Bukkake En El Jardín Parte I
Luis D Sarabia
_ ¿Vez algo en aquella nube blanca?
_Todavía no. Tú eres como loco, buscando figuras en las nubes; además me gusta más el espeso cielo Azul.
_No creo que eso tenga nada de malo. ¡Mira! Una tortuga.
_Ajajá
como te concentras
Ahhhhh el viento, tan gentil y sumiso. Y cómo se estrella con los árboles y los hace cantar. Maravilloso
_ ¿Manzana?_
_Gracias_
_Cierra lo ojos_
_Espera, déjame arreglarme la ropa_ le dice y le da una mordida a la manzana verde, luego cierra los ojos.
_¿Me avisas?_ pregunto él.
_Ya._
_Escúchame._
_ahhh si te escucho._
Pasó quizás un minuto, viéndola de arriba abajo. Él disfrutaba de uno de sus sitios favoritos: un rincón hermoso del jardín estilo japonés reproducido por el Parque Municipal. La acechaba: con sus ojos cerrados, el pelo largo encrespado que abrigaba su rostro, su vestido morado agitanado y el tatuaje de una pluma debajo de su oreja izquierda a él le fascinaba. En ese silencio el lució sereno viéndola; de sus pantalones cortos sacó su pequeña cámara y le tomó una foto sin que ella se diera cuenta, luego la guardó en el bolsillo de su camiseta blanca, cerró el zíper de su mochila. Estaban a mediados de Enero; el sol en pleno cielo, cuyos rayos calentaban, sin embargo, todavía había fresco.
Ella parecía celosa de la naturaleza
_Dime, ¿qué escuchas?_ le preguntó.
_Oh
pues no sé. Todo._
_No abras los ojos. Respira hondo y sólo empieza.
_ ¿Y para que?_ Ella respiró profundamente.
_ Vamos, compláceme, ¿sí?_
Esto le creó un recelo, pero cedió.
_Ahí voy. A mi derecha escucho los cantos de las aves, el agua cayendo en el arroyo; seguro la pareja que vimos ahora riéndose en el puente japonés.
Detrás de nosotros, escucho el viento y las voces del gigantesco bambú; se siente tan poderoso y tan especial, como si fuera el umbral a la misma naturaleza; virgen, totalmente lejos del alcance de la humanidad, totalmente desnuda
sí, la escucho y me da la sensación como si dentro existiese el mundo que debería de ser. ¿Tú no lo sientes?_
_Sí._ respondió con una sonrisa.
_Pero, a mi izquierda, el sonido urbano de la ciudad. Y para hacerte franca no vale la pena seguir. _
Abrió los ojos y le dio otra mordida a la manzana.
_ Caramba
Puedes oír la naturaleza. Qué bien la describes._
_ ¿Y que tiene eso de especial?_
_ Me gustó como la describiste, la sentí._
_¿Por qué después de todo este tiempo nunca me habías traído aquí?_ le preguntó ella.
_No tengo idea._
_ ¿Acaso te trae algún recuerdo?_
_No. Ninguno._
_ ¡Ah! Seguro que has traído a todas tus novias aquí._
_Si supieras que no._
_A mi no me importa si me hablas mentiras, yo estoy segura de que sí._
_Que no. Tú eres la primera._ se le acercó besarle el cuello._
_Cómo digas._
Él se puso de pie y la levantó tomándole la mano, y empezaron a caminar hacia el puente. El jardín japonés se sentía desierto, la pareja vista anteriormente había desaparecido. Bajaron la colina con inevitable rapidez, obedeciendo la fuerza de la gravedad hasta llegar al pequeño lago y sus islas; las numerosas rocas, el pino negro, los helechos, el arce y relacionados rodeaban el entorno. Aquí, en el núcleo del patio él le explicó el significado de este grandioso lugar, como todo un experto aficionado.
_ Pues este es el lago y sus islas, representan el Mar Interior de Seto; la esencia de cómo todo esto está compuesto es buscar la representación del equilibrio inestable o el equilibrio entre el Hombre, el Cielo y la Tierra.
_ Sí, sí, si muy bonito todo, el sitio encantador._ le dijo con sonrisa de pena o quizás burla. Puso sus dos dedos índices en el borde de sus ojos y se los achinó. _ ¿Me vas a dar un beso?_
Inmediatamente a él se le quitó su rostro de amargura.
Se besaron: ella metiéndole la lengua entera en la boca y lamiéndole toda la cara. El con lo ojos abiertos tratando de mirar a todos lados agarrándole los glúteos. De pronto ella tomó de su mano.
_ ¡Ven!_
Lo llevó como un carretón de prisa hacia al bambú que parecía una gigantesca cortina verde; guiándolo hacia el espeso bosque. Encontraron una enorme linterna de piedra y siguieron por una trocha estrecha entrando dentro una fronda densa. Su sed por la aventura; sus impulsos llenos de adrenalina se reflejaban en su bella cara; mientras él se defendía de las ramas que ella le arrojaba delante de él.
_Qué paz. ¿No te fascina todo este verde? ¿Toda esta vida? Ven sigamos caminando, este camino llega algún sitio._
Siguieron caminando lentamente, ambos mirando el techo de árboles; escuchando la increíble cantidad de sonidos casi celestiales hasta llegar a un campo claro.
_ Aquí cualquiera se pierde, ¿tú oyes? _
_ Qué buen pendejo eres José. Tú y tu maquetita nipona, ¿Linda? Sí; ¿Aburrida? Sí. ¿Sigo? ¿No vez que esto es lo más cercano que puedes estar a como es la tierra de veras? Tal como debe ser._
_Bueeeeno sí. Quizás tengas razón. _
_ Claro que tengo razón. _ dijo María con mucha certeza; él miró hacia arriba respirando profundamente; abrió la mochila y sacó una botella de agua, tomó de ella hasta casi terminarla; ambos se quedaron en silencio, cada uno en sus pensamientos hasta que por fin José hablo.
_ ¿Acaso me traes acá dentro como para demostrar algo? ¿Hacerme sentir mal? Te traje al parque porque pensé que era una buena idea, ya que llevamos unas semanas discutiendo. No para empezar una competencia o un duelo para ver quién tiene una mejor naturaleza. Si me encanta la selva y el maldito jardín japonés también; pero dime María, ¿acaso te encanto yo? Me da la impresión de que estás cansada de mí, nada de lo que hago por nosotros parece funcionar._
_ Pero José, yo acepté venir para que estemos juntos y también porque me encanta el parque. Este mismo lugar. Y me encantas tú. _
_ A este mismo lugar. _
_ Sí. Yo también pensé que era una buenísima idea._
_Oh._
_ Ven acá._ dijo María.
José empezó a acercarse a María como un perrito. Hasta que sus rostros cambiaron de una ternura ficticia a asombro cuando escucharon unos gritos.
_ ¿Escuchas eso?_ preguntó José.
María se puso de pie y empezó a seguir los aullidos, José la seguía.
_ María._
_ Shhhhhhhhh cállate José_ Maria le decía en voz baja.
Eran los gritos de placer de una mujer. Se oían cada vez más intensos. Alcanzaron ver lo que parecía ser las ruinas de un pabellón japonés. Totalmente abandonado.
_ María, esto es una locura. Dejemos esa gente fornicar en paz._ Murmullo José.
_ Vamos a ver quienes son._
_ ¡Estás loca! ¿Para qué?_
El sexo estaba en pleno éxtasis detrás de la pared de lo que quedaba del pabellón, cubierto por miles de garabatos, nombres y números de muchos años. María estaba decidida: se tiró al piso como una serpiente, arrastrándose lentamente, los chillidos cada vez más intensos. Se desplazaba llena de curiosidad hasta que sintió los pies de José pisar cerca de su rostro al correr hacia el pabellón; sacó su cámara del bolsillo como si fuera un arma de fuego; se tapó la cara con la mochila y se detuvo en la escena. Después de unos segundos se dio cuenta que el acto permanecía, nadie se daba cuenta que él estaba allí. Se quitó completamente la mochila de la cara y vio a una mujer desnuda, rodeada de muchos japoneses. Uno la penetraba y los otros se masturbaban en su cara. De pronto sintió las manos de María agarrar su pene y pasarle la lengua por un oído.
Rosita tenía unos momentos viendo la escena, de pie cerca de la puerta media abierta; salió al pasillo; pasó el baño y se dirigió a la terraza. Su papa estaba sentado leyendo el periódico, fumando un puro Churchill. Rosita se detuvo frente de él o mejor dicho frente a las páginas deportivas, pero el ni cuenta se dio.
_ ¿Papi?_
_ ¿Papi?_ llamó Rosita otra vez.
_ ¿Qué?
dime Rosita que pasa._ contestó chupando de su Churchill.
_ Cuchico ta viendo película fea _
_ ¿Cómo?_
_ Cuchico ta viendo película fea._
_ ¿Qué película? ¡¿Otra vez?!_ Y se levantó de su silla, dejó el puro en el cenicero y se dirigió a la habitación. Era un hombre enorme, parecía un gigante al lado de la pequeña Rosita.
_ Cuchico coño._ Furioso le dio un golpe a la puerta y entró.
_ Morboso del coño. Mira esa vaina. Todos esos chinos desnudos._ Agarró el bate de pequeñas ligas de Cuchico.
_ ¡No papi no, papi no! _ gritaba Cuchico aterrado.
_ Ven acá _ lo agarró por el cuello y le dio con el bate por el trasero hasta llevarlo al baño, regresó a la habitación, sacó el DVD, regresó al baño. _ ¡Papi no, papi no! _ gritaba Cuchico en llantos, su papa cerró la puerta y siguió dándole una paliza y diciéndole de todo.
Rosita se quedó quieta. Siempre en silencio. Cerró la puerta de la habitación de su hermano; levantó el colchón de la cama y de ahí tomo el DVD que decía: Bukkake en el Jardín Parte II; la puso en el toca DVD y le dio a play.
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