«¡LO QUE LE PASÓ AL DANI NO TIENE NOMBRE!»
GUILLERMO SOUBELET
Porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Y una cosa, mi querido, es que te batan la justa de entrada, al pan pan y al vino; y otra, ¡muy otra!, es que te engañen. Porque lo que le pasó al Dany no tiene nombre. Oíme: el Dany estaba enamorado, ¡enamorado! ¿qué digo «enamorado»? ¡Hasta se quería casar! Acá está el Aldo que no me deja mentir. Oíme: ¡así eran los lagrimones que le caían al Dany cuando se enteró de la verdad! ¡Así!
Por eso lo que te decía antes que si el otro coso le hubiera cantado la justa de entrada no pasaba nada. Nos la bancábamos muzarella. Ah, pero no. ¡Minga! El muy hijo de puta lo tenía que engañar. De mala entraña, nomás. Porque vos viste lo que son esos tipos. ¡Madre querida de Dios! Te digo, y acá está el Aldo que no me deja mentir, que mas de una vez, cuando pasan por el cable los carnavales de Brasil o mirando algún video porno y te dicen «La rubia esa de las súper tetas es un travesti», no lo podés creer y no lo podés creer. Y por más que mires no te das cuenta. ¡Te engañan esos hijos de puta! Te hacen entrar como un caballo, te hacen. Que, te digo, que no sé cómo carajo hacen para disimular el sorombombón, y por ahí vos entrás como un gil y después ya en la cama, cuando vos querés darle a la matraca, te hace la del fotógrafo: «Mirá el pajarito».
Me acuerdo un amigo que, ¿te acordás de la época del dólar baratito, del «Deme dos»?; bueno, para esa época este muchacho que te digo se hizo un viajecito a Brasil. Y claro, todos lo cargábamos con que no se fuera a dejar engrupir y en lugar de pirovarse una garota terminara siendo empomado a la carioca. Bueno, tanto lo jodimos con eso que el chabón se entró a preocupar y va y le pregunta a otro que no me acuerdo cómo se llamaba pero que había ido como mil veces a Brasil, cómo carajo hacías para distinguir entre una mina y un travesaño. Y ahí el tipo le batió la posta-posta. Le dijo «Fácil: ves un grupito de hembras, y las que están más buenas, las más lindas, las que tienen las mejores tetas y culos... bueno, esas son los travestis». Fijate vos. Está bien, vos me dirás que hay travestis que están para casarse, que tienen esos culos y esas tetas que si no te los empomás te sentís un pelotudo. Puede ser. Pero oíme, vos imaginate que pasás la noche dándole a la matraca a una traviesa de esas. Que ni le sacás la tanguita para no verle el sogán. Que dale y dale por la puertita de atrás. Todo muy lindo, sí. ¡Pero después a la mañana cuando te despertás, la mirás y a la princesita le crecieron la barba y los bigotes, hermano! ¿sabés lo que debe ser eso? Bueno, eso, precisamente, fue lo que le pasó al Dany:
Resulta que el Dany cumplió el sueño de su vida y se hizo un viajecito a los Estados Unidos. No sé el tiempo que estuvo ahorrando, el pobre, para ese bendito viaje. ¡Años! Y mirá que nosotros lo cargábamos; porque el petizo se mantenía firme y no salía de joda con nosotros y nunca gastaba un mango para poder ahorrar para su viaje soñado. Le decíamos ¡pero qué vas a vos! ¡sacate el cocodrilo del bolsillo y vení a divertirte mientras todavía te responda la gaviota! Pero el tipo no. Se mantenía en la suya y que no y que no. Y de golpe, un día, hace unos meses, antes del corralito, claro, nos sale con que se iba. Nosotros nos caímos de culo, porque la verdad es que nunca le dimos pelota al Dany con eso del viaje. Imaginate que nosotros, mas lejos que Mar del Plata, nadie. Por ahí, Bariloche, sí, pero el viaje de fin de curso no cuenta.
Y ahora que lo pienso, por ahí si el Dany esperaba un poco más y lo empomaba el corralito, no pasaba nada de lo que pasó y no terminábamos todos en cana allá en Estados Unidos. Pero, en fin, el Destino es el Destino. Y por ahí nuestro Destino en la vida era viajar a Norteamérica a recagar a patadas al travesti aquél. ¿Quién te dice, no? Por ahí estaba escrito. Atenti que esas cosas existen.
La cuestión es que el Dany viajó y volvió enamorado. ¡Pero enamorado – enamorado, eh! Y mirá que nosotros lo cargábamos, pero él, nada. Que arreglaba las cosas acá y después se iba a la mierda y se casaba con esta mina. Claro que por entonces todos creíamos que era una mina de verdad. Y de nada servía que le dijéramos que no se desbocara, que lo pensara bien; que era difícil que ese tipo de mujeres (es una primera figura del espectáculo) le diera pelota (¡y se case!) con un chabón que prácticamente no conoce, que es un pelagatos y, para colmo, sudamericano. Que esas hembras se manejan en otros niveles... Pero Dany ni pelota. Para colmo yo no sé, hacía como mil años que no la veía aparecer, y desde lo del Dany parecía apropósito y aparecía por todos lados; en la tele, en las tapas de las revistas en los quioscos... No sé: todo era ella. Y te confieso que un poco de envidia nos daba. Nadie lo dijo. Todos con cara de póquer. Pero yo te digo, y acá está el Aldo, que no me deja mentir, que bien adentro, estábamos todos muertos de envidia del levante que se había hecho el Dany. ¡También! ¡Viaja solito, no entiende un pomo de inglés, y en un viajecito de morondanga se levanta a esta súper estrella! ¡Como para no envidiarlo, hermano! ¡Yo la miraba en las fotos con un vestidito rojo a lunares blancos y se me despertaba el indio! ¡Las veces que me habré ratoneado mirándola en la tele o en el cine y ahora resultaba que el Dany, un chabón de ahí a la vuelta de casa, se la iba a matraquear todas las noches! Lo que sí, porque como te digo una cosa te digo la otra, cuando la tipa ésta aparecía en la tele, vos le veías la cara de amor al Dany y tenías que ser un hijo de puta para no emocionarte. ¡Si hasta se le llenaban los ojos de lágrimas y le tiraba besitos! ¡Estaba empelotudizado con esa mina! Nos contaba que habían ido a un restaurante y que todo el mundo se daba vuelta para mirarla. ¡Como para que no se dieran vuelta! ¡¡Mirá, me parece que no exagero si te digo que debe ser la mina más famosa del mundo del espectáculo de todos los tiempos!! Oíme, ¡el hijo del Tito tiene un afiche gigante de ella pegado en la pared de la pieza, ahí frente a la cama! Así que date una idea. Y te digo que el Tito se empezó a sentir incómodo por el asunto del póster ese. No sé, se sentía como si lo estuviera cagando al Dany. Pero me dijo que si se lo llegaba a sacar al chico le daba un ataque y la esposa lo iba a volver loco. ¡Así que figurate lo que es la mina que se levantó el Dany!
Claro que tampoco es ninguna pendeja. Pero vos viste cómo es allá en Hollywood, que las famosas no envejecen. No, ellas no. ¿Te acordás de las dos potras de «Dinastía»? Linda Evans y la otra, Joan Collins, la petiza tetona. ¡Madre querida lo buenas que estaban esas dos hembras, y tenían como cuatro mil años cada una! (la petiza estuvo sacando fotos de cuando estaban construyendo las pirámides de Egipto).
La cuestión, y caete de culo, es que al poco tiempo nos fuimos todos para allá. Así como lo oís. No, no las familias ni los matrimonios. No. La barra. El Dany, el Aldo, el Marce, el Tito, el Edu y yo. Y te juro que te lo estoy contando y me cuesta creerlo. Ni me acuerdo como empezó todo. La cuestión es que el Dany se convirtió en una especie de celebridad ahí en el barrio. Imaginate que, antes que él, los únicos famosos eran el farmacéutico al que le habían publicado una carta en El Clarín y el gordo Manuel, que una vez fue a jugar una pulseada al programa de Sofovich. ¡Hasta le hicieron una nota en la radio barrial al Dany, mirá lo que te digo! Pero él, a pesar de pertenecer al jet-set de la farándula internacional, no se engrupió ni nada. Y, como te decía, el asunto del casamiento del Dany era el único tema en el barrio. Y a la final medio que nos sentíamos unos garcas si no lo acompañábamos. Qué se yo, lo más probable era que no lo volviéramos a ver nunca más (salvo cuando pasaran el casamiento por la tele, claro) ¿y lo íbamos a dejar ir solita su alma para allá? Así que, y a pesar de la opinión de nuestras esposas que armaron un quilombo terrible, una mañana cayó la barra en pleno en la casa de la mina. Bahh... casa. Tal cual sale en la tele la guacha vive en un palacio. O en un castillo, no sé cual es cual; pero posta que vive en uno de esos dos.
Cuando llegamos justo había una fiesta o algo así, así que aquello era un quilombo de gente. Sin embargo ella estaba ahí en la puerta recibiendo a todos con una sonrisa y como diciendo que sí con la cabeza. Y te digo que cuando la ves personalmente dos cosas te impactan: la primera es que la mujer es igual, pero igual, igual que como la vez en las revistas o en la tele. No parece más vieja ni nada. Igual. Y eso que no usa maquillaje como hubieras esperado. La piel tirante, juvenil, hermosa. Y lo otro es lo alta que es. ¡No tenés una idea de lo alta que es esa mujer! (y eso jodió un poco la cosa, porque hubiera quedado más lindo, sobre todo en las fotos, que hubieran sido más parejos. Como la Barbie y el Kent, ese). Pero no. La verdad que el Dany parecía un enano de la mano de ella. Decime machista, decime antiguo si querés... pero para mí queda fulero que la mina te lleve una cabeza. ¡Y ésta le llevaba dos cabezas al Dany! Daba la impresión que si le metía un cazote era boleta el pobre Dany! ¡Ah, pero ellos como si nada, eh! Ahí estaban, de la manito, y te digo que cuando llegamos y el Dany la vio se le encendieron los ojos como si se hubiera tragado una lamparita encendida. La cuestión es que mientras el Dany se quedaba ahí parado con su cara de enamorado mirando cómo la otra recibía a los que iban llegando (cientos, miles, millones... ¡no sabés lo que era eso!) nosotros nos fuimos a boludear por ahí. Para qué... Estábamos dando vueltas por ahí cuando se nos acerca un tipo y en un castellano bien porteño, bien de rioba, nos dice: «¿De dónde son, che?» Nosotros, hacía una hora que habíamos llegado, pero nos emocionamos y nos abrazamos con él como si hicieran veinte años que no veíamos un argentino. Cuando nos preguntó qué hacíamos ahí y nosotros le batimos que veníamos con el novio de la dueña de casa y les señalamos al Dany y a la mina; ahí el chabón nos miró raro. ¿Ese es el novio? Nos preguntó y ahí se puso a mirar para otro lado, como si le costara tomar una decisión. En eso me mira así, fijo, y me dice: «Mirá, me jode ser yo el que se los diga. Pero de todas maneras se van a terminar enterando. Y cuanto antes, mejor. Hagan así, vénganse mañana a las ocho de la mañana en punto. Hay algo que tienen que ver. Sobre todo tu amigo» Dicho lo cual se dio media vuelta y se fue a la mierda.
Te imaginarás que con eso el tipo nos cagó la fiesta. Yo ya me imaginaba cualquier verdura. Que la mina era casada, que vendía drogas, que en realidad era torta y lo usaba al Dany como pantalla...
La cuestión es que esa misma noche fuimos a cenar afuera, la mina, el Dany y todos nosotros. Y la cena fue un embole, hermano, que te juro que ya por eso se merecía que le recagáramos a patadas como la terminamos recagando a patadas. Imaginate: ninguno de nosotros, incluido el Dany, habla inglés; y la otra no sabía una palabra en castellano. Así que mirá el programa. Para colmo ella es tan conocida que todo el mundo se daba vuelta para mirarla, y ella parecía más interesada en saludar a todos con la cabeza que en tratar de charlar con nosotros. Además de que el otro chabón nos había sembrado la cizaña y nosotros ya no estábamos tan sonrientes.
La cuestión es que a las ocho de la mañana siguiente estábamos todos ahí parados, como soldaditos y justo se baja de un taxi el coso éste y nos dice «Vengan». Fuimos todos calladitos (menos el Dany, que seguía hinchando las pelotas con que adónde carajo vamos?) y nos hizo pasar en secreto a un edificio que quedaba en la parte de atrás del castillo. Sacó una llave y nos metimos en una especie de depósito, y entonces el tipo se subió a una escalera de pintor y empezó a espiar por un ventiluz que quedaba como a cuatro metros. «Tiene que estar por llegar», dijo, mirando la hora. «¡Ahí! ¡Ahí viene! ¡Suban y miren!» ¡Y ahí casi nos da el patatús cuando vimos a un tipo gordito, tipo portorriqueño o algo así; alto, pelado ¡y con bigotes! que se sentó frente a un espejo y se empezó a transformar en la mina! ¡En la novia del Dany! ¡El hijo de puta era un travesti! No sé cómo se dirá, si las ropas o el disfraz; la cuestión es que al ratito el reputazo salió muy amariconada con el vestidito rojo a lunares blancos con el que yo tantas veces me había dado manija! Te juro por ésta que daba lástima mirarle la cara al Dany. Así que al rato le tendimos una emboscada: el Marce la llevó detrás de un cartel con la excusa de sacarse una foto y ahí lo agarramos entre todos y lo recagamos a trompadas, patadas y escupidas. Decí que enseguida se amontó gente y como los pibes lloraban, nos separaron y llamaron a la cana.
Y buéh... que nos perdonen los pibes, pero cuando nos enteramos que adentro del disfraz del Minnie había un tipo, no nos pudimos contener.
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