Andaba perdido entre la gente. No era la primera vez que tenía esta sensación.
Miraba alrededor, y solo veía bullicio, que animados hablaban, reían… bailaban. Sinceramente, no me ubicaba.
A veces, los focos me deslumbraban, o quizá era yo quien sobraba en ese extraño lugar.
Por un momento, perdí a mi gente ¿o fui solo?. El caso es que buscaba, pero ¿a quien?. No hay peor sensación que buscar a quien sabes que no vas a encontrar.
Después de un rato de incesante ir y venir entre el tumulto, apoyé mi codo en una barra. No faltó el gentil camarero que con cara sonriente me preguntó;
- “¿Qué desea?”.
En ese momento pensé;
- “ser invisible.”
Pero no, creo que el no iba a poder a ayudarme en eso, y le dije;
- “nada, gracias”.
Y allí en ese rincón olvidado, y después de un tiempo pasado, ... la vi.
Vestía un traje rojo, tenía el pelo rubio y era -sin lugar a dudas- la chica más bella de la fiesta. Sin querer, y cuando mis ojos dieron con ella, ya no podía dejar de mirarla. Con el temor de que me descubriera, quise esconderme más entre la gente.
Tarde, ya era tarde, ella se dio cuenta de mi indiscrepción.
Pero…, es que era tan bella.
- “Seguro” -pensé- “está acostumbrada a que todo el mundo se fije en ella. No, no me acercaré”.
Pero mis ojos siempre daban a los suyos.
- “Total, ya no tengo nada más que perder”.
Y me fuí acercando lentamente, con la incertidumbre del “no” traicionero. Me jugaba entero, otra vez. ¿Y qué?.
Me paré frente a ella, y bajo su mirada. Mi sensación del “no” aumentaba y quise decirle algo… pero no salía. No salía nada, y así unos segundos…
Al final le dije “¿bailas?”… y no dijo nada. Con su cabeza asintió. Le ofrecí mi mano, y la cogio. Era la mano más suave que jamás había tocado. Tanto fue así, que tocó mi corazón.
Cuando por fin nos acercamos, los dos fuimos uno. Y oscureció, ... todo desapareció.
Y allí, entre tanta gente, solo estábamos nosotros.
Bailábamos y todo, absolutamente todo, podía esperar.
Dejaré ese momento ahí. Disfrutemos del baile. |