La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - EstatuaconEpilepsia - '«¡¡CUARENTA AÑOS!! ¡¡NECESITO URGENTE UNA JOVENCITA EN LA CAMA PARA NO SENTIRME UN VIEJO DE MIERDA!!»'
«¡¡CUARENTA AÑOS!! ¡¡NECESITO URGENTE UNA JOVENCITA EN LA CAMA PARA NO SENTIRME UN VIEJO DE MIERDA!!»
«¡¡CUARENTA AÑOS!! ¡¡NECESITO URGENTE UNA JOVENCITA EN LA CAMA PARA NO SENTIRME UN VIEJO DE MIERDA!!»
Espera como un idiota: GUILLERMO SOUBELET
«Encima el mozo, que te mira con esa semisonricita sobradora. Se dio cuenta. Seguro. «Lo clavaron a aquél imbécil», piensa y disfruta, el muy rufián. Pero es mozo y ya se sabe. Mozos y dentistas. La misma cosa. En lugar de esos guarda polvos blancos que usan ambos deberían dejarse de disimular y vestirse de cuero y tachas. Y ya pasaron cuarenta y cinco minutos y ella que no llega. En realidad, una hora y cuarto, ya que tu', en tu ansiedad, llegaste media hora antes. ¿Habrá entendido mal? Peor: ¿Habrá entendido bien y ni bien cortó contigo llamó a su hermana (tu mujer) para contarle todo? No crees. No estarías vivo si tu mujer se hubiera enterado. Además de que si tu atractiva cuñada se hubiera dado cuenta de tus intenciones (y no hubiese estado de acuerdo) te lo había dicho directamente o te hubiese cortado en vez de aceptar la cita en aquél lugar. A menos... a menos que haya una cámara oculta registrando tu patética espera (te dices a la vez que miras en torno como un desesperado. Sabes que algunos programas de televisión compran videos caseros de cámara oculta y si bien es cierto que tu cuñada está rebuena, también lo es que es capaz de vender a su madre a los mercenarios turcos por un puñado de dinero. Por un puñadito, incluso). O que aquellos mozos sean detectives de incógnito contratados por ellas. Asustado, cogoteas hacia la puerta, pero la verdad es que no puedes ver nada, atrincherado como estás en el reservado más oculto de aquél restaurante, cuya adición, sabes, te producirá semejante pozo que necesitarás de mas de un milagro para reponerte (de dos milagros por lo menos). Deseas gustarle a aquella hembra, y sabes de lo difícil que resulta parecer buen mozo (o inteligente) ante quienes vemos casi a diario. Pero quieres que esta vez sea diferente. Así que observas tu imagen en el espejo de la pared y te ajustas la corbata por décima vez. Si la sigues ajustando terminarás por ponerte violeta. Y si bien el violeta combina de maravillas con el azul de tu traje, queda un poco feo estar muerto cuando llega la dama. ¡Dios mío: las ganas que le tienes a esa hembra! Con ese culito que lleva, como si no se diera cuenta. Y el maldito aquél que te mira y sonríe desde detrás de la barra. ¡Como si a él nunca lo hubiesen plantado! Claaaaro, al señor no lo plantan! Ahora comenta algo con otro mozo, entre risitas, sin dejar de mirarte. Te miran y sonríen, ladinos- ¡Ojalá les salga un colmillo en el culo! No, mejor una rama de palo borracho. Y grande y cabezona como el as de basto. Encima, necesitas ir al baño. Pero ya has ido cuatro veces (para peinarte y ajustarte la corbata) y temes que aquellos dos llamen a la policía acusándote de ser uno de esos degenerados que coleccionan actos contra natura. Además alguien usó uno de los inodoros y no apretó el botón y estás seguro de que te echarán la culpa a ti. Encima, como si no tuvieras suficiente, histérico como estás por lucir impecable, cada vez que alguien abre la puerta entra un chiflete que te obliga a mirarte en el espejo de la pared (primero tres cuartos perfil derecho, luego tres cuartos perfil izquierdo) para cerciorarte de que tu elaborado peinado mantiene incólumes las intrincadas pautas arquitectónicas que requiere tu incipiente calvicie cuarentona para no ser descubierta. ¡Dios mío! ¡Cincuenta minutos de retraso! ¿Qué quiere ésta yegua? ¡Que me da un ataque de nervios! Se acabó. No tienes porqué prestarte a esa humillación. Le demostrarás quién eres. Pagarás la cuenta y la dejarás plantada a ella. ¡Ja! «Si, como no» - te dice una voz interior que te obliga a sentarte nuevamente - «¿Si te vas cómo zafarás la próxima vez que se encuentren frente a frente, con tu esposa ahí parada, y aquella yegua te recrimine por haberla plantado? ¿Qué le dirás a tu mujer?» Oh, nada de importancia. Traté de trincarme a tu hermana. Pero como es impuntual me enojé y no me la trinqué nada. Y es que tú siempre llegas puntual. Siempre. En realidad siempre llegas antes. No tiene derecho a... ¡Oh, Dios, te olvidaste de memorizar las frases ingeniosas! Improvisar no sirve para este tipo de situaciones. En el jazz, puede ser. Pero acá no. Siempre te pones nervioso y dices estupideces. Y más con semejante potra. Así que extraes del bolsillo del saco el papel con las frases salvavidas que copiaste e intentas memorizarías. Frase aburrida (ésta no hay que decirla): «Eh... refrescó un poco, ¿no? ¡Lo peor es ¡a sensación térmica!» Frase seductora (ésta sí): «¡El Arco Iris debe sentirse avergonzado ante su belleza!» (bastante cache, sí, pero a ellas les gustan las frases caches). Frase ingeniosa: «Si María era virgen, Jesús es adoptado». Frase con contenido social: «Acabemos con el hambre y la pobreza: comámonos un pobre» (en realidad, éstas dos últimas no tienen nada que ver con la seducción, pero son las únicas frases ingeniosas o de contenido social que encontraste). Frase intelectual: «E-= M. C2» Frase erótica: «¡Estoy al palo desde que me desperté, mamita!» ¡¿Qué?! ¡Una hora de retraso! Una de dos: o es una yegua insolente o se compró un reloj made in China y como no entiende las instrucciones para ponerlo en hora se rige según la hora de Hong Kong. Encima los mozos que se codean y te miran con soma desde detrás de la barra, observando como tú escudriñas tu dentadura en el espejo para asegurarte de que no han quedado desagradables restos de comida entre tus dientes que opaquen tu imagen de atildado caballero. Y ella que no llega. Eso sí, cuando lleguen a la cama deberás ser cuidadoso. Nada de desvestirse como un marinero borracho. No. Elegancia ante todo. Por ejemplo: primero hay quitarse las medias y luego el pantalón. ¿Que el orden de los factores no altera el producto? Minga. Pocas cosas más patéticas que un tipo en zolcilloncas y medias de traje. De manera que aquí se impone un orden estético: primero el saco, luego los zapatos, luego las medias, luego la corbata y la camisa, luego el slip (nuevo) y luego el fuego de las pasiones locas. O una llamarada. O aunque sea una llamita. Pero, por Dios, que tengas algo para ofrecerle. No podrías soportar un fracaso justo cuando lo haces para probarte que a los cuarenta estás igual que a los veinte. Eres ateo, de manera que no sabes rezar. Pero nunca se sabe, así que intentas, por las dudas: Dios: que se me pare. De pronto te asalta un terror que te ha perseguido desde la niñez cuando ibas a comprarte zapatillas: ¿No te habrás puesto un par de medias agujereadas, no? No podrías soportarlo. Otra cosa que no aguantarías es que resulte ser de esas minas que les da por agarrarte del pelo. Tardaste media hora en peinarte (un mechoncito para acá, otro para allá) para disimular las chapas que se te están volando. ¡Y no hiciste semejante trabajo para aquella infeliz descubriera tu secreto mas celosamente guardado en medio segundo! Te tapas la boca como si fueras a bostezar, exhalas y verificas que no tienes mal aliento. ¿Cuantos polvos serás capaz de ofrecerle? ¿Serás capaz de ofrecerle alguno? Porque te estás poniendo nervioso. Y cuando te pones nervioso ya sabes lo que te ocurre. Bueno, mejor no pensar en eso. Excepto algunas menudencias estás como un mocosito de veinte (veinte años de menudencias). Quizá un poquitín con menos pelo, puede ser. Alguna simpática patita de gallo. Nada porqué preocuparse (escuchaste por ahí que otorgan distinción). Tal vez algún rollito y cierta tardanza en recuperar el resuello (con el pecho haciendo ese silbido y transpirando como un buey). Salvo eso el tiempo pasó sin que lo notes. Bueno, ahora sólo puedes jugar un game de tenis sin que te saquen boqueando como un pescado. Pero ¿quién va a jugar al tenis, eh? Aunque, pensándolo bien... lástima que no trajiste la raqueta. ¿Cómo es posible que te hayas embarcado en aquella locura? Cumplir cuarenta años te destruyó. Necesitaste probarte a ti mismo que aún eras capaz de seducir a una hembra. Si, pero ¿porqué justo la hermana de tu esposa? Porque tiene ese par de tetas. Esta bien, pero habiendo en la capital hay cinco mujeres por cada hombrecito, igual proporción que ratas con respecto a cada ciudadano (lejos de ti hacer parangón alguno) ¿Porqué elegir justo a esa mina? Sin ir mas lejos tu mujer es muchísimo mas atractiva que su hermana la impuntual. ¡Y el Dr. Cohen ya sabe adónde puede irse él y su teoría freudiana de que busco sexo fuera de casa porque desde pequeño (pequeño dice, el imbécil) se identifica a la mujer con quien se convive con la madre y eso obliga a los hombres a buscar placer fuera de casa! ¡Y como madre yo no tengo con la tuya me entretengo, doctorcito! Y a ti lo que te parece es que en realidad Freud trataba de justificar porqué se tranzaba a la secretaria. Excepto que... excepto que la pobre muchacha, nerviosa por el remordimiento de estar traicionando a su hermanita del alma, haya cruzado la avenida sin prestar atención, con la mente puesta en la encrucijada si seguir o no adelante con la fechoría y ¡ZAZ! Fue atropellada por un auto. O un colectivo. O un tren. ¡O un auto, un colectivo y un tren! ¡O un avión carreteando, sin ir mas lejos! ¡Pobrecita! iMorir así! Seguramente a aquella hora se desangraba en alguna sucia camilla de hospital mientras los internos, esos babosos, se regodeaban con aquel cuerpo ensangrentado ataviado con lencería erótica. ¡Con la sugestiva lencería que ella se había puesto para gustarte a ti! ¡Pobrecita! ¡Dios mío! ¡Jamás podrás quitarte aquella muerte de tu conciencia! Es más ¡¿Cómo podrás mirar a los ojos a tu esposa al regresar?! ¿Cómo le darás la noticia? Querida: acabo de asesinar a tu hermana, la impuntual. ¡Y aquellos dos imbécil les que te siguen mirando con desprecio mientras lustran las copas! ¿Cómo no tienen piedad en sus corazones para quien vive un momento como aquél? Entonces adviertes que uno de ellos esta hablando por teléfono disimuladamente, sin quitarte la vista de encima. ¿Estará llamando a la policía? Algo en su actitud botona te lo confirma. Quizá no son copas lo que simulaban lustrar. Quizá son micrófonos con los que mantienen permanentemente informadas a tu esposa y tu cuñada. ¡Claro! Esas dos que lo planearon todo. No te extraña. Bien sabes lo que son capaces las mujeres cuando se juntan. ¡Seguro que lo planearon juntas! ¡Si hasta te las puedes imaginar, cuchicheando y riéndose de ti! ¡Dios mío! ¿Le habrá contado que tienes pesadillas y te despiertas llorando y llamando a mamá? Es mas: le hiciste el cuento a tu cuñadita de que hacían el amor tres veces al día, a la mañana, a la tarde cuando llegas del trabajo y después de cenar. ¿Tu mujer le habrá contado la verdad? Debes abandonar aquél lugar siniestro cuanto antes y enrolarte en la Legión Extranjera. Eso, si el dúo dinámico gastronómico te lo permite, cosa que dudas. ¿Cuanto tiempo necesitas para correr hasta la puerta y abandonar el local a la carrera? En tu actual estado, media hora. ¡Para qué habrás elegido justo aquél reservado tan alejado de la puerta! Si logras salir vivo de ésta quizá lo mejor fuera dejarle una nota a tu mujer y abandonarte a la aventura. Adiós para siempre. Vivir errante, viajando como un vagabundo en trenes de carga, tratando de sobrevivir de la caridad de la gente. Tocando la guitarra y cantando en las estaciones de subte y en las plazas. O afeitarte la cabeza y convertirte en krishna. Entonces sucede se abre la puerta del local e ingresa ELLA. ¡DIOS mío! ¡Qué buena que está! Siempre te gustó aquella hembra. Siempre ¡Y eso que nunca la habías visto así de infartante! Lleva puesto un vestidito semitransparente que, a contraluz, permite admirar su increíble silueta. Sientes como la totalidad del contenido de tu sistema circulatorio se aloja precipitadamente en el mismo lugar de tu anatomía, que comienza una simpática metamorfosis - Crees escuchar «La cabalgata de las Walkirias», del petiso Wagner. Aprovechas que al ingresar al local quedó momentáneamente encandilada para, disimuladamente, vaporizarte con otra nube de colonia. Ella atraviesa el salón, se para seductoramente a tu lado y te clava la mirada, provocativa. Eres un hombre experimentado. Sabes reconocer los signos de la hembra caliente, y ésta está en llamas, mi amigo. Está en llamas por ti, muchachito (y tú que dudabas de tu poder de seducción). Es la misma mujer que conoces y a la vez no es la misma. La mujer que tienes frente a ti es una hembra sensual, provocativa y decidida. Y el cambio te gusta. A ver qué dicen ahora esos imbéciles desde la barra.
__ Quiero la verdad, ¿te gusto? __ pregunta ella por todo saludo y te mira fijamente. Tan fijamente que te preguntas si no será que tienes un moco en la nariz.
__ ¿Que si me gustás? __ intentas leer la frase apropiada en el machete que dejaste preparado sobre tu regazo, pero el papel se te cae y no alcanzas a leer bien __ ¿Refrescó un poco? Acabemos con Jesús: comámonos un arco iris.
__¿Qué? Veo que empezaste a brindar antes de tiempo. ¿Qué pasó? ¿Se rompió un frasco de perfume? Por favor, necesito saber la verdad. Es muy importante para mí: ¿Te parezco una mujer deseable? ¿Una mujer que todavía caliente a los hombres?
__ ¡Hombres, mujeres y niños primero! ¡Luego animales y vegetales! __ contestas como un imbécil y maldices por haber dejado caer el papel con las frases ingeniosas.
__ No tenés una idea de lo que me costó decidirme a hacer esto __ dice ella mientras se sienta frente a ti. Estoy muerta de vergüenza. No quiero que pienses que siempre hago este tipo de cosas. Es la primera vez que me animo. Incluso voy a tener que tomar algo fuerte para terminar de decidirme __ le hace una seña al mozo __ Recién cuando venía para acá tenía la cabeza tan en otra cosa que casi me atropellan un auto y un colectivo. Pero te juro que estoy tan caliente que no podría aguantar mas tiempo. ¡Soy un ser humano como todos! ¿Vos me entendés, no?
__ Oíme. A mí no tenés que darme explicaciones. Somos adultos. Nos conocemos desde hace años. Es inevitable que...
__ ...que haya afinidad, que podamos confiar el uno en el otro.
__ Exacto.
__ Es que eso de que seas el esposo de mi hermana me lo hace mucho más difícil todavía, ¿entendés? Pero te juro que sos la única persona con quien yo... -- aparece el mozo cancherito y tú, ante los ojos desconcertados de tu cuñada, tras indicarle el pedido le haces el más ruidoso de los cortes de manga. Decides ser galante:
__ ¿Te gustaría comer algo antes?
__ No. Mirá, tengo el tiempo justo para un turno. ¡Y no lo pienso desaprovechar! Apropósito ¿qué le vas a decir a mi hermana que estuvimos haciendo juntos?
__ ¡¿A tu hermana?! ¡¿Le dijiste a Lidia que nos íbamos a ver?!
__ Claro. Es la mejor coartada. ¡Por supuesto que no le dije para qué! ¡JA! -- y tú te quedas pensando ¡Qué genia la mina ésta! ¡Y qué cínica! Bueno, ya lo dijo Cristina de Suecia: «Yo amo a los hombres. Pero no porque sean hombres: los amo porque no son mujeres» Entonces la mujer revisa su cartera extrae un diafragma, te guiña un ojo con expresión traviesa y te dice: __ Ya vengo. Voy al baño a ponérmelo. No vaya a ser cosa que después, con el entusiasmo... Y ahí sí ¿quién me paga el aborto? Vos no, seguro. Ya vuelvo __ .
La miras caminar, moviendo aquél traserito y no lo puedes creer. Estás radiante. ¡Vas a bajarle la caña a aquella potra! No sabes qué te pone más feliz, si eso o el hecho de haberles tapado la boca a esos dos mozos imbéciles. ¡Calentitos quedaron! ¡Ea ea pepé! Eso sí, dentro de un rato deberás demostrarle bien demostradito tus quilates como semental indómito. Nada de chiqui - chiqul y a noni- noni. ¡Fuera Diablo! No. Aquí se imponen las acrobacias. El cotillón. La cosa putanezca. Los veintiún cañonazos. Deberás maravillarla con una destreza y una parafernalia digna de un recital del grupo Kiss (y la dureza del cachafáz ahí abajo te hace presagiar que las cosas saldrán como corresponde). Incluso, si la muchacha se porta como es debido, es probable que le firmes un autógrafo. Hay una raza detrás tuyo (Te miras en el espejo y te recortas un pelo de la nariz con un alicate). En eso adviertes que la mujer ha regresado y toma asiento frente a ti. Parece apurada. Bien, eso te gusta. Buena señal. A los bifes. Toco y me voy.
__ Mirá, Martín, no sé cómo agradecerte la gauchada. Pero mi marido, que ya tiene treinta y nueve pirulos, no me atiende como yo necesito. Y ayer en el gimnasio conocí a un pendejo que...
Texto de EstatuaconEpilepsia agregado el 01-04-2008. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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