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Inicio / Cuenteros Locales / nattu_ / La habitación del teatro

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:340906]

Todo se encuentra a oscuras, el silencio domina la habitación. El olor a humedad de las paredes penetra en el lugar.
De repente, un hombre entra en el cuarto, con una sonrisa en el rostro: el espectáculo ha finalizado. Enciende la luz y cuidadosamente coloca una marioneta en una de las tantas sillas que se encuentran en la habitación. Todo se ve claro ahora. El hombre sale de la sala mientras se escucha el rechinar del viejo suelo de madera y cierra la puerta que se encuentra toda arañada por dentro.
La marioneta tiene las proporciones de una persona. Es una dama, vestida con un elegante vestido color púrpura, cabellos castaños, largos y recogidos con un listón del mismo color que el vestido, de donde caen unos bucles. Lleva zapatos de tacón negros y su delicada cara maquillada en exceso.
La expresión de su rostro refleja una sonrisa, mas dentro de ella se esconde un sufrimiento que sólo puede cubrirlo la pintura. La verdad es que aquella marioneta no es de madera sino una persona real. Los clavos incrustados en sus hombros, muñecas y cabeza y los hilos atados a ella sólo son un detalle. La droga que corre por sus venas le impide moverse o realizar el más mínimo gesto. No está muerta, pero tampoco consciente.
Su hermano mayor la controla, la manipula, la utiliza como marioneta para sus espectáculos, mas no sólo a ella controla; también el resto de su familia padece esta terrible suerte.

El hombre regresa una a una el resto de las marionetas al interior de la habitación. Sus caras maquilladas y pintadas yacen apoyadas en las sillas. El hombre sale de la habitación y cierra la puerta con llave.
Su nombre es Jack. Se gana la vida trabajando con marionetas. Es alto, con una postura algo encorvada; sus cabellos negros y despeinados esconden unos ojos color del cielo, delgado, con la piel blanca casi pegada a los huesos y facciones pequeñas y finas. Lleva puesta una camisa blanca de vestir y unos pantalones negros con mocasines. Ha tenido una niñez oscura y llena de secretos: se nota en su forma de hablar y en su cara. Un rostro triste, lleno de malos recuerdos que todavía no se han olvidado. Una voz baja y una sonrisa forzada cada vez que intentan hacerlo sonreír.
Jack charla con un hombre fuera de la habitación. Este hombre, Frederic, es un viejo amigo suyo que acaba de presenciar la obra de marionetas. Le ha encantado, cree que hasta ahora ha sido la mejor que ha expuesto su amigo.
-La mejor obra que he visto. La mujer vestida de púrpura y de cabellos castaños ha sido muy ingeniosa. ¿Quién iba a pensar que ella fuese quien mató al conde?- dijo maravillado.
Acto seguido, Frederic invita a Jack a una fiesta organizada en su honor. Él acepta con desgano y busca el saco que dejó en el teatro.
Llegan a la fiesta y todos abren paso al creador de tan maravillosa obra de marionetas. El lugar parece un palacio: el techo alto como el cielo, las paredes pintadas tan detalladamente con figuras de ángeles, ventanales inmensos y un gran espacio para bailar. Todos aplauden. Jack esboza una pequeña sonrisa y se dirige al bar.
Frederic lo sigue y le dice:
-Jack, no puedes actuar así. No disfrutas de la vida, andas siempre callado, encerrado en esa habitación donde Dios vaya a saber que haces ya que nunca sales.- dice en tono de preocupación -Te he traído aquí para que te despejes un poco, abras tu mente y te alejes de tu trabajo al que tanto tiempo dedicas.
Jack lo mira y antes de que pueda decir algo, su amigo lo interrumpe:
-Antes de que continúes, quiero que conozcas a mi prometida, Catherine. Ella es hija del conde de Kingston- dice con una sonrisa en su rostro, que demuestra que aquella muchacha es la adecuada para él.
En aquel momento la niña se muestra frente a Jack y lo saluda tendiéndole su mano. Jack la saluda, se presenta y en aquel momento el tiempo se detiene para él; una luz hermosa sale de los ojos de Catherine.
El cabello oscuro, los ojos verdes profundos y forma elegante de vestir, joyas de alto valor colgando de su delicado cuello y de sus perfectas manos. De mediana estatura, delgada y de piel delicada y blanca que ciegan al indefenso muchacho y lo hacen caer rápidamente ante su belleza.
Toda la noche Jack se desvela pensando en la prometida de Frederic: no quiere arrebatársela pero tampoco desea callar, sufriendo más de lo que ya sufrió. Toda la noche observa cómo ellos bailan sonriéndose y felices.
Al terminar la fiesta, la música finaliza y las luces se apagan. Jack observa como Catherine le riñe por alguna razón a Frederic y sale apresurada del lugar rumbo a su casa, la cual no queda lejos de allí.
A los minutos, una estrepitosa lluvia sorprende a la ciudad de Londres.
Catherine lamentando no llevar un paraguas consigo, comienza a caminar más rápido, levantando el largo vestido con sus delicadas manos.
De repente, escucha pasos detrás suyo y la idea de que pudieran estar siguiéndola la pone nerviosa. Apresurando el paso aún más y cada vez más nerviosa, escucha cómo los pasos también apresuran su ritmo. Desesperada ante la situación, sin saber qué hacer, si voltear, correr o mantener la calma, comienza a correr. La persona que la persigue avanza cada vez más rápidamente hasta alcanzarla, posando la mano sobre su hombro. Catherine lanza un grito y dobla en un callejón sin salida. Al resbalarse en el piso mojado, pierde ventaja y no logra volver a la calle: está atrapada.
Empapada y herida ante la caída, se levanta lentamente.
-¡¿Qué quieres de mí?! ¡¿Por qué me persigues?!- dice temerosa y sin aliento al mismo tiempo.
-Te quiero a ti- responde Jack, el acechador, tranquilamente.
-¡Eres un demente, déjame en paz, aléjate!- grita desesperadamente.
Jack, al ver que no existe la más mínima oportunidad para un joven como él ante una chica como Catherine, decide convertirla en marioneta, el único mundo donde se siente a salvo. La golpea en la cabeza y cae desmayada en sus brazos.
Al llegar a la habitación del teatro, coloca a Catherine en una silla delicadamente y le inyecta una droga en su cuello que le impida moverse. Quita sus prendas de princesa cuidadosamente de su figura y las guarda en un armario de roble. Pinta su cara como hizo con el resto de sus marionetas hasta hacerla parecer una muñeca de porcelana.
Con un clavo y un martillo comienza a incrustar en ella los clavos que la sostendrán en sus actos: primero en sus hombros, luego en sus muñecas y finalmente en su cabeza. Luego de limpiar la sangre que corría de sus heridas, ata cuidadosamente los hilos a los clavos y controla que estén firmes. Finalmente le coloca la ropa que utilizará en la obra y sale de la habitación como si nada hubiese pasado.
Después de meses de preparación se realiza el estreno de la nueva obra de marionetas: “El gran final” por Jack Wimble; al mismo tiempo que Frederic busca desesperadamente a Catherine, pensando que ella se ha alejado de él por la mínima pelea que tuvieron en algún tiempo atrás.
La obra resulta exitosa. Todos aplauden la maravillosa obra del titiritero Jack. Sólo una persona sale meditabunda del teatro: Frederic. Su obsesión con la desaparición de Catherine lo lleva ante Jack, a quien pregunta:
-¿Acaso tu nueva marioneta no es parecida a mi amada Catherine?-
-No, no es ella, si es lo que estás pensando. Yo no podría hacer algo como eso. Sólo es una marioneta que creé en tu honor- dice Jack nervioso.
-¿Me permitirías ver la marioneta? Así podría recordar a Catherine por unos momentos- dice casi en tono de súplica.
Jack le niega la entrada a su habitación. Frederic luego rogar insistentemente a Jack, se desespera y empuja la puerta con todas sus fuerzas hasta abrirla. Lo que observa en esa habitación lo sorprende tanto que su cara se torna blanca y se desmaya al instante, lo que permite a Jack transformar a su amigo en otra marioneta más.
Jack, ya con su familia, amigos y amor no correspondido transformados en marionetas, piensa que así no estará más solo en el mundo. Todo será paz y armonía para Jack.
-Ya todo está arreglado- dice Jack sintiéndose aliviado de un gran peso que cargaba desde niño.

En una habitación blanca, sobrecargada de luz, donde domina el silencio, se encuentra un hombre sentado en el suelo. Tiene los brazos amarrados por una banda de fuerza y está cubierto por una túnica blanca y descalzo. Se encuentra despeinado y con la cabeza baja, balbuceando algo.
Fuera de la habitación se escucha la conversación de la enfermera y un nuevo médico:
-Este es el paciente número 13, Jack Wimble- dice la enfermera.
-¿Cuál es su historia clínica?- pregunta el nuevo médico.
-Fue maltratado por sus padres de niño: lo encerraban en una habitación al fondo de la casa donde se encontraban las marionetas de su padre que era titiritero. El temía a ese cuarto, lo atemorizaba, es por eso que cada vez que lo arrastraban hasta ese cuarto y lo encerraban, Jack con sus uñas rasgaba la puerta y gritaba para poder salir. El resto de su vida construyó un teatro sobre aquella casa y allí quedó solo; todas las personas que lo rodeaban lo abandonaron - dice en tono de preocupación la enfermera.
-Va a ser un paciente difícil de remediar- dice el médico.
-Eso parece. Lo encontramos vagando por la calle hablando solo en un estado imposible de describir.-
-Espero poder hallar la fórmula para resolver sus conflictos y que olvide su pasado.- dice el médico.
-Le deseo suerte doctor ya que no creo que este paciente tenga cura alguna- dice finalmente la enfermera y se marcha por el largo pasillo blanco del manicomio donde los tacones de sus zapatos hacen eco al caminar.

Texto agregado el 05-03-2008, y leído por 18 visitantes. (0 votos)


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