Siempre era lo mismo. Se levantaban con el sol y se acostaban con la luna. Plantaban y recogían. Patatas, judias, lechuga, todo tipo de verdura. Y eso desayunaban, almorzaban y cenaban. Siempre igual. Los domingos pollo. Jamón rancio. La vaca hacía tiempo que se había muerto. Eran siete hermanos y Matias el pequeño, por eso decidió que en cuanto pudiera, se iría a la ciudad, donde decían que había trabajo y que se comía carne cada día. Además le dijeron que había guapas chicas. Así lo hizo, se despidió de sus padres y se fue a la ciudad, pero entonces estalló la guerra y fue enviado al frente, allí fue hecho prisionero y cuando salió, estaba lisiado y ya no podía trabajar. Encontró una mujer que le cuidó hasta el fin de sus días. De herencia le dejó una hija: mi madre. |