La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - nocheluz - 'Corazón mío, guarda bien esta pócima de horas, ¡qué tesoro!'
Corazón mío, guarda bien esta pócima de horas, ¡qué tesoro!
Entre relojes invisibles, vuela una voz lejana que canta “nadie como tú para hacerme reír...nadie como tú sabe tanto de mí...nadie como tú es capaz de compartir...mis penas, mis tristezas, mis ganas de vivir...”, y en el balcón, colgadas cacerolas de colores toman los primeros rayos de una noche enlunarada, espejos que intentan atrapar al tiempo mientras los gatos tocan violinos sobre el nuevo viejo tejado de ramas secas, y ella colgada en pansamiento (¿quién estoy yo? Al fin, siempre despierta) intenta cazar verbos que se ocultan detrás de la Osa Mayor. De pronto, un “cacerolar” salta de tu boca, buscando mi recuerdo, ¡oh, Dios mío, había huído la palabra!...pero nunca me abandonas, y vienes hacia mí haciendo malabares con palabras-que-necesito en la punta de tu lengua juguetona, ah, corazón verde esperanza, ¿cómo no voy a quererte? Te beso los hoyuelos y por favor, contéstame:
¿cómo abrazar las ganas de una tarde (un quizás...) con dos helados de mango, dos mil besos de llovizna y charquitos en los poros?; ¿cómo abrazar esta ilusión de una tarde con salivas de amantes que desconocen el amor y el ocaso; con niños que juegan al fútbol con sus sombras sudorosas; y con sombras refrescantes que juegan al escondite con sombreros de señores? ¿cómo abrazar esta tarde con gritos de peces que se burlan del silencio de gaviotas y del anhelo de pescadores? ¿cómo compartir contigo la onírica tarde con alas de ángeles sobre montañas de fuego? No sé, no sé cómo, pero te abrazo y nuestras miradas se encuentran...tienen el olor de mar y de aventura; huelen a tierra negra mojada, a añoranza, a ternura. Te veo y me veo en tus pupilas, ambos disfrazados de nubes que dibujan piratas sentados en el barco de arena de tu isla amada, navegamos en vino blanco y en brisa calma, disfrutamos de nuestro tesoro conservado en la pócima de preciosas horas. Nos reconocemos.
Mira, conejero, gracias a ti aprendí a cacerolar: en una cazuela de barro, verter colores de arcos iris y siempre muy buenos días desde ventanas abiertas con paisajes lunares de ensueño; rehogar colas de dinosaurios con una pizca de nostalgia y un chorrito de sonrisas; añadir saxofones obscenos de músicos intrépidos, y claro, canciones inolvidables; por fin, mezclar sueños jamás soñados, versos de vida y de perseverancia, kilobytes de sensaciones y emociones, dos cucharas de compañerismo y de sinceridad...y endulzar a gusto con amor o miel de abeja. Dejar que hierva la pócima de horas hasta que salga de la cazuela una torre de tiempo, fortaleza alada de nuestros más bellos momentos, de esta amistad que rompe los esquemas, las distancias y hace frente a las adversidades del acaso o del destino.
Estamos listos, sí...y ¿dónde nos abrazaremos, corazón? Siempre, siempre, en aquella esquina de luz que dobla el horizonte. Te quiero con un poco de clavo de olor y canela, y sonrío.
para ti, Sergio, mi gran amigo eterno.
http://www.youtube.com/watch?v=VIUbfT34jBo&feature=related
Texto de nocheluz agregado el 10-04-2008. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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