Las sombras de la noche cayeron silenciosamente sobre la enorme casa de los Ferreyra. En el patio interno se oia el murmullo de una fuente, el cual invadia la galeria circundante. La casa parecia vacia, excepto por una tenue luz que titilaba en la ventana mas alejada del segundo piso.
Alli Damiana garabateaba un mensaje en un trozo de papel, sobre la mesita de luz, que decia: "A la medianoche, cuando todos duerman. Me encerraron pero me las voy a ingeniar para salir de aca. Prepara tus cosas. Te amo." Ato el papel a un pedazo de madera, fue hacia una gran ventana que habia en la habitacion y lo dejo caer por alli.
Se oyo un silbido claro y profundo, al que luego Damiana respondio con otro identico. Enseguida, la joven busco un gran paño y comenzo a llenarlo de cosas indispensables para una huida; cuando creyo que era suficiente, amarro sus extremos entre si y lo oculto en un rincon.
En ese instante la puerta del cuarto se abrio precipitadamente, y alli aparecio un hombre de grandes espaldas, con su ceño fruncido.
-¡Si me vuelvo a enterar que has tenido un encuentro con ese desgraciado me vas a conocer!- dijo el señor - ¡Y te juro que no te conviene! Ofender de esa manera a tu padre, maldita malnacida...
Se acerco con grandes pasos hacia su hija y le coloco un golpe en el rostro. La pobre corrio a llorar al rincon que desde niña la habia amparado.. El hombre fue hacia la ventana, y la cerro colocandole un candado. Salio hacia el vestibulo y cerro la puerta con llave.
Damiana estaba dolorida, el pomulo izquierdo lo tenia morado. Lloraba, estaba perdidamente enamorada de un amor prohibido; un amor con el que habia planeado huir esa misma noche, renunciando a una enorme herencia que tarde o temprano seria suya, si tan solo se hubiera propuesto a olvidar ese amor. Pero no podia.
Ese mismo dia, pero por la mañana, la criada de la familia la habia visto con aquel muchacho sencillo y de bonitos ojos, en el jardin de la iglesia. Eso fue suficiente para ganarse el encierro, que hubiera durado hasta esa misma noche si su padre no hubiera encontrado a Ciriaco, tal era el nombre del muchacho, merodear por las inmediaciones. |