Con el dedo índice
Por: Eddy Grullon
Mientras hablaba todos lo miraban muy entusiasmados y meneaban el hombro mientras sacaban la lengua, y a la vez como que se la pasaban por la boca, así como saboreando la joven bonita, pero atrevida, ésta estaba ahí, parada desnuda, completamente desnuda como Dios la trajo al mundo; no tenía nada, estaba desnudita, pero con las piernas entre medio abiertas y medio cerrada, esto era de grabarse, era una charla nunca vista en toda la historia de la humanidad, la misma trataba sobre el terrorismo. Este hombre es un genio, tenían que ver esto, tenían que ver la atención que todos prestaban a esta charla ganadora de premios. “Atención, quiero que observen, la manera, la forma, y el estilo, que este tiene”.
Él hablaba, no callaba ni un sólo segundo, hablaba y hablaba con las manos y esta vez le abrió las piernas un poco más a la jovencita, Yo sólo escuche a uno que dijo: ohh, Dios, Dios que he hecho creo que me dará un infarto a esta edad. Creo que no estoy para este tipo de charla. Pero todo era muy extraño. Este señor que todos veíamos era todo un experto, mejor dicho, era todo un profesional, a lo mejor no sabría explicarlo. Pero todo lo hacía como si la joven fuera un objeto cualquiera, se le acercaba y le retorcía un poco el cuello y la tiraba para atrás. La pierna derecha la empujaba para la derecha, y la izquierda para la izquierda; bueno, a lo mejor no debiera escribir ni narrar esto, quizá es muy fuerte, para ser una obra”, pero…
Pero nada, nada, lo podía parar, El hombre seguía hablando y hablando sobre el terrorismo con la mano, y con el dedo índice en el órgano de la jovencita, él hablaba del terrorismo que vive Estado unidos.
No obstante todo esto que había comenzado como una pequeña charla, se convertiría en una gran charla, pues todo el lugar estaba repleto, lleno de gente de todas partes, venían de todas partes, de otras ciudades a escuchar la charla del terrorismo, todos querían ver hablar a este hombre flaco,
Incluso canales de televisión llegaron a gravarlo, también querían entrevistarlo cuando terminara, y seguían llegando gente por montones de todas partes. El parecía un gobierno, sí, eso creo, que había más gente que en un mitin de esos que preparan los políticos, hasta tenían que usar monoculares para verlo de tan lejos que estaban algunos, todos querían verlo hablar, todos querían oírlo, mirarlo, tanto a él como a la jovencita que lo acompañó.
Este hombre era increíble, explicaba, y explicaba, y ella ahí sentadita mirándolo a todos con la pierna entre media abierta, y desnuda en pelota como si nada fuera, es que era tan linda, tan linda, era una joya extraviada, solo miraba a los que la miraba con los ojazos que tenia, grandes, tan grandes. Mientras, el señor seguía señalando con su dedo índice todo los puntos clave del terrorismo, pero en su órgano sexual, en su vulva, pero todo a la vez era como un truco, mientras explicaba todos estaban con la oreja parada, algunos maniáticos tenían hasta la babita afuera. Bueno…
Pero no lo culpaba porque esta joven tenía no más de 15 años, estaba en su plena juventud, o desarrollo, bueno, lo demás me lo reservo. tan linda, imaginablemente linda, pero el señor seguía dando su explicación sobre el terrorismo en los Estados Unido, y como que le decía, donde era que estaba el mayor peligro, entonces ahí era que señalaba la parte intima de la joven, porque todo lo señalaba ahí, y con el dedo índice, decía: ahí, ahí es el problema ¡sí ahí es!, mucho cuidado señores no vallan a ese lugar, pero seguía hablando y hablaba, narraba su explicación sobre el terrorismo, él lo vivía amaba lo que hacía.
Recuerdo todavía algunas palabras de las que decía porque ustedes ven esa bomba que explotó en aquel edificio, fue hecha por un especialista, sí, miren aquí mi dedo índice. “OH dios…” - esta vez con el dedo índice señaló arriba o sea a lo que le llaman el monte de Venus de la mujer o como le llaman todos” . y decía: porque ustedes ven lo que sucedió en aquel otro edificio, eso también fue otro especialista, esta vez con el dedo índice en el labio derecho de la vulva de la joven, pero ahí era que estremecía al público, se pasaban la mano por la frente y saboreaban la joven.
Y seguía engrandeciéndose mientras hablaba y hablaba. Pero esto no era una charla de una hora, el tema era demasiado bueno, y hasta caro, sí muy caro, aquí es donde se utiliza un mapa humano, sí, un mapa humano, para discutir las ideas. Todo esto era fenomenal, cada vez llegaban más y más gente a escuchar el espectáculo del año, sobre el terrorismo, todos querían escucharlo, todos querían ver donde señalaba el dedo índice, muchos de esos viejos maniáticos hasta querían oler ese dedo ¡sí!... el maldito dedo índice del señor, les cuento que tocaba y tocaba sin guante alguno…
Hasta los ciegos resabiaban de dolor, en este caso por no tener la vista, pero aun así iban a escucharlo, es que solamente escuchaban, era grande, sí, muy grande, “Sólo imagínense esto”. Yo creía que era un sueño todo esto, pero no, era cierto, todo era cierto, estaba en primera fila, viendo escucharlo mi charla, y el señor volvía hablar y decía, ¿porque ustedes ven eso que sucedió con las torres gemelas? Eso fue provocado por el terrorismo, y nuevamente volvía con el dedo índice, ese, a señalar, y esta vez señaló los senos, y la vulva de la joven, la misma que estaba desnuda, desnudita, pero señaló como el largo de las torres, pero en este caso uso como ejemplo los senos y la vagina de la jovencita, decía como que ahí estaba el error, como que ahí fue el punto clave del ataque, decía como que los terroristas se concentraron mucho en el tamaño de las torres, entonces arrastraba el dedo índice por el tubo de dicho órgano (vulva).
Mientras hablaba todos seguían entusiasmados y meneaban el hombro mientras sacaban la lengua y a la vez como que se pasaban la lengua por los labios, sí ellos la saboreaban, saboreaban a la joven bonita y atrevida, pero la misma seguía ahí con las piernas entre medio abierta y medio cerrada solo imagínense esto, “solo imagínenselo” todo esto era de gravarse, este hombre es un genio, tenían que ver la atención que todos le prestaban a esta charla ganadora de premios.
Pero es que no solo era una charla sobre el terrorismo, era como una enseñanza,
Enseñanza, él todo lo explicadas, con el dedo, con el dedo índice, pero seguía hablando, él no callaba ni un sólo segundo hablaba y hablaba con las manos y esta vez le abrió un poco más las piernas. Yo sólo escuché a uno cuando dijo: ¡Ohh Dios, Dios Dios!… qué he hecho, creo que me dará un infarto, a esta edad no estoy para este tipo de charla. Pero es que el señor ya era un experto, Mejor dicho era todo un profesional, era que tenía algo nunca visto, era un señor extraño, muy extraño, tenía la cara enhuesada y era largo y muy flaco.
Y seguía hablando sobre el terrorismo en los Estado Unidos, pero todo lo hacía usando la jovencita como objeto, como si ella fuera un juguete cualquiera, él se le acerba y le movía un poco el cuello, y la tiraba para atrás, y le tiraba la pierna derecha para la derecha, y la izquierda para la izquierda, – bueno, a lo mejor no debiera escribirlo así pero…
Pero el señor demostró ser todo un profesional, no le daba importancia al publico, al gentío que tenía en frente, e incluso ni a la misma prensa, el sólo seguía hablando en el mismo lugar, y caminando con la mano, y hablaba en el mismo lugar, y seguía caminando, hablando y como apuntando con su dedo índice, y se meneaba mucho de aquí para halla y hablando del mismo tema, porque el terrorismo debemos combatirlo todos juntos para poder acabarlo, y con el dedo índice decía: ¿porque ustedes ven aquel carro bomba que estallo debajo de aquel puente?, eso también fue un terrorista, síí, fue una bomba echa por un especialista, - entonces fue a donde la jovencita, pero en este caso otra vez, señaló los senos, y la vulva, y la tomo de las manos, y se la puso de frente al público para luego dar las explicaciones, sobre cómo, y por qué sucedió tal accidente, era que la joven era su mapa, ella era su pizarra, y su dedo índice era la tiza, bueno.
Sí, tremenda tiza. Todos pensábamos mucho en ese dedo y lo veíamos, pero todos, todos estábamos concentrados en el maldito dedo índice de este loco, era que de este dependía la charla. Hasta llegue a pensar que tenía un misterio el dedo ese. Era un dedo duro, muy duro y siempre estaba duro, como un yeso, y como que siempre iba al punto exacto.
Pero el señor seguía hablando, él no se callaba en ningún momento, parecía una máquina, un robot, era que no parecía un hombre, sabía demasiado, este era un loco, un dotado. Su flaqueza lo decía todo, él era todo un científico de esos que son medio tuntún, loco. Tenía un pajón pero un pajón. Creo que le pasaban años y no visitaba un barbero.
Además, si hacemos una hipótesis, y pensamos bien así como pensarían los dioses, lo que hizo este señor para demostrar que su teoría sobre el terrorismo era cierta, en los Estados Unidos. Son cosas que ningún otro hombre nacido lo haría, porque no sólo calculó la atención de una gran multitud, sino que también calculó la atención a su explicación. Y todo, gracias a la joven que estaba desnuda, al mapa humano que tenía en sus manos.
Pero todos seguían ahí, como si fuera el principio, hablando y hablando del terrorismo en Estados Unido. Pero ella seguía igual, era toda una profesional, pero a otro nivel, la misma estaba desnuda en pelota, así como Eva en el jardín aquel. Pero lo único era que esta era una jovencita menor y era muy joven. Ella solo tenía quince años, pero era lógico esta muchachita era de muy lejos, era de otra ciudad, quizá de otro país.
Y así pasaban horas y horas y el señor seguía hablando, y mientras hablaba señalaba con el dedo índice los ovarios, y contaba historia sobre el terrorismo en los Estados Unidos. Entonces él se sentó al lado de ella, y la tocaba en todas partes, tomando en cuentas que las partes intimas de la joven era el punto clave para dicha explicación.
Pero ella seguía ahí, sentada al aire libre, dejándose ver como si nada fuera, ¿pero dónde estaba la vergüenza de esta jovencita? - decían algunos. Pero es que era tan linda que nadie decía nada, todo era lo contrario, había un silencio total y muy grande, muy grande, la voz del señor se escuchaba perfecta, y todos lo escuchaban como si fuera un Jesucristo, o lo escuchaban mejor que al mismo Mesías, todos lo miraban hablar con la mano y a la vez meneaba el dedo, porque era el dedo del señor desconocido que emocionaba a todos. Bueno, ya saben porque….
Entonces él tomaba agua, y empezaba a contar historias del terrorismo, y sobre especialistas suicidas, él hablaba de esos locos sin oficios, y a la vez arrastrando su dedo por toda la parte intima de la joven, sí, es que es un maniático - decían algunos. Pero este señor sólo hablaba, y hablaba, y punchaba en todos los puntos esenciales de la vulva de la jovencita de nombre Leonela. Pero todo, todo lo hacía, lo hacía con el dedo índice.
Fin
Santiago Rep. Dominicana
12 Marzo 2008
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