I
ESA ES LA LLAVE, NIÑA
¿Recuerdas qué te dije aquella tarde
en que lloraste tanto, largamente?
Te dije que buscaras tercamente
la luz que alumbra donde el amor arde.
Busca ahí la llave, niña. Esa es la llave
que abrirá el laberinto de tu vida.
Búscala, por favor, niña querida.
Busca el timón de tu perdida nave.
Yo ya no te veré. Seré pasado.
Alguien que transitó, muy casualmente,
un cruce de caminos encontrados.
Olvídate de mí. Halla al ausente
que acompañe tu andar desorientado
hasta encontrar un tiempo diferente.
II
DE LA PEQUEÑA NIÑA QUE NO ENCUENTRA EL CAMINO
Se enoja el corazón, la razón tira
razones que devienen mandamientos,
y tú, pequeña niña hecha de vientos,
confundes la verdad con la mentira.
Y no hay mentira, sabes. Hay tormento.
Cuestiones dolorosas de la vida.
Una cruz de caminos no querida
que cruzó nuestros tiempos un momento.
Y ahora lloras y lloras. Te molesta
tener que hallar del círculo la puerta.
La llave, niña, deberá ser puesta
en quien pueda encontrar entre tus muchas
dudas respuesta a la quizá más cierta:
¿Y quién me va a escuchar si tú no escuchas?
III
TIEMPO DE PAGAR MIS DEUDAS CON LA PEQUEÑA NÑA
Tu vos, desde el pasado, inesperada:
¿Y quién me va a escuchar si tu no escuchas?
Un año ha transcurrido, y aún son muchas
mis deudas por pagar, pequeña amada.
Deudas por no saber como enseñarte
que el fondo circular tiene salidas,
y que su llave lleva resumidas
tus dudas, mis certezas, y algún arte.
Más, y a pesar de todo, aún debo darte
explicación por idas y venidas:
no es que intente trazar punto y aparte;
(mi corazón se lame las heridas),
pero no encuentro el modo de ayudarte,
ni tengo yo las llaves prometidas.
De "Trompos Azules" 2001
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