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el brazalete

-Buenos días.
Su voz grave y potente hacía vibrar la habitación.
-Buenos días- respondí
Hubo un silencio prolongado en el cual sus ojos se clavaban en mi atuendo y planeaban mi tortura.
-Te he citado aqui,- dijo finalmente- para que respondas honestamente cada una de mis preguntas. Entendido?
Trataria de hacerme confesar, pero yo sabía que no lograría nada.
Aquella reunión no era precisamente una cita acordada, sino un reclutamiento obligado.
-Entendido-dije secamente.
Antes de que comenzara a hablar, la puerta se abrió de un golpe y por ella entró una mujer bastante fea.
Su parecido con un camaleón era impresionante. Tenía los ojos mas grandes y saltones que yo había visto en mi vida, la piel reseca y verdosa que indicaba una seria enfermedad.
Se acercó al hombre con andares toscos y torpes, sin embargo su cuerpo delgado, casi famélico, le permitia pasar por entre las silla y mesas de la habitación.
Una vez frente a él no pude evitar notar el gran contraste que presentaban; él, alto, delgado, atractivo, imponente, y ella la mujer más fea y desgastada desde mi tía Muriel.
Susurró algo en su oido, él palideció y casi cae de la silla.
Cuando recuperó la compostura, tal vez cinco minutos despues, indicó a la mujer con un gesto hosco y agresivo que saliera, ella obedeció sin miramientos.
Antes de que se cerrara la puerta me aventó la pregunta:
-Bien, dime, ¿donde lo encontraste?
Era una pregunta más directa de la que esperaba, para la cual, lamentablemente, no tenía una respuesta planeada.
Si decía la verdad(en mi habitación, debajo de la cama), le sonaría muy estupido y no m creería, incluso a mi me sonaba bastante tonto simplemente al pensarlo; pero si me inventaba algo me arriesgaba a que la mentira se notara en mis ojos.
Teniendo en cuenta mi cobardía y mi falta de ingenio me decidí por lo primero que cruzó mi mente:
-Simplemente lo encontré, vino a mi.
Y era muy cierto, yo no lo busqué, apareció.
Sin embargo, él no pareció conforme. Esbozó una sonrisa burlona y repitió:
-¿Dónde lo encontraste?
-Mmm...
Una nueva interrupción me dio tiempo de planear mi respuesta,ésta vez fue el timbrazo del teléfono.
Se levantó de mala gana y se dirigió a la ultima mesa de la estancia, donde se encontraba el incesante aparato.
-Diga- contestó bruscamente.
Después no supe más, colgo de inmediato sin decir más.
Volvió a su sitio frente a mi esperando que la respuesta(ya planeada) saliera por mi propia voluntad, como dicha acción no ocurrió...
-¿Donde lo encontraste?
Me había planteado contestar, "En el bote de basura" (demasiado tonto, ¿porqué buscaría yo en el bote de basura?), "Enterrado" (¿acaso lo había buscado?, ¿no vino a mi?) sin nada mejor, dije:
-En la cancha de futbol.
Me miró receloso pero pareció conforme.
-¿Qué has hecho con el?-continuó.
¿Qué había hecho con él? Todo.
Disfruté sus virtudes y descubrí sus secretos.
-Nada,-dije tratando de sonar convincente,- no lo he tocado.
-Dámelo- ordenó.
No iba a darselo. En verdad había venido a mi, me había encontrado. Estaba seguro que era sólo para mi, él me había buscado.
No podía decir que no, no me dejarían en paz, y si decía que si,de todas formas no lograría estar tranquilo jamás.
El pensamiento de huir pasó fugaz, pero seriamente por mi mente.
El me miraba de una manera inquientante, como esperando la hora de devorar a su presa.
En un arranque de coraje, estupidez e ingenua valentía...




Texto de madix agregado el 13-03-2008.
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