El negro se muere, se nos va…
Agoniza en su carcaza de huesos y le es imposible
ocultar tan cruel verdad.
No se despide, nos niega el saludo y su salud lo ignora
y lo azota con letal indiferencia.
Su angustia avanza a pasos de gigante y él colabora
ofreciéndole su corazón sin resistencia.
Sus rulos parecen de plástico y su piel junta lacras que supuran veneno, veneno que exige para someter tanto dolor, para calmar su delirio en robo de tiempo al tiempo, arrebatando los instantes, juntándolos uno a uno para sentir todo más intenso aun.
Me mira, estira su mano y pide una limosna, yo no
razono lucidamente esta noche; soy acreedor de la
miseria que el está mendigando y accedo a su pedido.
Meto mano en mi pesar y le hago el favor a su calvario, le convido un poco de mi muerte, solo un poco, no vaya ser que no tenga con que morirme después…
Una sucia sonrisa escupe su satisfacción, me da las
gracias y yo mi más sentido pésame… |