Almas
Por: Eddy Grullón
I
La noche hablaba, no necesitaba labios para decir aquellas palabras, pero en ese momento desperté con una nostalgia inmensa, yo no sabía lo que era, entonces decidí quedarme en la cama con los ojos abiertos, pero todavía seguía la misma pena en todo mi ser, lo que tenía era muy profundo, estaba dentro de mí, dentro de mi alma, pero me paré a tomar algo agua, refresco, lo que fuese, Pero cuando fui a parar, sentí frío, miedo, inmenso miedo, creía que me iba a caer muerto en ese momento, pero dije: es la noche, sí, eso es, Estaba todo tan oscuro no se lograba ver nada, pero el miedo seguía ahí conmigo, ni siquiera pude ir por el refresco, aquellos sonidos tejían todo mi ser. Yo no sabía que el aire producía ese efecto, sonaba, gritaba como si fuera un lazo, pero me paré y abrí la ventana, pero cuando la abrí, tremenda sorpresa, lo nunca visto me sucedió aquella noche. No podía creerlo, pero mis ojos lo veían todo, con tal claridad, sí eran mis ojos, estaban fusionados, como unidos con otro ser del más allá, todos aquellos que el hombre común no puede ver yo lo podía ver. Eran almas, animas que habían muertos, estaban todas ahí penando, en el mismo patio de mi casa, yo podía verlo a todos con gran facilidad.
No me lo creía, ni me lo creerán, pero estaba viendos muertos. Por cierto que en aquellos tiempos habían muerto muchas personas, no todos los conocía. Sí los conocía así de vista. Estos estaban ahí, todos ellos estaban ahí, eran tantas almas, incontables almas. Pero en ese momento algo sacudió mi cabeza, algo la sacudió y hasta me meneaba, me retiré para atrás, pero aun así mis emociones no me dejaron en paz, me acerqué nuevamente a la persiana quería seguir mirando. Precisamente quería saber quiénes eran esos muertos, o sea, quería saber quiénes eran esos muertos que estaban penando aquella noche”… y abrí la persiana de nuevo, sí la abrí de nuevo, muy despacio, tan despacio ¡pero tan despacio...! Y ahí estaban todos ellos, son muertos - dije – ¿qué es esto?: reunión de almas, eran muchas, muchas almas, y todas estaban en el patio de la casa.
Son almas que penan en la tierra, las escuchaba, se hablaban entre sí, se hacían preguntas sobre sus muertes, daban explicaciones, narraciones sobre su muerte, yo escuchaba a todos y bien claro, estaba concentrados escuchándolo hablar. Decían cosas que quizá no debía escucharla, como por ejemplo; los asesinos, los responsables de dicha muerte. Pero ellos seguían ahí y yo lo miraba a todos ellos, daban vuelta por todo el patio traspasaban paredes.
Pero yo seguía ahí parado mirándolo a todos, pero eran mis ojos los que lo miraban, no sabía lo que estos tenían aquella noche oscura, lo mismo brillaban parecían ojos de gatos, estaban prendidos, estaban brillando.
Porque eran almas lo que veía, además, el ojo humano no puede ver almas penando, imposible, pero a mí se me hacia tan fácil verlo, decía; que pena, mira cómo están todos. Muertos y penando. Lo miraba y pensaba, calculaba, yo deseaba ir allá, con ellos y hablarle mirarlos, pero no podía, es malo, muy malo según las escrituras, no se debe por ninguna razón hablar con los muertos. pero mis instintos me estaban haciendo daño, tenía que ir y hablar con ellos, tenía que dejarme ver. Además el tiempo estaba corriendo y mis ojos se estaban apagando entonces saque fuerza, “no voy a decir de donde” Pero salí para afuera, salí en búsqueda y todos me vieron, ohh … ¡cielos…! Os hubieran visto ustedes todas esas almas cuando vieron que podía verlos, me miraban así con esa pena, y cara de tragedia, y con unos ojos, algunos decían; mira aquí estoy muerto ¿crees poder ayudarme? ¿O a que vienes entonces? ¿Qué quieres? ¿Dime a qué vienes para acá? ¿A estorbar? ¡Dime! ¡A que vienes! ¡Habla! Lo dijo así, con ese pique, con esa rabia, y volvió a hablar y me dijo: ¿Qué busca entre los muertos? ¿Qué piensa? ¡Dime! ¿Que te vamos a dar un tesoro…? ehh…
Pero yo no decía nada, ni media palabra, sabía que él tenía todas las razones, sabía que no debía haberlo hecho, no debí salir, nunca debí salir, nunca debí haberlo hecho, ahora me siento muy mal, y avergonzado, yo quería hablarle pero no podía. Imposible.
Pero seguía ahí parado, escuchándolo todo, hasta reírse de mí, eran tantas cosas las que me decían que se reían algunos, eran tantas las ofensas que me decían. Pero muchos eran conscientes y decían: ya, ya, basta, déjenlo, dejen al muchacho, el no es malo no tiene malas intenciones para con nosotros, sólo siente pena por nosotros, por lo que somos, por la vida que vivimos, por la vida de sufrimientos que vivimos.
Entonces me quedé tranquilo muy tranquilo, con la cabeza hacia abajo, además, ¿qué podía perder?, ¡nada!, ellos no me asustan, pero me miraban, sí, todavía recuerdo aquellas miradas de todas esas almas, se reían todas, bueno… ahí fue que se me engrifaron los pelos, cuando empecé a escuchar esas risas, parecían que lo hacían
a propósito, estremecían el patio de la casa, era un fuerte eco, “sólo traten de imaginárselo”. Eran las animas que se reían, y seguían estallando de risas y el eco se escuchaba más, y más, yo no pude, no pude, me fui muy rápido, gritaba mientras corría pero por fin pude encerrarme en la casa, y deje: tremendo susto este, tremendo susto.
II
Desde entonces un poder muy grande se apoderó de mí, eran mis ojos, podía verlos a todos penando, noche tras noche, pero sólo en la noche, en el día no, sólo podía ver la ánimas con la oscuridad, con la noche, desde entonces mis noches eran largas, tan largas como la misma sábana del diablo, y misteriosa, muy misteriosa, yo no puedo dormir en la noche, las animas no me dejan dormir. Siempre están conmigo ahí, todas las noches, cada noche, ellas siempre tienen algo diferente de que hablar. Cada noche, ellos querían usarme como mensajero, quieren que yo fuera a su casa, a donde sus familiares, como a llevar mensajes sobre ellos, querían que fuera a su casa a decir quién fue el asesino de dicho muerto, pero claro, esto yo no podía hacerlo, no podía permitir nada de eso, no señor, siempre le disimulaba, les decía que sí a todos, todo era sí, siempre fui honesto con ellos, a pesar de que no quería ofenderlos. Ya estaban muerto, no podía maltratarlos es malo, los muerto se respetan.
Pero mi vida fue cambiando mucho, mucho, desde que obtuve esta vista mil por mil me convertí en lo mismo, en uno de ellos, en una ánima en pena. Pero, el mismo Dios, yo no sentía miedo, los miraba a todos y a veces ni caso le hacía, les decía: adiós, Bay, Bay. Hablaba mucho con ellos, me divertía mucho, la gente me miraba hablando con las animas y decían: miren éste, ya está loco, mírenlo como habla sólo, pasaba la noche en vela hablando solo, ¿qué será lo que tiene este? Pero en verdad yo no hablaba sólo, yo hablaba con las ánimas, con lo muertos, esa era mi cruz.
Ahora ellos no me dejaban Tranquilo, a todas parte me buscaban para hablarme, ellos hacían fila para verme, ya os era muy famoso entre ellos, venían de todas partes y de todos los pueblos a verme, y me pedían favores, me decían que fuera a su casa a decirle a sus familiares quien los había matado, quien les había quitado la vida, me lo pedían de favor. Me lo rogaban, pienso y me daba lástima, no podía, ya me tenían cansado, no soportaba la situación, no quería ver almas encima de mí, noches tras noches, hablando y diciéndome cosas. Yo tenía que hacer algo, o me iban a volver loco, tenía que irme del pueblo, pero tenía que hacer algo. Porque cada noche que pasaba venía más y más, era espantoso cuando me tiraba a la cama todas esas alma se quedaban mirándome, y con los ojazo. No, no, yo no podía dormir nada, se me era imposible, serraba los ojos y cuando los abría ahí estaban todas esas almas en pena mirándome. Es que sólo pensarlo causa escalofrío, miedo, pero por mala suerte era una cruz que apenas estaba empezando. Yo tenía que aprender a vivir no podía tomarle miedo, tenía que aprender de ellos mismos que no me importara nada, hasta empecé a hablarles mal, sin importar qué fueran muertos, que se vallan bien lejos donde no vuelva a verlos nunca más, porque antes era feliz, ahora no, ya no puedo ni dormir por culpa de todas estas almas que me persiguen todas las noches, ya no las soportos, quisiera explotar en mil pedazos.
Pero tenía que calmarme, porque a pesar de todo me gustaba un poco todo esto de las ánimas, lo vivía, quizá no es de mucho agrado hablar con los muertos, pero, ¿qué podía yo hacer? Dios me ha regalo este don, hablo con ellos los veo caminar, comparto con ellos, esas son de las cosas que me apartan del hombre un poco; es decir, me hacen diferente, me hacen grande. Algunas veces estoy con toda mi familia, y ellos empiezan a llegar, a hablarme, a saludarme, entonces yo también los saludos y les digo cosas. Ahí es que mis padres, mis hermanos, que están a mi lado me miran y me dicen cosas; Oye hermano, ¿te va a dejar poner loco?, ¿Con quién hablas? ¿A quién ves? Pero les digo: No, no, está bien, me disculpo diciendo que fue un amigo que cruzó por la calle, pero un amigo que ya está muerto, y bien muerto, un amigo que vive penando, un amigo que sufre día y noche, una alma.
Fin
Santiago Rep. Dom.
13 Marzo del 2008
|