"¿Qué es este dolor?" me pregunto
bajo el hacha terrible del verdugo.
Los ruiseñores se han extinguido
sobre el cielo de la desesperanza.
Y los hijos de puta de ayer,
de hoy, de siempre,
siguen castigandonos con latigos invisibles;
fieros latigos, terribles latigos
que no vemos pero ahí están,
doliendonos.
Es el hambre mis amigos,
y la impotencia más aguda.
Y es el amor que no se da,
y es el pueblo que llora.
Y allí los hijos de puta de ayer,
de hoy, de siempre,
recordandonos,
obligandonos
a no abandonar
la lucha. |