Lo sabremos entonces,
cuando el momento llegue,
si este tablero a punto de resquebrajarse
en la mitad exacta del universo
pudo ser nuestro campo de batallas.
Sonarán entonces los tambores
pero ya no llamarán a la muerte
sino a otro evento, quizá más humano y más incierto
para los sorprendidos ángulos del ojo.
Un nubarrón te llamará
para que asistas al paisaje
con el insomnio que a diario inventas para el frío.
Para esas horas yo estaré en el mismo punto,
resarciendo las heridas que dejaste
a la sitiada ciudad de mi cuerpo,
preparando sus amuradas para una nueva derrota,
inevitable, ansiada.
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