Escondida entre las multitudes ella va caminando, perdiéndose entre los otros, despreciando su propia existencia. Ellos no la ven, no detectan su presencia. Entre tanta indiferencia no es difícil hacerse invisible, indetectable. Lo sabía, no creía, ni embargo, que la gente, indiferente, no supiese poder verla. ¿Era acaso su intención que esto sucediera? Eso no importa, si de ella dependiera esto no sucedería. Sin embargo de ella no depende, ellos no la ven y no hay nada que pueda hacer al respecto.
Corría, gritaba y volaba entre ellos y a su alrededor. ¿Es acaso necesario repetir que la ignoraban? Y la pena la inundaba: la abordaba y desbordaba.
Desplomada en ella misma, abrazada a sus piernas, con la cabeza baja y un nudo en la garganta echa a llorar hasta ahogarse en un mar de tristeza. Tristeza que se transforma en dolor y el dolor en agonía. ¿Puede ser que ella sola pueda soportar tanto?
Entre tanta indiferencia y tanta agonía murió quizá algún día.
Hoy camina entre la gente, escondida entre las multitudes. Se pierde entre los otros, despreciando su propia existencia. Y tú allí entre la gente, has pasado a lado, no la has visto o detectado. Tú eres cómplice, culpable del crimen de la indiferencia y posible asesinato, por lo que algún día serás juzgado y condenado; condenado junto a los otros, a ir con ella a su lado por siempre y poco mas. Padecerás su indiferencia. Sentirás pena y tristeza, dolor y agonía. Entonces entenderás. |