Poema al sol.
Oscuro atardecer, amargo y desamparado.
Agua salada entre manos destrozadas, entre labios apretados, entre rostro enrojecido.
Canto hermoso de sirena que ensordece al ocaso.
Tibio el mar, que desemboca en tu boca, sabe a sal y huele a mal.
Sobre arena platicamos, sobre sueños caminamos y sobre agua nos amamos.
Miel y sal se combinan con el mal.
Negro y vacío el corazón.
Encuentro extraño, sin embargo, eterno. Con el tiempo amargo, con los años raro y con los siglos largo.
Hermoso atardecer, misterio para siempre.
Recuerdo opaco, vertiginoso y descontrolado, ahí quedarás, en el tiempo inmortalizado, en la memoria reflejado, en el cielo revelado, en tus labios encarnado, en los siglos navegando.
Gran retrato, contenido por el tiempo, en dos memorias retratado.
Al leer este poema, pensaré si el instante que pasó fue fantasía o realidad.
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