La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / EstatuaconEpilepsia / CASO 1: «HUMPHREY «SOUBELET» BOGART» en «¡TÓCALA DE NUEVO, SAM!»

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:342357]

«Prepárate amigo, porque estás a punto de leer otra
de aquellas viejas historias acerca del detective privado y pobre, que pasa sus días detrás de un destartalado escritorio, en su sucia oficina, esperando que se abra la puerta y aparezca ese cliente que le permita llegar a fin de mes»

«HUMPHREY «SOUBELET» BOGART»
en
«¡TÓCALA DE NUEVO, SAM!»

CASO 1

Texto y papel protagónico:
HUMPHREY «SOUBELET» BOGART

«Me ganaba __ miserablemente __ la vida atendiendo el teléfono y (seamos sinceros) limpiando la oficina de Roberto Paladino, un detective privado de cuarta. El porqué un detective privado de cuarta tomaría a alguien para que le atendiera el teléfono es algo que siempre me pregunté (pero que nunca le pregunté a él, para no perder el empleo).
Aquella mañana Paladino había partido en un viaje de un mes rumbo a un lugar el país de cuyo nombre no quiero acordarme. De modo que mi ya de por sí casi nulo trabajo, se vio reducido a esperar a ver si sonaba el teléfono (ya que no pensaba limpiar aquel antro hasta el día anterior a su regreso). Así que me instalé en su despacho __ bueno, es un modo de decir __ dispuesto a pasar el tiempo leyendo un divertidísmo cuento titulado «AGITE A SU MARIDO ANTES DE USARLO» de ese maestro de las letras, amante insaciable y «bon vivant» llamado Guillermo Soubelet. Pero al rato ya había terminado de leer esa joya literaria y una hora más tarde estaba tan aburrido que me puse a revisar distraídamente los cajones del escritorio. Casi no prestaba atención, los abría, miraba su contenido sin mayor interés, y volvía a cerrarlos de una patada. Sorprendentemente, en uno de los desordenados cajones encontré el revólver de mi jefe y su sobaquera. Sólo y aburrido como estaba, me puse mi impermeable, el sombrero de Paladino y la sobaquera y empecé a
hacerme el idiota frente al espejo. Desenfundaba y exclamaba, imitando la voz pastosa de Humphrey Bogart, cosas como; «Oie, nena, nada temas y acércate», o «¡Está bien, canalla, ha llegado tu turno! ¡BANG!» y, claro, también: «¡Tócala de nuevo, Sam!» Entonces se abrió la puerta y entró sin llamar una rubia que era lo más parecido a como quisieras que fuera tu compañerita de naufragio en la islita tropical y lo más opuesto a la imagen que seguramente tendrás de tu mami.
__ Señor Paladino, quiero contratar sus servicios __ fue al grano con voz decidida mientras se sentaba cruzando sus largas piernas. Era una hembra de entre veinticinco y treinta años, ojos azulados, piernas kilométricas (¿ya lo dije?) una boca comparada a la cual la de Mick Jagger es chiquita y, como si todo esto no fuera suficiente, el paquete incluía un par de tetas así de grandes.
__ El trabajo que quiero encargarle es algo… especial. Se supone que puedo confiar en su absoluta reserva __ naturalmente, pensé en decirle que no, que había una confusión de identidades, que Paladino no se encontraba en la ciudad… sin embargo, estupefacto, me escuché a mí mismo decir:
__ Dígame algo que no sepa. Si no fuera un trabajo especial en lugar de venir aquí hubieras acudido a la policía, muñeca __ acto seguido me eché el sombrero hacia atrás con un golpecito del dedo, puse los pies sobre el escritorio y comencé a jugar, haciendo girar el tambor del revólver __ Por lo de la reserva, descuida, nena, si así no fuera hace años que debería haber dejado este oficio.
__ Iré directo al asunto __ dijo, mientras sacaba un sobre de su cartera y me lo deslizaba por sobre el escritorio. Abrí el sobre. Había cinco fotografías __ ¿Conoce a alguna de esas mujeres? __ me preguntó. ¿Si las conocía? Todas ellas concurrían al mismo club que yo frecuentaba. ¡De hecho todas ellas eran amigas de mi esposa! Incluso __ y que no salga de acá __ algún tiempo atrás había tenido asuntitos con dos de ellas (soy un muchacho loco).
__ Sí, las conozco. Y, honestamente, creo que usted ya sabía eso antes de entrar aquí.
__ Desde luego que sí, señor Paladino. Y eso le facilitará el trabajo que pienso encargarle __ dijo, sin mirarme, mientras encendía un cigarrillo __ Dígame, Paladino, ¿se siente capaz de seducirlas?
__ ¿Seducirlas?
__ Sí, a las cinco.
__ Mire…. No creo. Ya son las tres y media.
__ Sé que usted y estas dos __ continuó, pasando por alto mi comentario __ no se resultan, digamos… indiferentes.
__ Francamente, muñeca, por su habilidad para las averiguaciones discretas, no parece necesitar un detective.
__ ¡No quiero que averigüe, quiero que se las coja! __ estalló.
__ ¿Y usted me va a pagar para que me lleve a la cama a semejantes…
__ Exacto. Pero deberá traerme fotografías. Sin fotos no habrá paga. Y pagaré contra entrega.
El típico chantaje, sólo que en lugar de contratar a un detective para que descubra al chantajista, se lo contrata para conseguir las pruebas para llevar a cabo el chantaje.
__ Escuche: ¿cómo cree que una mujer casada acepte ir a la cama con un desconocido y sacarse fotos que después las puedan meter en problemas? Pueden llegar a ser bastante putas, si así lo deciden, pero no imbéciles.
__ Ese es «su» problema. Le pagaré generosamente y en forma proporcional a lo… digamos variadas y perversas que sean las fotografías. Cuanto más desenfrenadas y desinhibidas sean las fotos, mayor será el pago __ sencillamente no podía creer que aquello estuviera ocurriéndome a mí __ Dígame, detective __ continuó __ en su trabajo debe conocer infinidad de mujeres hermosas, todas perdidas por usted. No lo niegue, lo veo todo el tiempo en las películas. A las mujeres con sangre en las venas nos resultan irresistibles los hombres como usted: aventureros, valientes, avasallantes… Por eso no creo que este trabajito que le estoy encargando le cueste el m´s mínimo esfuerzo…
__ Naturalmente…
__ ¿Diría usted que soy una mujer atractiva? __ dijo, sacando pecho, y tenía mucho para sacar __.
__ ¿Atractiva? Vamos… no juegue conmigo. Usted sabe que es mucho más que eso.
__ Sí. Creo que sí. Hablaré claro. No puedo pagarle con dinero. No lo tengo. Le pagaré de éste modo: haré con usted exactamente lo mismo que usted haga con esas putitas en las fotografías. Así que, cuanto más perversas sean las fotografías, más transgresores serán nuestros encuentros de sexo. Luego me llevaré las fotografías. ¿Acepta?
¿Si aceptaba? ¡Dios! Que esto me sucediera a mí (¡a mí!) lo más parecido a un renacuajo con parálisis infantil, era algo que… era como si… digamos era como si…
Tuve que interrumpir mis estúpidos pensamientos cuando la voz de aquella mujer me retrotrajo a la realidad:
__ ¿Qué dice, Paladino? ¿Acepta o no? Si no le interesa mi oferta, no tiene más que decirlo. Entonces buscaré algún otro detective, a la antigua, como los de aquellas películas, que esté dispuesto a ayudarme…
__ La cuestión es que acostumbro a cobrar un anticipo…
__Ni lo sueñe.
__ ¿Ni siquiera un cunnilingus?
__ Gáneselo. Aquí le dejo mi tarjeta con mi número de celular __ me clavó la mirada __ Espero su primer llamado __ dijo, y se marcho felinamente, cerrando con suavidad la puerta tras de sí.

¡Como que me llamo Guillermo Soubelet que no te me escapás, rubia! __ me prometí. Como Palino estaba de viaje, tenía vía libre para realizar el trabajito que me había sido encomendado.
Parafraseando a Freud: «¿Qué quieren las mujeres?» ¿Quién las entiende? No lo podía creer: las mimas hembras que poco tiempo atrás se me abrían de piernas como tijeras (y que quede bien claro que no por mi aspecto ni por mis dotes de seductor, que no tengo; sino, sencillamente, porque son como son (sobre todo entre ellas). Bueno, ahora, esas mismas, se hacían las escandalizadas. Que no. Que qué te pensaste que soy. Que acaso no sabés que estoy casada. Que andá a cagar.
En fin, no quiero aburrirlos con detalles lascivos (que sé que no les interesan); solo diré que tras mucho esfuerzo y tiempo (y dinero) el que persevera triunfa. Finalmente lo logré. Incluso con dos de ellas gané tiempo y dinero haciendo una cama de tres (no, no me admiren, no aplaudan: fue idea de ellas). Lo más difícil fue lo de las fotos. No sacárselas, ellas estaban encantadas, lo difícil fue quedármelas: ellas insistían en quedárselas como recuerdo.
Quince días más tarde, tras observar detenidamente cada una de las escabrosas fotografías, la rubia, vestida con un infartante corset negro con portaligas, se entregó a mis caprichos.
Háganme caso, amigos: nunca se casen con una rubia perversa. ¡Miren las cosas que tengo que hacer para poder llevar a la cama a mi propia esposa!»


¡No te pierdas el segundo caso!

«HUMPHREY “SOUBELET” BOGART»
en:
«EL CASO DEL PERVERSO POLIMORFO»
CASO 2

Texto agregado el 14-03-2008, y leído por 33 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2008-03-22 04:40:04 glorioso.....a ver el caso 2.... MarMaga
2008-03-15 19:44:51 Sobran los comentarios. 5* aprendi zdecuentero
2008-03-14 21:38:27 Final inesperado. Yo siempre pensé que era el mayordomo... Perdona, soy un viejo habituado a leer historias de misterio, clásicas, pero tus cuentos son impagables. zumm
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]