En la mente ya descansan
los recuerdos de la andanza,
en una tierna infancia,
en esos días el sol siempre brillaba,
la luna siempre dormía en la oscura noche.
¡Oh! Infancia,
tus mariposas y vientos cálidos,
yacen en mi mente.
En esos días cuando lloraba,
siempre encontraba consuelo,
en cambio en este duro mundo,
ya no queda consuelo alguno.
¡Oh! infancia, tú y tu dulce melodía,
me acompañaran en mis viajes…
¡Hasta el fin de los días!
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