Anoche mamá me bañó y me dijo que hoy tenía que ir al jardín. Desde hace un tiempo vienen diciéndome que iba tener que ir al colegio. El sábado me llevó papá a la peluquería, me sacaron el sillón ese grandote que tienen para la gente mas grande, para ponerme una silla con patas altas, como la que usaba cuando era bebe así alcanzaba la mesa. Me cortó bien cortito, mucho no me gusto, pero papa me dijo que tenía que ir así al colegio. Mamá me levantó mas temprano que todos los días, me dió un beso y me cambió, me puso unas medias blancas que las estiró hasta las rodillas, un pantalón corto anchito azul, una remera con el escudo del colegio, y me dijo que tenia que ir por dentro del pantalón, así que me la puso así, bien prolijita, parecía como que tenía mas pancita. Respiraba y contenía el aire, luego soltaba el aire mirándome la panza. Después me dijo que papá antes de irse al trabajo me dejo un tattin de dulce de leche, y me dio una bolsita cuadrille lila y blanca igual que mi delantal, puse allí también una toalla azul que bordo mi nombre en una punta mi abuela con letra de carta la noche anterior. Una taza de plástico azul también, para tomar el mate. Cerré la bolsita con un tira que ajustaba su boca y la agarré como si fuera los más preciado de mi vida. Luego me puso mamá el delantal, que tenía un bolsillo raro, por que podía tocarme las dos manos adentros, eran a ver como los canguros... ¿vieron ?así, y jugaba con eso, pero mamá me dijo que no haga más que arrugaba el delantal. Me acuerdo que fuimos caminado esa mañana, y don Pepé del almacén me dio un beso, igual que su esposa que me regalo caramelos. Cuando llegamos al colegio, todos los chicos vestidos igual que yo, y las nenas con el mismo delantal y bolsita pero rosa. Paso solo un rato mientras miraba los árboles que tan altos me parecían, me distraje en unos pájaros que jugaban entre las ramas. Después la señorita pidió silencio con una hoja en la mano, y empezó a nombrar a los chicos por sus nombres, mamá ya me había dicho que solo estaría un rato no más, que ella me esperaría afuera, que no me preocupe, que ella estaría esperándome. Papá también me dijo que a esa hora el en su trabajo pensaría en mi, para que no llore. Sentí mi nombre y mi mamá se arrodillo me acomodo el cuello redondo del pintor cuadrille y me beso. La mire, me reí y me fui adentro. Allí me acomodo una ayudante de la señorita, en una mesa petisa que tenía sillas bajitas a mi altura, laminadas en distintos colores, estaba con tres varones y dos nenas. Traté de mirar afuera pero mi mamá ya no estaba, puse mi bolsita en la mesa, y nos miramos extraños con los compañeritos de mesa. Cuando terminó de pasar el último compañerito, se cerró la puerta como si fuera para siempre, dude en llorar pero me las aguante, otros lloraban por mí. Me tapé los oídos, hasta que vi a una compañerita de la mesa que lloraba, me acerqué con mi bolsita, saqué mi toalla azul con mi nombre y se la di, después le dije si quería mi alfajor, que le daba la mitad, se calmo, y me agarró el tatín, esperé la mitad pero no me lo dio nunca, pero no importa mi papá me había dicho que no había que ser mezquino, así que le abrí su bolsita y me comí sus vainillas. Después fui a mi silla, me saqué mis medias, las hice un bollito y las coloqué en mis zapatillas blancas de lona. Las puse en la mesa y sobre ella me dormí. No se cuanto paso pero mi mama me despertó y ya estaban todas las mamas adentro. Me beso, me pregunto si estaba bien, yo apoye mi cachete en las zapas y le dije con voz medio ronca que tenía sueño si ya nos íbamos, ella me miró con los ojos con luz y me dijo que si, que mañana volveríamos. Le conté que me dormí pensando en ella y papá.
Supongo yo que estos son los recuerdos que no se van, y echan raíces, y se fortifican para toda la vida. Un día es nuestro primer día de clases, otro el primer día como novios, el primer día en el trabajo, el primer día como padres, siempre habrá un primer día, pero aquel el de nuestra niñez guarda la inocencia, el amor de nuestros padres, el saber que se nos habré un mundo, pero que no nos importa por que allá afuera están nuestros padres. Con las rodillitas gorditas y negras caminamos nuestra vida, las piernitas se nos estiran y se nos limpian, pero aquel primer día jamás cambiara. Por delante de aquel día se sucedió mi vida todo lo que me acuerdo, empecé a vivir.
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