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El sueño
La calle comienza a llenarse de sonido, señal inequívoca que aunque temprano, ya hay luz.
Como todos los días se me pegaron las sábanas, debo darme prisa si prentedo llegar.
Bajo la calle con esa sensación de frescor de la mañana y me acuerdo de todas las cosas por hacer, dudo que mis veinticuatro horas den para tanto.
Repaso mentalmente una y otra vez para no olvidar ninguna cosa que le diré, quizás hoy no es un buen día para vernos pero se hace indispensable, ...volver a vernos… y después de tanto tiempo.Tantas cosas por contarle, tanto que cambió. Le recordaré el lugar donde vivió, pero claro, han colocado en su lugar un edificio bastante mejor. Eso si, continua el cajero al lado, de donde tuvo que sacar dinero para pagar a la casera eso que dijo que debía pero que no fue así. A fin de cuentas a él nunca le gustaron las polémicas…, para qué discutir.
Le contaré mis nuevos proyectos, como han cambiado desde entonces… Me recrearé en su apodo cariñoso, -qué gran descrubrimiento saber de su segundo nombre aquel día; Gabriel,- y le comentaré que mi perrita se murió antes de que él pudiese verla. Sus primeras prácticas de veterinario casi que las hizo con ella, pero ya estaba muy mayor y es ley de vida, aunque aún se le echa de menos, después de tanto tiempo.
Le diré que he visitado hasta dos veces más su ciudad pero que sigue siendo el mismo sitio mugriento y sucio de siempre, a pesar de eso, sigue conservando los encantos de una ciudad marítima. También le contaré que vi a su mejor amiga allí y que hablamos de él un rato.
Le reconoceré que los “abre fácil” de los tetrabrick, después de tanto tiempo pasado, y a pesar de mi testarudez, realmente son “abre dificil”, pero que ahora a cada envase, intento abrirlo sin tijeras, para demostrarme día tras día lo equivocado que estoy.
Pienso que le recordaré cuanto me costó asimilar ese último abrazo no dado, por unos míseros kilómetros de diferencia, que un día no recorrí ni el recorrió, pero que ahora me pesan cada día que pasa.
… Pero sobretodo le diré que no se le olvida, y que seguimos a pesar de que no nos vemos, creciendo de forma sólida nuestra amistad.
Son tantas cosas las que le tengo que decir que espero llevarlo todo como el primer día que lo pensé, pero claro, las cosas van cambiando, a fin de cuentas hablo mucho con él y hoy tampoco tiene por qué ser un día más especial que el resto…
La calle comienza a llenarse de sonido, señal inequívoca que aunque temprano ya hay luz.
Como todos los días se me pegaron las sábanas, debo darme prisa si prentedo llegar…
Hoy, como tantos otros días, soñé que te volvía a ver… amigo. Los buenos amigos no se olvidan, y aunque la vida sigue, y aunque ya no te podré ver más… perteneces a mis recuerdos y mis sueños, que mientras yo viva, vivirán conmigo… por lo tanto seguirás vivo.
A veces siento que no me repongo. Estas cosas, ya se saben como son, y más cuando te cogen por sorpresa. Me hubiese gustado compartir unos minutos más contigo, y reirnos de cualquier cosa, por estúpida o banal que fuese, pero las cosas sucedieron así. Fue todo demasiado rápido.
Ya hace tiempo de aquello, aunque me sigue pareciendo cercano. Trato de disfrutar de los buenos momentos, pero miseramente regreso a un lugar de partida, a un lugar de retorno.
Por suerte, amigo, a veces te veo. Aprendí a coger el dolor por su lado más suave.
Hoy aprendí el valor de los sueños.
En memoria de Sergio Gabriel Ramiro.
Texto de sitiodemirecreo agregado el 11-04-2008. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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