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«CONCEPTOS SOBRE ESTÉTICA YEGüERÍL»

¿Existe algo más patético que los hombres fanfarroneando sobre la cantidad de mujeres que tienen? Vengan conmigo y riámonos juntos de ellos:

«CONCEPTOS SOBRE ESTÉTICA YEGüERÍL»

GUILLERMO SOUBELET

« ¡¿Cómo que la guita no tiene nada que ver, querido?! ¡¿Cómo que no tiene nada que ver?! Mirá, yo te aseguro que... ¡Uy, hermano, mirá, mirá lo que son esas potras que pasan por la vereda! ¡¡¡Mirá lo que son esas potras que pasan por la vereda, madre querida!!! Dejame de joder, viejo. Porque te digo, y ojo querido que si yo te digo que es así es porque es así mi viejo. Apretá el pomo. Así, de una. ¡Mirá! ¡Mirá aquella otra! ¡Pero mirá te digo! ¡Largá la media luna, querido! ¡Deleitate! ¡Ay, madre santa con éste tipo! ¡¿De qué sos?! ¿De goma? ¡¿Como podés desayunar tan tranquilito, tan peinadito, tan trajecito azul, tan diario dobladito sobre la mesita con semejantes yeguas que pasan y pasan y no dejan de pasar, querido?! ¡Que me dá el ataque! ¡Ma, largá el diario, infeliz! ¡Mirá! ¡Mirá lo que le hago a tu diario dobladito! ¡Mirá! ¿Qué? ¿Qué saltás? ¡Tanto quilombo por un diario de mierda! ¡No me jodás, viejo, eh! ¡No me jodás que también te hago mierda el trajecito ese, eh! ¡Guarda al hilo, no me busqués que me dá la loca y te tiro ese café con leche en el trajecito, te tiro, eh! ¡Guarda, eh! ¡Guarda conmigo! Porque yo... ¡Uy! ¡Uy, mirá! ¡Mirá aquella! ¿Cómo cual? ¿Cual va a ser, boludo? ¡Aquella! La que está esperando al semáforo. ¡La del pantalón blanco! Pero no, tarado, ¿me estás cargando? La rubia digo. ¡¿Pero como voy a decir semejante lechonazo?! Sos un hijo de puta. ¿El chacinado te gusta? Pero... ¿Pero vos viste bien lo que es ese porcino? ¡Pero le faltan las cucardas, hermano! Además es sucia esa mina, querido. ¿Cómo porqué? Porque «chancho limpio nunca engorda». Bueno, no te ofendas tampoco. Está bien, querido, andá a tirarle galletitas si tanto te gusta. ¡Ay, Dios mío, los amigos que me vengo a buscar yo! Mejor desayuná y leé el diario, mejor. ¡Margaritas a los chanchos! Bueno, mirá el ejemplo que me vengo a buscar. Qué querés que te diga... a mí, la mina gorda, es como que, no sé, esas masas en movimiento, esos rollos que por ahí te aplastan los huevos entre los pliegues. ¡Ay, que feo! Mirá, lo digo y me duele, te juro. No, a mí dejame de joder con las vaquillonas, porque... ¡Uy, mirá, mirá tarado, mirá! ¡Mirá aquella! ¿Cómo cual? ¡Aquella, la de la remerita blanc... la de las tetas, boludo! ¡Ojo con cual mirás, ojo con lo que me salís porque esta amistad se acaba acá mismo! No me vas a hacer como recién cuando en vez de a la potra mirabas al lechón porque te juro que acá se corta todo. ¡Uy, boludo, acabo! ¡Te juro que acabo acá mismo! ¡No me aguanto, hermano! Te salpico el diario! ¿Cómo? ¿Pero qué decís, tarado? Pero qué vieja ni qué vieja! ¡Qué sabrás de minas, vos, todo el día leyendo el diario tan afeitadito, peinadito y corbatito! ¡Por favor! ¡Vieja! Pero... ¿Vos viste bien? ¿Viste el orto que tiene esa mujer? Y te digo, de piedra parece. Durito. Paradito. ¿Cómo hacen? Porque justamente de eso te hablaba recién cuando me interrumpiste, acordate. Te decía que ¿cómo que la quita no tiene nada que ver? ¿Te acordás? Porque, querido, vos vas a un barrio pobre, y ni pobre, común, como en los que vivimos nosotros, ¿y qué encontrás, decime? Que las minas después de los cuarenta parecen la vieja de los Locos Adams. Es así. Decime que no. ¡Santas, eh! Pero fieras. Arruinadas. Carne magra, correosa. Y las arrugas y las ojeras y los culos caídos y de las tetas mejor no hablar. ¿Me seguís? Y todas, todas, vacas. Onda Mercado de Liniers. ¿Lo tenés? En cambio venís acá, que hay guita, que el dulce aroma del dólar se esparce a los cuatro vientos, y el panorama pinta distinto. ¿Motivo? La guita. Porque estas yeguas, mi querido, no sufren. No laburan. No madrugan. Duermen bien. Están bien alimentadas. Van desde siempre al gimnasio, a tenis, a la cosmetóloga, a la manicura, tienen turno semanal y vitalicio con el cirujano plástico y si se deprimen el marido las lleva a Las Bahamas a que se relajen. Las otras no se deprimen, se amargan. Y además enseguida viene El Cacho y las caga a sopapos para que no hinchen las pelotas, qué mierda. ¿Captás? Por eso te digo, querido, ¿cómo que la quita no tiene nada que ver? Esas son cosas que se dicen para la gilada, querido. Bueno, no te ofendas ¿para qué estoy yo si no es para adoctrinarte sobre conceptos de la estética yegüeril? ¿La tenés? Porque, te digo, acá entre nosotros, ¿viste que todos tienen un sueño en la vida? No sé, algunos quieren jugar como Maradona antes del engorde, otros sueñan con cantar como Sinatra, Tomás (¿lo tenés a Tomás, no?) sueña con ser un gran director de cine... bueno, mi sueño, y no te cagués de risa, te lo pido, es bajarle la caña como Dios manda a una de estas mamis de Barrio Norte. Guarda al hilo. Nada de un polvito en el asiento de atrás del Mercedes, eh! No. Cuando digo bajarle la caña quiero decir hacerle los deberes como Dios manda, con salva de veintiún cañonazos incluida. Pará, no te cagués de risa. Digo a una vieja pero de éstas viejas increíbles que pasan por acá, con esos ortos aprisionados en esas calzas y que están para el suicidio. Decí que no. No una vieja chota que tenga que estar acomodándole la chata y la dentadura postiza. ¿De qué te reís, tarado? ¿Vos viste lo que son estas mujeres, con esas miradas cargadas de personalidad, esa seguridad en sí mismas, esa prestancia, con ese aspecto como de pioneras, no sé, de colonas? ¿Sabés lo que debe ser montarse una hembra así? ¡Y encima todas llenas de músculos! ¡Madre querida, tenés que hacer el testamento antes de subirte a la cama! Mirá aquellas, sin ir mas lejos. ¿Vos viste la cara de trampa que portan esas yeguas? Sino mirá. ¡Mirá lo que es aquella mujer que me vengo loco de la cabeza! ¡Mirá! ¡Pero mirá, tarado, date el gusto alguna vez! ¡Ay, que me dá el ataque, me dá! ¡Mirá un poco ese par de tetas! ¡Aayy! ¡Me arde el zogán, te juro! ¡Detente, Cachafaz! ¡Sooo! Mirá, querido, observá la cara de trampa de aquella criatura y sacá conclusiones! Si la leche fuera de colores los hijos de esa hembra parecerían papagayos! ¡Ay, que me vuelvo loco de la cabeza! ¡¡Que no aguanto, y no aguanto y no aguanto!! Porque además te digo una cosa: yo me cago, pero me recago en la oreja de esos boludos que te dicen: las minas son así o las minas son asá. ¡De acá! ¿Qué quiere decir «Las minas»? ¡Un carajo! ¿O acaso es lo mismo la Madre Teresa que la Cicciolina o que la Tatcher? Y ojo que no hablo de peores o mejores, eh. Hablo de que qué tendrán que ver unas con otras, hermano. Porque además decime: hay minas que las ves pasar y te das cuenta de que fueron creadas para darles pija y pija y pija. En cambio otras, mi querido, están ahí, no sé, con la escoba, el delantal, la novela de la tarde y ¿qué les vas a dar pija? ¡les das la receta de la pasta frola y gracias! Y ellas muy contentas, encima. Porque es así, pichón. Es así. ¡Quevasé! En cambio las otras... Y te digo, ahora no te des vuelta, pero te digo que la mina sigue ahí. Y marca. Marca la turrita. Hace como que mira para este lado y touché, marca. ¿Pero qué decís, boludo? ¡Ya sé que sigue ahí y que mira para acá porque está sentada en esa mesa que mira para acá y que no le queda otra! Pero hay formas y formas de estar sentada y mirar... no se, es otra cosa... algo indefinible en la mirada... en la manera de cruzarse de gambas... de agarrar el tostado... de limpiarse el morrito... no sé. ¡O me vas a decir que cuando está sola en la casa se sienta y se limpia la trompa así! Te digo: yo me hago el gilo, el que no me avivo, pero la tipa marca. Marca, gil, marca. Claro, se da cuenta de que uno también está en el ajo, en la travesura, en la cosa putanezca. ¡Vamos, boludo! ¿Qué tenés en las venas, granadina? Es como que las minas, esas minas, las minas trampa (las otras no, pero qué carajo te importa) emanan algo, no sé, que uno capta y percibe el mensaje. Y, ¿viste los daltónicos que ven un cuadro y ven unos colores y otros no?, bueno, hay tipos, como vos, que ven a la mina, sí, pero no están capacitados para percibir eso otro, lo mas importante en realidad, la esencia. ¿Captás? Y entonces se ven obligados a pasar por la vida así: trajecitos y corbatitos. Porque te digo, los tipos como vos, así: tarados, ¡Santos, eh! Pero tarados en estas cuestiones, deberían aprender de la experiencia de los decanos. ¡Pero no! ¡Encima son altaneros! Deberían aprender del ejemplo de los chinos. ¡Ojo que los chinos de boludos no tienen nada, eh! Son chinos pero no boludos. ¿Te acordás del forrazo aquél de Kung Fú? Bueno, te acepto que era flor de nabo, sí, pero el chabón la tenía reclara en eso de que el chino la sabia lunga. ¿Y te acordás ese respeto, esa especie de temor reverencial que el pendejo le tenía al geronte? Además de que si no obedecía el viejo choto ahí nomás empezaba a los gritos y lo cagaba a patadas, si, pero a ese respeto me refiero yo. Y eso que yo no me voy a descalzar y te voy a cagar a patadas. Pero vos comparás tu nabéz y mi cultura en cuestiones yegüeriles y me parece que, al menos merecería cierto respeto, es más, cierto sometimiento me animaría a decir. Ojo, soy consciente que no todo es culpa tuya. Que lo tuyo es como de abolengo, con ese hermano que tenés vos, y no te queda otra alternativa que ponerte esos trajecitos, esas corbatitas y esos moviconcitos. Pero teniéndome a mí a mano, pichón. Es más, y para que veas al maestro en acción, te voy a dar la primera clase práctica. Vos viste la mina. Marcó y nada más. ¿Toco y me voy? ¡NO! Ella eligió las blancas. Hizo la primer jugada. Ahora es tu turno, como si dijéramos. Observá al maestro (entonces se levantó sin dejar la copa y con toda naturalidad caminó hasta le mesa de la mujer - que estaba de puta madre, hay que admitírselo- y se sentó en la silla que enfrentaba a la potra solitaria):

__ Hola
__ Hola - maulló la mujer -
__ Me pareció que mirabas para nuestra mesa.
__ Ajá, no te equivocabas...
__ (sonriendo, con esa sonrisa de quien ya lo vió todo) Bueno, vos dirás. ¿Qué puedo hacer por vos?
__ Presentarme al tipo calladito del traje azul.


Texto de EstatuaconEpilepsia agregado el 19-03-2008.
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