Te extrañamos tanto Amanda… ( confesiones de un esposo )
Es raro, al menos no es común, ¿viste cuando algo se desgarra de vos?, así me paso hoy. Y no es que yo esté pasando momentos oscuros, o por ahí tuve un sueño que inquietó o aceleró mi despertar, no fue así, al menos no recuerdo que fuese así. Sentí como que mi cara no se despabilaba tenia tenía la piel dura, me puse las chinelas de corderoy para el invierno, y fijate que hasta los pasos era como que los arrastraba. Me lavé la cara con agua tibia, y mis ojos no miraban, es lo que decimos todos cuando estamos distraídos tenia la mirada perdida, así me vi en el espejo. Pensé en vos, pero pensé en serio, con ganas de estar con vos, me dolió pensar así, y ahí donde digo que algo de mi se desgarro, sentí un adiós. Si digo un adiós y no un chau es por que el chau tiene en sí un nos vemos, o un te espero. Un adiós en cambio es frío, pero también es respetuoso, es decir acepto que te vayas y no haré nada por ello, te vas y te dejo ir. Un adiós además es como decir me despido de tu cotidianidad, si es que había una cotidianidad. Ya no es igual la vida sin vos, no es igual, y no me siento morir, no me siento débil, pero no serán iguales mis cosas. Me senté en mi viejo sillón donde tomo té con calma mientras busco toser mi mal humor. El frió era lamentable, pero ¿te acordas que reíamos tanto? No puedo creer por que hoy me pase esto, por que me siento así. Es vulgar e inapropiado decir “hicimos lo que pudimos” o un justificado “no se dio”, es una moneda muy barata para pagar este adiós, y sorbo el té, y bajo la mirada y te veo allí, en esa plaza otoñal cromada por hojas secas con tu polera negra que contrasta con tu cabello miel, te veo sonreír y sonrío sobre la taza de boca ancha, que parece a ver perpetuado el perfume de tu rouge y sin querer beso el borde tibio, y calmo mi risa por que siento que es el ultimo beso de porcelana, y se me anuda el estómago y el té me cae como un mazazo, dejo la taza por la mitad. Levanto la mirada, y veo el sol deshaciéndose en ese polvo que cae en partículas, y te encuentro allí, te veo llorar y las lagrimas caen sobre tu cachete blanco y carnoso, y me estremezco, y en un reflejo por pararme, la realidad me sienta por que quiero abrazarte y decirte, ya está no llores aquí estoy, entonces lloro por que ya no estas. Me levanto curvado en desazón y apoyo mi puño en la punta de la mesa y ensayo pequeños y tontos golpecitos. Y sé que todo terminó, y está bien que así sea, por que no todos los amores son para siempre, pero tampoco eso descalifica ni merma la historia, nuestra historia, el amor no se lo mide por cuanto duró si no por cuanto se amó, si es que alguien quiere medirlo. Regreso a mi sillón, y te veo, te veo en diez años, gentil y lúcida, plena como mujer, y orgulloso de vos, te veo con tus hijos, y con los míos. Y veo que me mirás entonces yo no puedo escapar, y te miro también, y me quedo atrapado allí, en silencio, y en esa plaza mientras el mundo transcurre y la gente pasa, nos comunicamos, no hay gestos más que nuestro pensamiento, cerramos los ojos conjuntamente, y conjuntamente los abrimos, y sonreímos leves, sin efusividad, con cariño. Entonces entiendo que es lo que hoy siento. Y otra vez una sonrisa. Y busco un sentimiento que no sea triste ni fervoroso, apreto mis pómulos pero no me devuelve nada. Sabemos que la vida es así, que se sucede mientras hay un adiós, que nada se congelara, que el tiempo camina un andar sin pausas, y que lo que sentimos dirá si las horas son cortas o largas. Me paro enérgico y me saco la bata de seda, y voy a mi pieza, allí te encuentro, casi lloro, y en mi soledad mascullo ánimo y me hago fuerte. Tiendo la cama y canto unos versos que roban mi atención. Ensayo un “no me importa nada” pero estás en el retrato cristalino y de marco de madera rubia, cuando la primavera nos atendía cobijándonos en sus perfumes de hace unos años. Me miraste en la foto y entendí que el día empezaba, y la vida continúa, y en el fervor de un adiós se impone un dichoso y alegre, fue un gusto, y allá nos veremos en tu nube, juntos con las dos semillas que germinamos un día. Se supone que debo ser fuerte ante ellos. Se supone pero te extrañamos tanto Amanda.
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