Desoriendrástico
Tal como una brújula descalibrada, un bebé en pleno desierto sin madre ni guía. Es que he estado tanto tiempo en este limbo de sismos, que perdí la razón en el espacio más oscuro del corazón. Se pudrieron mis armas, oxidadas como todas mis ideas, un ahogo bajo tierra, es que mis pulmones están tan llenos de tierra que mi mente se afixió con vagos, infantiles y livianos ideales.
Perdí las llaves de mi sepultura, que nisiquiera puedo ir a morir en paz. Me subí a ese dulce carrusel, pero algún mal intencionado giró tan velozmente que perdí rumbo y ruta al bajar mareado del tierno juego, que no fue más que un bombardeo de sucesos a los cuales nunca estuve preparado.
Pero me conformo con plasmar estas deshiladas ideas, es que algo me queda en la cabeza, que aún existe esa conexión neuronal que tanto he prostituído... y es que tengo miedo de destruír mi talento que poco había desarrollado, pero ahora estaba enterrado seis pies bajo esas piedras que me aplastarán de por vida.
Estoy preparado para mirarte de frente, estoy preparado para tomar alguna dirección, pero insistes en arrancar de mis tentáculos, que al parecer aún no se controlar; de ser lo contario estaríamos haciendo el amor en alguna suave cama.
Despójame realidad, que estoy astiado de soñar. Destrúyeme estos hermosos sueños, que mis pies permanecen firmes a la árida tierra; no necesito nubes para volar, necesito esos labios para aterrizar, y volver a volar, pero no en humos verdes ni supuestas utopías... hoy sólo necesito oler tu transpiración y que me muerdas el cuello para al fin salir de este círculo fétido a orgullo, individualismo y pregnante ego.
Rebalsan con sublime inquietud estos espasmos de cariño del turbio corazón, mi último órgano sensible, tan desgastado, tan recurrido, lleno de lágrimas y retorcido con torque abstracto. Es que duele tanto no poder invocar a un dios, o rezar una poesía tranquilizadora, que debes ahogarte, sentir y luchar constantemente contigo mismo. Salir de tu propio hoyo que tanto tiempo has cavado, día y noche, sin descanso, y cuando más deseas escapar de tí mismo, te das cuenta que estás sumergido toda una vida, kilómetros de altura para ver la luz. Quizás un túnel alternativo, pero no tengo ni palas ni picotas para destruír estos muros de frío acero.
Baja en una escalera de rosas musa mía, que tu eres mi música y todo sentido, que si no salgo de aquí moriré podrido, solo y envuelto en mis propias desdichas. No me dejes desvanecer, que tengo toda una historia que contarte y toda una vida que dedicarte. |