Cuando era pequeñita lo había visto alguna vez, pero no me había fijado lo suficiente. En mi recién adolescencia, mis amigas me hablaban de él, y cada vez tenía más interés por conocerlo.
Al principio reconozco no me gustó demasiado, pero a su vez me aportaba seguridad, ya que mi grupo de amigas lo veían con buenos ojos, y poco a poco comenzó a gustarme.
Con el tiempo, nunca quise reconocer mi dependencia, entre otras, porque siempre me había considerado una persona independiente y segura, pero él poco a poco se fue apoderando de mi más arraigada personalidad.
Mis padres al principio no sabían nada, pero cuando se enteraron, rápidamente me lo desaconsejaron. Yo me agarré torpemente a la idea de que ya era mayorcita. Mi padre lo conocía muy bien, -no era la primera vez que era un problema comentado en casa- y quizá intentaba -sin demasiado éxito- persuadirme.
Pasó el tiempo y continuaba con mi fuerte adicción hacia él. Había intentado de todas las formas conocidas dejarle, mucha gente me aconsejó el cómo hacerlo, pero al final siempre caía, y siempre me autoconvencia de que esta vez iba a ser la última, y así se repetía la misma situación una y otra vez. Me sentía maltratada tanto psicológica como físicamente por él, y a pesar de eso, había aún gente que lo defendia y con toda la frivolidad del mundo me decían que no me preocupase en exceso. Eso fue quizá lo que provocó que jamás pudiera desvincularme.
El pasado martes me diagnosticaron una enfermedad crónica. Era normal, mi salud había empeorado mucho cuando por fin se hicieron visibles sus malos tratos.
Me han dando dos meses de vida, y hoy os escribo esta carta para que no hagais como yo, para que no os dejeis maltratar, para que seais libres y felices y no marionetas de una exclavitud que no tiene fin.
Mi padre, y saltándosele las lágrimas, dijo que no había nada más triste en el mundo que enterrar a sus propios hijos, y que eso era ir en contra natura. Se sintió derrotado, porque toda esa insistencia que había luchado para que yo me diese cuenta, resultó no servir para nada, y ahora sentía que su hijita se moría a manos de el ser más despreciable de la tierra … ya era demasiado tarde, ...demasiado tarde.
Yo también soy una víctima del cancer de pulmón por culpa del tabaco. ¿A qué esperas para dejarlo?. |