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Inicio / Cuenteros Locales / EstatuaconEpilepsia / «DE FANTASMAS, ESPÍRITUS Y APARECIDOS»

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«DE FANTASMAS, ESPÍRITUS Y APARECIDOS»

GUILLERMO SOUBELET

Tenía una novia que se llamaba Ariadna.

Ella, como muchas mujeres, estaba convencida de la existencia de una cantidad de cosas encantadoras… pero intangibles e indemostrables. La religión, la vida extraterrestre, el aura, los duendes, los amuletos, el tarot, los ángeles, la astrología, la reencarnación y la existencia de fantasmas, espíritus y aparecidos. Yo sonreía y seguía con mi vida. Pero a ella no le alcanzaba con creer. Por alguna razón, estaba obstinada en que yo también creyera en esas cosas. Así era ella. Pero, convencido como estoy de que hay que tomar a las personas como son (pues no hay otras) yo trataba de congraciarme con ella; pues la amaba (y además tenía lindos pechos). En realidad, y aunque ella nunca llegó a saberlo, yo deseaba creer con todo mi corazón en aquellas maravillas. La vida, sin lugar a dudas, me parecía mucho más acogedora y maravillosa si todas esas cosas mágicas fueran reales. Pero Ariadna tenía la fortuna de seguir siendo una niña; yo, en cambio, era un adulto. Es decir: había cometido la idiotéz de entregar toda la sabiduría de la niñéz a cambio de este estúpido escepticismo de adulto (y una vez realizado el canje no se aceptan reclamos ni devoluciones). Así, y con miras a que ella fuera feliz, yo leía todo lo que mi novia me traía sobre esos temas. A veces se sentaba en el suelo y me leía en voz alta cosas como la siguiente:
«Hace 30 años el físico Donald Wright calculó el peso y la densidad de los fantasmas. Llegó a la conclusión que dichos valores son (preparate) mil billonésimos DE UN BILLONÉSIMO de gramo. La cosa es que estas simpáticas criaturas del «Más Allá» tengan la costumbre de atravesar paredes le permitiò al científico (apoyándose en las definiciones de la mecánica cuántica) calcular la levedad de los espíritus. Y llegó a la conclusión de que con una mínima ráfaga de luz, podés echarlos de la Vía Láctea (sí, parece demasiado, ya sé, pero eso asegura el tipo). Asegura el doctor Wright __ seguía leyéndome Ariadna con los ojos encendidos __ que al ser tan livianos una mínima presión de fotones sobre su etéreo cuerpo empujaría inmediatamente al fantasma fuera de nuestra realidad. Quizá sea por eso que solo aparecen de noche»
Yo soy un agnóstico absoluto. Pero siempre me han intrigado las personas que creen en El Más Allá, en otra vida y esas cosas. Viven como si estuvieran acumulando millas de vuelo para un viaje de ida al Más Allá. Sin embargo, siempre me interesé por estar al tanto de los artículos sobre este tipo de temas que tanto interesaban a mi querida novia, esa mujer extraordinaria, destilación de razas, de siglos y de culturas, quintaesencia depurada que lleva sobre sus espaldas las alas de todos los Ideales y en los párpados los besos de todos los Cielos. Llegué a leer incluso las interminables obras del doctor Stevenson __ destacadísimo profesor de psiquiatría de la universidad de Virginia, USA __ que se especializó en el tema de la reencarnación. Stevenson ha reunido más de dos mil ejemplos de niños con recuerdos de vidas anteriores, es decir: muestras supuestamente irrefutables (el «supuestamente» fue por mi cuenta) de la existencia de la reencarnación. Niños que, inexplicablemente, conocen a la perfección actividades de adultos (en el campo de la medicina, la música, las ciencias u otros conocimientos así). De acuerdo con Stevenson (quiero insistir sobre el «de acuerdo con Stevenson») muchos de éstos niños habían aterrado y desconcertado a sus familias exhibiendo xenoglosia (la capacidad de hablar a la perfección uno o más idiomas extranjeros con los cuales jamás estuvieron en contacto). Pero Ariadna, a pesar del nombre, no era en absoluto una muchachita tonta. Y se daba cuenta de que yo leía mucho, sí, pero no creía. «No puedes creer en un zombie, a menos que hayas visto a ese zombie»

Entonces un día __ y sin ser invitado __ llegó mi cumpleaños.
Ariadna no podía pasar la noche en casa conmigo (como yo hubiese esperado) pues debía quedarse estudiando en la suya con un grupete de compañeras de facultad, ya que a la mañana siguiente debían rendir un examen aterrador ante una mesa de docentes del estilo inmisericorde (como se sabe, los profesores que disfrutan de aplazar a los alumnos __ al igual que los señores que se peinan con jopo __ son todos cornudos; aunque no es en éste cuento que desarrollaré mi tesis).
Como sea, esa mañana (y para compensar no pernoctar en mi cama) mi bellísima novia se presentó en mi casa con su regalo. Me quedé estupefacto: había pagado una suma irresponsable para que yo formara parte de un fin de semana grupal en una casa de campo en la que se aseguraba vivía un fantasma (o un espíritu, o un aparecido… en fin, no entiendo la diferencia, la que sabe de esas cosas es Ariadna. Pregúntenle a ella). Pensé en señalarle que, en realidad, yo esperaba un par de zapatillas Nike’s Air, pero me abstuve. Y esa misma noche partí rumbo al campo para ver al fantasma (para mí era lo mismo que ir a buscar pájaros dodo o pterodáctilos) junto a un grupo mixto conformado por personas de lo más simpáticas, todas fervorosamente convencidas de la existencia de espíritus y fantasmas. Excepto yo, todos aseguraban haber vivido experiencias personales con aparecidos.
¿Estuvieron en el campo alguna vez? ¿A que no? Yo nunca lo había hecho: en el campo de noche hace mucho frío. Tanto, que una vez en la casa los ánimos fueron menguando (a tal punto que juzgamos oportuno combatir la disminución de nuestra temperatura por medio de copiosas libaciones de viejo calvados). En el campo, cuando uno hace sobremesa a la noche, ¿de qué hablar sino de aparecidos? Entonces, hablamos de aparecidos. Y todos nos aterramos con las estremecedoras experiencias relatadas por todos y cada uno de los componentes del grupo. Yo, como imaginarán, me sentí un tanto desplazado (y un aletazo de envidia me rozó el alma) por no tener mi propia experiencia con espíritus. Finalmente los dueños de casa dieron comienzo a una serie de relatos acerca del fantasma que vivía en aquella casa y que por las noches, a medianoche para ser más precisos, se dejaba oír en el cuartito de arriba, el que está con llave y nunca se abría. Las cocineras confirmaron con energía las palabras de los dueños de casa: muchas noches (siempre a medianoche) se oían ruidos de lo más extraños en el cuartito de arriba, el que está con llave y nunca se abría. Vino a mi cabeza la palabra «poltergeist» que deriva de dos palabras alemanas: un término folklórico, «polter» que significa «ruido». Y «geist» que significa «espíritu». Los poltergeist son, pues, literalmente, «espíritus ruidosos». Y, sean o no espíritus, al menos se manifiestan de múltiples y escandalosas formas: «ruidos misteriosos». Era obvio que cundía un pánico generalizado, tanto así, que los rostros de varios de mis compañeros de excursión dejaban bien a las claras que sus poseedores estaban considerando la idea de pasar la noche en cualquier casa menos en aquella.
__ Bueno __ dije resueltamente, dándome cuenta que había llegado mi momento de emparejar las cosas __ Yo no he tenido nunca la oportunidad de encontrarme con aparecidos. Señores: voy a dormir en el cuartito de arriba, el que está con llave y nunca se abre.
Grititos, algún desmayo quizá fingido, exclamaciones de terror, en fin, lo que siempre ocurre cuando alguien se obstina en dormir a solas en el cuartito de arriba, el que está con llave y nunca se abría. Finalmente, aunque a regañadientes y luego de hacerme firmar un dudoso documento en el cual se desligaban de toda responsabilidad por lo que pudiera ocurrirme ahí arriba, consintieron y me entregaron la llave. Subí la angosta escalera sintiendo todas las miradas clavadas en mi nuca, como si me apoyaran los picos de los paraguas. Una vez arriba, cerré la puerta, tendí mi cama y me acosté a leer. Era una habitación muy pequeña, casi idéntica en tamaño y mobiliario a la del famoso cuadro «Habitación de Van Gogh en Arlés», sólo que ésta (la que estaba siempre con llave y nunca se abría) estaba provista de una sola silla y no tenía ventanas.
Quizá fuera por mi condición de ser un novato en el tema en cuestión, o no sé porqué, pero el hecho de recibir en pijama a un aparecido, acaso distinguido, me pareció indigno de un gentleman, de modo que me vestí con mis mejores ropas a la espera del momento crucial. Eran las doce menos cuarto de la noche.
Pronto dio la medianoche.
Las últimas vibraciones del decimosegundo gong del reloj de abajo resonaban aún en la noche silenciosa cuando un espantoso toc toc en la puerta me hizo sobresaltar. No sé si a uno se le paran las orejas; pero sí sé que las mías lo hicieron cuando escucharon los golpes en la puerta.
__ ¿Quién está ahí?
__ Soy el aparecido.
__ Ah, encantado, yo soy Guillermo. Tenga la amabilidad de entrar __ y, sin que la puerta se hubiera abierto, un ser incorpóreo desprovisto de toda sustancia, pero de apariencia inopinadamente humana, se encontraba ante mí. Quedé fascinado y con la mente en blanco, como dicen que quedan algunos animalitos ante la mirada de las serpientes. Como era la primera charla que yo tenía en mi vida con un fenómeno como aquél, me costaba iniciar una conversación informal (tanto más que aquél condenado fantasma me miraba fijo pero no decía ni pío).
__ Entonces… ¿así que es usted el famoso aparecido?
__ Sí.
__ Bueno… diga algo más __ el fantasma encogió sus hombros y dio al reflejo que usaba como fisonomía una expresión despreciativa:
__ Para ser vivo usted no lo es mucho. «Diga algo más» ¿Eso es lo mejor que se le ocurre una vez que tiene la excepcional oportunidad de hablar con alguien recién llegado del Más Allá?
Ese comentario me pareció muy sensato, y la verdad es que este fantasma me estaba cayendo simpático.
__ Tome asiento, se lo ruego __ dije, cediéndole la única silla y sentándome en la camita.
__ Muchas gracias, pero yo no me siento nunca. Usted comprenderá que nosotros, los aparecidos, no pesamos nada; así que nunca nos cansamos. El cansancio es cosa de la gravedad.
__ Eso debe ser bastante cómodo.
__ Muy cómodo, sí. Parado, sentado, acostado… todo es lo mismo para mí.
__ Entonces el espacio…
__ El espacio no existe para nosotros. Así como estoy aquí en este momento, si quisiera podría estar en París en cosa de segundos.
__ ¡Diablos! Esa inusual facilidad de locomoción debe permitirle hacer sus buenas economías.
__ Realmente es muy útil. Piense usted que los fantasmas no tenemos un centavo.
__ No lo había pensado.
__ Bueno, amigo, llegó mi hora de irme. Nuestras visitas son cortitas. Eso sí, le estoy muy agradecido por haber tenido la valentía de subir a dormir acá arriba solamente para conecerme. Le debo una...
__ Y justo termina mi cumpleaños. Pero no se me ocurre qué pedirle como regalo a un fantasma.
__ Ya le dije, no tengo un centavo.
__ ¿Sabe? Estoy muy emocionado por la experiencia que acabo de vivir. Como se imaginará, haberlo conocido a usted, a pesar de la brevedad de nuestra entrevista, será algo inolvidable. Pero la verdad es que todo se lo debo a mi novia Ariadna. De ella fue, y no mía, la idea de que yo pasara esta noche en este lugar. Entonces se me ocurre algo que usted podría hacer por mí. Ya que usted se desplaza con tanta soltura y libertad, ¿podría hacerme un pequeño favorcito?
__ Ya le dije que con mucho gusto.
__ Mi novia es fanática de todo lo referente a espíritus y fantasmas. Pero no le fue posible venir, debió quedarse en su casa a estudiar para un examen de mañana. Ella vive en la Capital de Buenos Aires, en una simpática casita situada en la calle Cuba 2357. ¿Podría usted llegarse hasta el lugar y hacerle una breve visita? Creo que se lo merece.
__ Un juego de niños. Voilà! __ y el aparecido desapareció. Tomé asiento en la silla y proseguí mi lectura en total tranquilidad. Ariadna merecía más que yo un encuentro con un fantasma. Por lo demás, conozco a mi novia y estoy muy seguro de ella y de su conducta. Es tan honorable como bella y me ama solo a mí.
Habrían pasado unos dos minutos cuando el fantasma reapareció:
__ ¿Y bien?
__ ¿Y bien? ¡Flor de atorranta su amiguita!
__ ¿Qué quiere usted insinuar?
__ Se lo diré de esta manera: usted está bastante pasado de copas, bueno: ¡comparado con su amiga usted solo ha bebido agua destilada!
__ No sea grosero, hágame el favor. Además, ella es abstemia.
__ ¿Abstemia? Está tan borracha que debe agarrarse las paredes para no caer, y en compañía de seis marineros recién bajados del barco que visten solo la gorra y el sable.
__ ¡Dios mío! ¿Y ella?
__ ¿Ella? No tiene sobre su lindo cuerpo más que veinticinco centavos de ropita.

Antes tenía una novia que se llamaba Ariadna. Ya no la tengo más.

Texto agregado el 10-03-2008, y leído por 107 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2008-03-12 22:59:27 fantastico!!! cuanta imaginación.... besos gabunchi
2008-03-12 11:56:45 mujeres !! te das cuenta ?no tiene paz! excelente relato. pasionylocur a
2008-03-12 04:04:47 jajajajajaja creer o reventar...me refiero a la fidelidad de nuestras parejas. ah si, puede que la frese tambien se ajuste a las cuestion sobrenatural. estrellitasssss MarMaga
2008-03-12 02:44:36 muy bueno, una muy simpática historia, pues saludos... me encanto plapla
2008-03-10 22:13:47 Fabuloso! Entre divertido e intrigante...te felicito. Un abrazo. galadrielle
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