La noche era bastante calida, pero con esa brisa suave que se te cuela por la piel, entregándote pequeños temblores, que al caminar se mezclan con el leve sudor del cuerpo. El semáforo era tan largo que estuvo mucho tiempo mirando la iglesia de San Miguel Arcángel en la gran avenida, hace años no entraba ahí, desde las últimas visitas diaria que realizaba después de salir del hospital. Precisamente ese mismo día se cumplían seis años de la muerte de su hermano.
No tenia grandes deseos de ir a ver Jesucristo súper estrella, pero ante la insistencia de su amiga finalmente accedió, pese a que sentía su cuerpo muy cansado por un día laboral, de esos que te dejan con dolor de cabeza, no por esfuerzo físico, si no por la tolerancia ejercida frente a la mediocridad.
Su mirada se quedo en la iglesia, no escuchaba lo que su amiga le hablada y las luces del semáforo parecían eternas, entregándole una conciencia plena del agotamiento de su cuerpo y alma. Evocando instantes y sensaciones sentía dentro de si mucha melancolía, pero al mismo tiempo una sensación de paz inexplicable.
¿Y que paso con el chico con el que salías? Pregunta su amiga por segunda vez.
Nada, tu ya sabes yo soy un poco autista- contesta sonriendo de sí misma.
¿Ah quiso presentarte a su madre? Dijo su amiga, esbozando una risa, que aunque intento disimular, termino en una carcajada compartida. ¡Y si es así!, lo mismo de siempre, confirma mientras se quita el cinturón de seguridad y mira a su amiga diciendo: Deberías usarlo. ¿Y tú? contesta ella, deberías estar con alguien. ¡Fran! Por favor, ya hemos hablado este tema varias veces. Sí lo se, pero no logro entenderte amiga- ¡No me entiendas, solo quiéreme! y la abraza invitándola a entrar al salón.
Terminando la obra de teatro y sin ningún deseo de volver con el mismo tema nuevamente, Macarena comienza con su mejor técnica para no hablar de si misma, preguntar y escuchar con atención al otro.
Que es, de hecho, la más usada con hombres, quienes casi maratónicamente hablan tanto de sí como lo que comen. Francisca es diferente, es muy insistente, después de todo es quien mas la conoce, además es mujer, por ende no es tan egocéntrica.
- Pensé que Felipe si era el indicado- dice nuevamente Francisca
Pues no, no lo era, o quizás yo no era la indicada para él, que es lo más probable, contesta riendo.
¿Sabes Fran? cuando pienso en la Pame, en la Rocío, mi propia hermana, ¡Amiga en ti misma!
¡Ah pero bueno! Que yo este separada, o que la Pame viva con un hombre que no ama, que le hayan sido infiel a tu hermana no significa que a ti te ocurrirá lo mismo!
No digo eso, no tiene que ver con temores, pero piensa ¿Por qué te casaste tu?, ¿Por qué la Pame no es capaz de dejar a su esposo y es infeliz? Simplemente porque por si misma no son plenas, no se bastan o se quieren lo suficiente que necesitan de otro para ser.
¡Amiga, vas a volver de nuevo con el mismo tema, todos necesitamos a alguien!
Si todos necesitamos de todos y en eso consiste el amor, en dar, pero no implica que te niegues a ti misma. Cuando tú alma esta plena, necesitas compartir tu luz, pero no tener a otro para recién iluminar.
No entiendo tus metáforas -Amiga- simplemente no entiendo.
Bueno déjalo así, esta noche solo quiero caminar, hazme reír con tus locuras y aventuras.
¿Aun extrañas a tu hermano? Si, por supuesto, cada día. Pero dije que me hicieras reír, cuéntame Fran en que resulto la propuesta que le harías a tu jefe hoy?
Y así caminaron unas cuadras, Fran estaba tan entusiasmada contando su travesía, que no noto que una vez más su amiga, la evadía e incitaba a hablar de si misma, solo para no desnudar su propia alma.
|