Flor de primavera, martes de febrero.
Te sentís idiota: el mismo papel de nuevo.
Una y otra vez, hasta el cansancio, se repite,
monótona e insípida, esa voz que te gobierna,
que guía tus actos, hasta el cansancio.
Falsa realidad, extraña maravilla.
Yo no sos quién sos sino quién te dictan.
Lluvia de otoño, llanto ahogado.
Despertaste un día, sin ropa, sin nombre,
atrapado en tu propia realidad y perdido.
Antaño deseaste que fuera un sueño.
Sin embargo compraste un perro,
una casa y tu sangre, un vaso de agua.
No hay nada, te estás ahogando, soñando.
El sol de verano te agobia, seguís angustiado.
Una luz brilla en tus ojos: muerte o esperanza.
Gritaste a los cielos que nunca se repetiría.
Fracasaste, mentiste, te acercás al cansancio.
Y te cansaste, y la voz calla. Vos la callaste.
Sólo has quedado y has muerto en invierno.
¡Oh! falsa tragedia, falta de alegría.
Cantan las aves, ya no hay estaciones
pero las ruedas siguen y siguen girando
y yo mirando, absorto, inherente.
Tal vez he sido más inteligente
cuando dejé de buscarle sentido
a tu absurda canción sin sonido. |