El gallo
Apretó con fuerza el cuello, estirando los tendones para retorcer el dolor por dentro. Algo gimió en sus manos mientras en su mente echaba un montón de polvos al recuerdo oscuro de su historia para borrarlo. Sabía bien como hacerlo, su madre se lo había enseñado cuando era niña. No le pertenecía más, a pesar de los nueves meses de inclemente espera, no era de nadie, ni era nada. Sintió el movimiento brusco de la muerte, un aleteo apenas aprendido. Sonrió apretujando todavía el dolor….
…bajo el sol enardecido del día, el gallo le miraba desde lejos, encerrado en el corral.
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