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vi desde mi ventana a un ave blanca con patitas rojas que no cesaba de ir de una rama del árbol hacia otro. era bello, sobre todo si estás condenado a echarte en una cama por mas de un año... tuve un accidente, terrible, en donde perdí el conocimiento. cuando desperté había pasado tantos meses que no supe ni recordaba nada, nada... todo mi pasado era blanco, o gris, pero no negro, eso sí que no, era blanco como una página sin garabatear... veía personas que sonreían con ojos llorosos, emocionados. una anciana decía ser mi madre, otra mujer mi hermana, otra mi esposa, y, por último, cinco hijos hombres que no dejaban de abrir los ojos como pez. echado uno aprecia tanto cada sencilla ocurrencia del destino, como esa ave blanca, o esa enfermera que va y viene con esa sonrisa de colegiala, mostrando sus bellos dientes y unos brazos duros y contorneados. me gustaba mucho, pero ella era demasiado pudorosa o algo peor. y ese niño enfermo que por las noche entraba en mi cuarto del hospital, y tan solo yo podía verlo. sólo con él hablaba siempre, y hablábamos de tantas cosas, como su pasado, su futuro, sus hermanos, sus padres, su vida, su... muerte. sí, porque estaba condenando a no mas de un año de vida, pero hablábamos de tantas cosas como del ave blanca que venía a pasear por mi ventana. una noche le pregunté si sabía quién era yo... el niño sonrió, y dijo que yo era él, pero, en un futuro próximo, dueño de una vida prestada y cogida por un hilo... le pregunté si en verdad, él era yo, cómo era posible que hubiera muerto antes de que yo muriera... sonrió y me dijo que de eso se trataba todo, de recordar, de hilvanar cada sentimiento, emoción de lo que fue mi vida... iba a decirle mas, pero, se dio media vuelta y despareció de mi vista hasta la noche siguiente. salí del hospital luego de un año. mi familia entera me esperaba en la puerta. estaban felices, yo no, yo estaba asustado, totalmente asustado. miré a los que decían ser mis hijos llamarme papá y sentí que todo era teatro, basura de medio Kilo. bajé los ojos y seguí mi camino, es decir, los seguí hasta subir a un bello auto negro, amplio, con un chofer negro que con una blanca sonrisa decía tanto... sonreí luego de tantos años y apenas llegué a una casa inmensa supe que en mi pasado fui algo importante, pero, en verdad, no recordaba nada. un perro enorme vino hacia mí. me asusté pero este pareció conocerme de siempre. le miré a los ojos y pude reconocer en ellos a los ojos del niño nocturno del hospital. acaricié al perro por varios segundos y luego entré a la casa. había mozos, etc. todos me saludaron con miedo disfrazado de respeto. decidí no hablar, pero, cuando mi esposa dijo que entráramos a nuestra intimidad, sentí en el alma que no deseaba estar con nadie a mi lado. le dije que no, que por favor no. ella bajó la mirada, mis hijos también. se paparon todos y salieron, dejándome solo en una mesa llena de comida con una botella de vino. me serví algo de todo. me llené una copa y cuando la estaba bebiendo vi de nuevo al niño del hospital que decía ser yo... extrañamente le vi medio pálido, ojeroso, y triste. ¿qué tienes?, pregunté. voy a morir, me dijo. no, no te mueras, le dije. lo abracé y lo cargué hasta llevarlo a mi lado. dormí con él durante toda la noche, y, apenas desperté, no estaba... me levanté y supe que algo en mí no estaba bien. me cambié de ropa y decidí caminar por todo el lugar. era bello dicho lugar, y, en una planicie de aquel valle vi de nuevo al niño. lo vi tan mal que tuve que cargarlo y llevarlo a la sala de emergencia de la casa. todos me miraron, pues decían no ver a nadie. sonreí y supe que mi vida estaba metamorfoseándose. lo dejé en una cama y hablamos durante toda la tarde, la noche hasta que el niño dejó de existir. le vi desaparecer con la mañana, justo cuando me fijaba en el bello ave blanco que jugaba de una rama hacia otra.. sonreí y algo ocurrió en mí. recordé que iba a morir pronto. me levanté y salí de la casa rumbo al hospital. pedí que me atendieran de emergencia y ciertamente, estaba muy grave. tenía algo en el corazón que estaba por explotar... volví a sonreír pues vi al bello ave blanco cerca de mi mano. lo acaricié y vi que el ave me llamaba. me paré y le seguí, y mientras seguía al bello ave, vi al niño de nuevo... era el mismo ave que corría por los aires sin alas ni nada... le seguí y supe que estaba todo bien, pues, tenía todo, todo...


san isidro, marzo del 2008

Texto agregado el 19-03-2008, y leído por 127 visitantes. (0 votos)


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