Unos padres tuvieron una hija y la llamaron Isabel, ella tenía su cabello lacio y negro. Sus mejillas rojizas y su mirada desenfocada.
Pasaron unos años y la pequeña niña empezó a hacer travesuras propias de la edad, a los dos caminaba y a los tres ya entablaba conversaciones. Un día, se amarró los zapatos y ese fue un gran logro para ella, hasta que vio que otra niña usaba zapatos de hebilla.
Su mamá la peinaba en las mañanas, y la idea era que no se ensuciara demasiado, algo complicado para su edad, bastante tenía con mantener sus medias arriba y sus moñas puestas, como para tener que preocuparse por su aspecto.
Una mañana vio un animalito pasar por una flor, moverse hasta otra y esto le gustó. Así que lo siguió. Cuando quiso decir que había visto algo realmente lindo, que flotaba en el aire, con unos colores atrayentes, le preguntaron que era y ella tomó una hoja dibujó un garabato que para ella era tal y como la había visto y dijo: –era lindo y flotaba- . Luego, por fin entendió que para que la entendieran debía decir: el ruiseñor y la rosa roja.
Luego de aprender a hablar y dejar de ver, empezó a sentir, con el tiempo se enamoró de un niño, que se robo una rosa para ella. Y tristemente recordó al ruiseñor de su infancia y aprendió con esto, que los recuerdos y el amor van de la mano.
El niño que vio su tristeza le pregunto que pasaba, y ella le dijo que ya no vendría más el ruiseñor, por que ya no había rosa. El niño tomo la rosa y la pegó con cinta a la mata. Ella sonriendo le dijo, -gracias, pero la mata no necesita más a la rosa-. Así que la tomo y se la llevó a su casa, la puso en un florero.
La rosa terminó muriendo, y ella corrió a donde su papá y él le explico, que por haberla arrancado de la mata, la rosa debía morir antes de tiempo. –¿Como antes?- preguntó ella. Él le dijo que todo en la vida tiene un principio y un final. Y que la rosa iba a florecer, pero, finalmente moriría.
Isabel, luego de meditar un largo rato sobre la presente situación pensó. –Espero estar viva antes de morirme.- Y salió a tomar el té con sus muñecas.
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