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El trauma de Romeo
El trauma de Romeo / José Julio Llanas
Hace mucho que no escribo, pero lo haré mientras te espero. Quisiera que éste fuera mi último cuento. Después del pacto que hicimos ya no tengo ánimos para escribir. Fue mi idea… Verte acostada sobre tu cama, me inspiró a tomar papel y pluma y comenzar a plasmar palabras. Pero dudo que me quede bien ya nunca en mi efímera vida he redactado un cuento de amor. ¡Por favor! ¡Levántate! Tu rostro apunta hacia el techo… ¿Pensando? ¿Soñando? ¿Recordando lo que yo? Pasamos buenos momentos juntos, casi todo fue hermoso, no tengo queja, lo disfruté, sé que de igual manera tú también. Curiosamente ahora todo cambia, se vuelve insignificante ante lo que me espera y me siento desilusionado. Pero para dejar un buen recuerdo de nuestra relación, deberé borrar de mi mente el último acontecimiento. ¿De qué manera ahogar el miedo y la culpa ante este error? No mencionaré nada de los que hicimos. Nada. Nadie lo entendería. Sentado en el rincón de este cuarto puedo verte. Sigues acostada sobre la cama, y te espero. Por un lado, tus piernas ligeramente descubiertas alardean mis caricias sobre tu piel antes sembradas, en cambio tus pechos, esconden con pudor mis besos idos.
Esta sí que es la escena más romántica que jamás haya visto. Fue mi idea. La preparación de una noche maravillosa. Champagne sobre la mesa, un ramillete de flores preciosas, de las que te gustan, nuestra mejor ropa de gala. Una cena y… un pacto, uno de dos... tuyo y mío, evidenciado por el vaso marcado con tu labial, por la carta póstuma firmada como una venganza mutua hacia aquellos que se oponían a nuestro amor… y ya no sé qué son las lágrimas, ya no sé qué son los gritos de dolor, la culpa centellando en el cielo, yo desolado, ¿arrepentido? De un pecado que no merece clemencia. Temblando ya sin palabras, pero queriendo explotar para acabar conmigo. Te espero, te quiero, y no te levantas, sigues inmóvil, tu piel fría. Quisiera que éste fuera mi último cuento, pero no puedo. Fue mi idea ante la negativa de nuestros padres, perpetuar para siempre nuestro querer como Romeo y Julieta. Yo serví el licor envenenado, fuiste tú la primera en tomarlo. Será inolvidable tu reacción después del trago. Tus muecas de dolor. El sofocamiento y tu caída sobre la cama en la que antes nos amamos por última vez, quedaste inerte en esta posición. Sufrí por ti mas en pocos minutos todo había pasado. Ahora anhelo encarecidamente, desde este ángulo del cuarto, que te levantes como yo para no vivir con este dolor eterno donde los minutos pesan.
Sin haber podido asir papel y pluma, mi incertidumbre acaba cuando en medio de este silencio lúgubre, abres los ojos y te incorporas con torpeza, aturdida, pero no tan ligera como yo lo hice hace un rato, giras la cabeza y proyectas un desgarrador lamento al ver mi cuerpo tendido junto a ti mientras una fuerza me estira, me eleva y parto solitario hacia el infinito.
Texto de josejulio agregado el 18-03-2008. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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