente caro y había solo un vuelo semanal, El barco, si bien duraba mas el viaje permitía llegar ver y volver. Un pequeño trastorno impidió lo que era de suyo la gran aventura: conocer la Isla de Pascuas. Volví desde Santiago de Chile hasta las Cuevas, en mi país jurando que algún día volvería para cumplir con mi deseo. Forme una de las bibliotecas latinoamericanas más importantes sobre bibliografía de la isla. Hasta una compilación de la Música de Rapa Nuí, pero diversas situaciones hicieron que el viaje se fuera tornando en una nueva visión de los misterios, que en si mismo encierra la isla. Como los Moaí, el Pájaro Manutara o los Cava Cava que representan a los orejas largas, y hacen a la historia y leyenda de la isla, y cuya veracidad damos por cierta, aunque solo nos llegue de oídas para probarla. Por lo tanto eso tan cercano y palpable como lo es el Ombligo del Mundo, es tan lejano e inentendible como nuestra propia vida. Por lo tanto me acostumbre a vivir pensando que jamás pisaría ese territorio que amo y conocí por las lecturas y estudios de terceros. Los Moaí volcados y sin extraer agarrados en la boca del volcán Rano Raraku. La isla sin un árbol, y los Moaís con sus sombreros puestos por el hombre moderno mirando al mar sin que sepamos porque lo hacen. Mi sangre, y a la par mi emoción con que narro esto, fluye con el mismo misterio de la cercana y a la vez tan lejana Isla de Pascuas. De esta maravillosa y cruel isla, como la vida misma, poco a poco, aprendí que debería convivir con sus misterios. A además de saber de su existencia jamás la pisaría, y que tan cercana, persistentemente cercana y, se podría decir, hasta incorporada a uno mismo en el pensamiento cotidiano, jamás podría ser comprendida. No por ello dejan de fascinarme sus esculturas y sus desolados paisajes agitados por los vientos del mar. Ahora libre ya de la pesadilla de la juventud lozana, mi mente puede volar como el hombre pájaro o pájaro Manutára por las embravecidas aguas del pacifico en busca del huevo primordial y origen de la vida. |