Dos de la mañana. El blanco resplandor aturdió con su luz mortal el vidrio de las ventanas. Salímos todos a verlo, algunos pensamos que era el cielo intoxicado por el hombre, su último aliento. No lo era, el llanto de los niños se hizo cada vez más fuerte, nos abrazamos unos con otros, hermanos todos...al final de la bomba destructora eramos todos iguales. |