No era habitual, pero el acuarísmo tiene en mi una actitud, excesiva, pues quiero la excelencia aun en un acuario domestico donde se que la fragilidad de pez es efímera. También se que el negocio se nutre de tontos como yo que quieren todo, que quieren de una manera expresar su pasión por el agua y los peces.
Me reencontré con el de una manera casual, una amiga me ofreció un gran pecera con una serie de implementos, así que fui con cara extrañada y conciente del gasto desde algún lugar no tratando de entrar en derroches. Así que la arme sobre la tapa del pozo del aljibe. Y le puse mojarritas ya que me pareció que las especies naturales están en mejores condiciones ambientales de soportar la intemperie, ya sea el calor extremo o el frío.
El jardín lucia radiante con el agua cristalina de la pecera recién armada y llena de pequeñas mojarras que compramos, de esas que se usan para carnada de los pescadores que van hacia el Paraná, pletorica de peces sentí ese viejo regocijo que me embarga ahora cuando veo las nuevas cosas que he creado y que voy cambiando todos los días. La idea de Permanencia en el cambio.
Pero en otro sentido el parque del fondo de casa ya lleno de gorriones, picaflores y zorzales, se empezó a llenar de pinzones que parándose al lado de la pecera, recogían la comida que estaba ofrecida a su antojo en el acuario. Poco a poco los hongos pues la canícula fue agobiante para esos días, y los pinzones fueron diezmando la población de peces.
Cuando observe el resultado pude darme cuenta que no las mojarras sino aquellas que denominamos madrecitas eran las mas aptas para soportar el cambio climático.
Cierto día, recorriendo la Feria de Pájaros de Pompeya en la ciudad Autónoma de Buenos Aires, puede ver que las madrecitas pequeñas eran el alimento de los cíclidos, es decir como carnada viva para peces mas grandes.
Compre dos bolsitas y volví a llenar la pecera, por ende volvieron los pinzones.
Hay contradicción de la contradicción, amo a los pinzones haciendo lo que hacen, abasteciéndose de lo que la naturaleza pone a su disposición y por otro me da pena cuando agotados los recursos de los peces los vidrios verdosos se hallan vacíos de toda vida animada.
Hoy pensaba esto, la contradicción entre la alegría del pinzón y los peces, y me di cuenta que en discurrir la vida imita la realidad.
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