XVI – Quizás un día Bonifacia…
Hoy he descorrido las cortinas de mi salón con el deseo de que la luz penetre hasta el último rincón de la estancia. Los árboles me parecen de otro color y las blancas fachadas se me antojan más azuladas, tal vez sea por el reflejo del Sol…
Anoche soñé otra vez con él… afortunadamente no se ven los sueños…
El kiosquero en una ocasión me dijo que el amor tampoco se ve… no lo creo, el amor se ve en esa persona que nos da los buenos días desinteresadamente, o aquella otra que nos brinda su sonrisa al cruzarnos con ella sin esperar nada a cambio, en aquellos que se interesan por nosotros cuando nos ven tristes, cuando nos ofrecen su apoyo cuando más lo necesitamos, cuando nos recuerdan en ocasiones especiales… el amor se ve… y ¡ay de nosotros si dejamos de verlo!
Me viene al pensamiento Bonifacia, abnegada señora que a sus cuarenta y muchos años… se siente en medio de la nada. Lleva toda la vida en el barrio y jamás ha tenido un mal gesto para los demás, pero cuentan que su vida familiar se ha convertido para ella en una auténtica cárcel, un marido déspota y unos hijos egoístas hacen de su existencia un autentico infierno.
Bonifacia se pasa la vida pensando en su libertad y ese planteamiento le produce un malestar tremendo, se dice a sí misma una y mil veces que es incapaz de vivir lejos de las personas a las que quiere por encima de todo aunque ella no se sienta amada…
Pasa horas asomada a su ventana echando a volar su fantasía ¡ay de ella si se pudieran ver sus pensamientos!
Hoy subió al torreón de la Iglesia ante las miradas curiosas de los viandantes, dicen que a medida que subía las escaleras tarareaba la canción de “María se bebe las calles” una vez arriba y teniendo a todo el barrio a sus pies se permitió un pensamiento… ¡Quién sabe! Quizás algún día…
Continuará...
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