Eran las 5:30 p.m. y el Tren, nada que pasaba. Martha, junto a un puñado de gente permanecía allí, un tanto intranquila, preocupada, en realidad. Desde hace 30 minutos ha debido pasar el bendito Tren a ciudad Tonja, pero no es así, ni visos de la locomotora.
Allí se encontraba, pensando en que eventualidad habría sucedido con aquella mole de hierro, la cual, rara vez se retrasaba en sus horarios.
Avanzaban los minutos y con ellos la preocupación de Martha. En casa sus dos hijos le esperan y su marido Julio, llegaría a las 6:00 p.m. con su usual borrachera. Seguro se molestaría, al encontrar a los chicos solos y mas aún, por desconocer el paradero de su mujer. Por un momento Mathra razona: "como ando en una buena causa, él entenderá".
Ya faltan cinco minutos para las 6, y el corazón de Martha tiene un latido que puede ser oído por el río personas que ahora invaden la pequeña estación. Ahora le invade la preocupación, mas bien el pánico, terror. En breves momentos el señor de la casa llegará y con cada minuto de retardo, Martha suma a su tarjeta de justicia del día, un motivo, una razón y con ello, una justificación para el golpe, el insulto y la humillación delante de sus menores infantes.
El Chu, Chu del Tren se oye a lo lejos, y con cada chuchucheo le recuerda a la horrorizada mujer, que hoy le toca maltrato del grueso, que de nada valió tomar la iniciativa de viajar la ciudad para comprar comida y el medicamento para el bebe, que tal vez era mejor morir en casa de inanición, que morir molida a palos.
El amasijo de hierro que trae consigo la desgracia de Martha, ha llegado justo a las 6 de la tarde y ahora si avanza raudo y veloz como quien corre a cobrar herencia, como buscando recuperar los minutos perdidos.
Con cada tramo andado, Martha blanca como un papel, siente el frío en sus huesos, la sangre se le ha hecho hielo, sus ojos niegan a cerrarse... ¿Porqué? se pregunta. Si yo no soy una mala mujer. ¿Porque tengo tanto frío, si voy en el Tren? Que equivocada estaba. Desde temprano había llegado a casa, solo que esta vez, Julio llegó a las 5:00 p.m. y los treinta minutos que duró golpeándola, fueron más que suficiente para matarla.
Atayo |