Un hombre pinta su casa de amarillo e invita a varios amigos para que la vean. Todos parecen aprobar el color elegido, menos uno que en cierto momento le dice al oído: “El amarillo abre el apetito”. El hombre, que es gordo y toda su vida ha estado a dieta, capta el mensaje.
Al otro día se pone a pintar de azul su casa y al terminar llama a sus amigos. La mayoría mueve afirmativamente la cabeza, excepto uno que, tomándolo del brazo y llevándolo aparte, le dice: “El azul produce melancolía”. El hombre, depresivo con tendencias suicidas, recién recuperado de una crisis, acepta la sugestión.
Al día siguiente pinta de verde su casa e invita nuevamente a sus amigos. Estos se muestran complacidos de su decisión, pero ahora es otro el que le comenta en corto: “El verde despierta la libido”. El hombre, que durante años ha practicado el celibato de manera religiosa, agradece de igual forma la información.
Esa misma noche decide pintar de blanco su casa. Al mediodía convoca nuevamente al grupo y todos están muy contentos con lo hecho. Cuando ya se despiden, un tercero le pasa una tarjeta al estrecharle la mano. El hombre se queda solo y lee: “El blanco provoca accesos de locura”. Piensa por un momento en lo que eso significa, pero está tan fatigado que no tarda en desechar la advertencia. Cierra la puerta tras de sí; está cansado, sobre todo, de sus amigos.
Dos días después la cara del hombre está en los periódicos. En la imagen a blanco y negro, su rostro es atravesado por una sonrisa de gato Chessire; el flashazo ha borrado el iris de sus ojos; su tamaño, las manos a la espalda, esposado, su postura. Delirante.
La nota da cuenta de lo hecho por este loco el día de ayer por la tarde, cuando invitó a un grupo de amigos (no se sabe con qué excusa) y, en un ataque que no se ha podido explicar a cabalidad, los asesinó a todos con saña enfermiza, dejando irreconocibles hasta los huesos de los tres infortunados, y conservando las cabezas, la cuales colocó en estacas que clavó en su jardín delantero, apuntando hacia donde él pintaba de rojo las paredes de su casa, con la sangre de las víctimas. Los vecinos, quienes dieron parte a las autoridades, han declarado que el hombre era muy tímido, inseguro…
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