Los avestruces
El Pasado no quería, se quedó anclado en el tiempo, oculto en un agujero que no era otra cosa que una caverna oscura y estrecha, hogar donde habitaba. El muy iluso parecía temerle a la luz y llegó hasta creer en su poca confianza que se encontraría a gusto si permanecía aislado dentro del cocón urbano de sus cuatro paredes, a salvo de las nuevas vivencias que día a día se asoman tras cada amanecer y que bien podrían inquietarlo. Mataba las horas sentado delante de su ordenador tejiendo cuentos y leyendas que trataban de guerras pasadas y otras violentas tragedias de antaño llenas de herrumbre. El Pasado no lograba aprender del suyo y tampoco lo superaba pues el dolor que en su día lo forjara, regresaba de improviso como un huésped indeseado volviéndolo a inquietar. Este círculo agotador se repetía hasta el hastío y sólo en contadas ocasiones el Pasado pensó en saltarse la rutina. Y fue precisamente en una de estas ocasiones, en la que el Pasado se vio obligado a abandonar su hogar debido a ciertas circunstancias que la vida suele traer consigo, cuando en su escapada se tropezó con el Presente. Éste, el pobre, sufría de la terrible enfermedad del “Futurismo”; es decir, se le había atrofiado la facultad de soñar con los ojos abiertos, cualidad innata en él. En fin, el problema radicaba en el esmero del Futuro, que por complacer los deseos y caprichos de los otros, se había obsesionado de tal manera con el “mañana” que se olvidó por completo de su “aquí y “ahora. Lo curioso o tal vez fuese la fuerza del destino, es que ambos, Pasado y Presente, se enamoraron locamente él uno del otro. En los roces de su cariño, el Presente le enseñó al Pasado que la luz solamente revela lo que trae el mañana y que no hay motivo alguno para tenerle pánico al futuro. Así mismo, el Pasado le dio la espalda a las épocas antiguas, a esas guerras de poca gloria, como lo que son todas ellas; y aunque no las olvido, sí se liberó de ellas dejándolas caer en el recuerdo. En lo que respecta al Presente, éste continua con tanto afán como antes; sin embargo, el Pasado le ha aclarado la mirada y su entusiasmo abarca en la actualidad los límites de su vista y no lo que pudiera esconderse tras el horizonte. Hoy en día se los ve aquí y allá caminado juntos de la mano, por una senda que algunos conocen y que otros menos aún se atreven a nombrarla..¿ Felicidad?
Churruka, 05.04.2008
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