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GWENDAL Y LA MANI-FIESTA-ACCIÓN dedicada
GWENDAL Y LA MANI-FIESTA-ACCIÓN
Avanzaban como caudal de río, a su paso lo inundaban todo de color de sonido, de protestas pacíficas. ¡Borremos las fronteras! ¡Diseñemos un nuevo futuro! ¡NO A LAS GUERRAS! ¡Paremos el cambio climático YA! ¡Vivienda para todos! ¡Trabajos dignos y bien pagados! ¡Respeta al vecino! ¡Valoremos a los abuelos como se merecen!... Las pancartas bailaban al son de un viento que jugaba a silbar melodías inventadas sobre la marcha.
La gran manifestación se iba adueñando poco a poco de las arterias principales de la gran ciudad haciendo que esta se fuese convirtiendo paulatinamente en un caos de órdago.
Las sirenas de los coches de policía cada vez aullaban más cerca de la comitiva.
Cuando todo hacía pensar en un múltiple choque de trenes; por un lado personas con pancartas, por otro, los vehículos abarrotados de policías que se acercaban con una clara orden: “disolver la manifestación no autorizada”, apareció Gwendal salido de nadie sabe donde. Con los brazos alzados y ayudado por un bastón a lo Moisés, paró a los primeros manifestantes que sorprendidos y sin tener un cabecilla destacado le hicieron caso sin rechistar. Frenaron los coches de policía cerca de aquél individuo de largos cabellos y vestido con una inmaculada túnica blanca. Cesaron de oírse las sirenas no así las bocinas de los coches que los atrapados automovilistas, con prisas permanentes, hacían sonar a destajo.
Visto desde fuera era como ver una madeja de lana liada a más no poder, pero con una cabeza visible de color blanco.
Sólo dijo una palabra: Seguidme.-Los primeros manifestantes le siguieron sin dudarlo, los otros, como ovejas y sin haber oído la orden, siguieron al de delante. Se unieron también gran parte de los recién llegados policías, otros pocos se quedaron para intentar restablecer el orden.
Gwendal, seguido por todos, se dirigió a una de las plazas más grandes de la ciudad. Se subió a una tarima dejada allí para un concierto que estaba programado para esa noche, se hizo con un altavoz cogido prestado a un sorprendido sargento de la policía.
-Probando, probando ¿se me oye?-Preguntó Gwendal a la multitud. Un gran SIII se adueñó del lugar.-Compañeros creo que todos deseamos mas o menos lo mismo. ¿Queréis un ejemplo? –Continúo diciendo el peculiar hombre vestido de blanco improvisando su discurso.-Que levante la mano quien quiere viviendas para todo el mundo.-Todas las manos se alzaron. Mientras eso ocurría, Gwendal leyó de reojo y para si lo que ponía en otra pancarta para después decir en voz alta:-Que levanten la mano las personas que quieran parar el cambio climático.-Otra vez todas las manos se volvieron a alzar.-Gwendal Preguntó entonces: ¿Quién quiere que en el mundo reine la paz?-
Cuando vio que todos los brazos de nuevo apuntaban hacía el cielo preguntó:
¿Os gustaría cantar una canción? ¿Os sabéis la de “Soplando en el viento” de Bob Dylan? Démosle la mano a quien tengamos al lado. Quiero ver como muchas circunferencias giran en sentido de las agujas del reloj mientras cantamos al mundo esa bonita canción. En ese momento hasta el viento dejó de silbar para unir su canto al de miles de personas. Gwendal, como si fuese un director de orquesta experimentado blandía su bastón mientras cantaba con todos:
¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre
antes de que le llaméis hombre?
¿Cuántos mares tiene que surcar la paloma blanca
antes de que descanse en la arena?
Sí, ¿y cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón
antes de que sean prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,
la respuesta está soplando en el viento.
Sí, ¿y cuántos años puede existir una montaña
antes de ser bañada por el mar?
Sí, ¿y cuántos años se permiten vivir a algunos
antes de que se les conceda ser libres?
Sí, ¿y cuánto tiempo puede un hombre volver la cabeza
y fingir exactamente lo que no ve?
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,
la respuesta está soplando en el viento.
Sí, ¿y cuánto tiempo tiene un hombre que mirar hacia arriba
antes de que pueda ver el cielo?
Sí, ¿y cuántos oídos tiene que tener un hombre
para que pueda oír a la gente gritar?
Sí, ¿y cuántas muertes se aceptarán, hasta que sepa
que ha muerto demasiada gente?
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,
la respuesta está soplando en el viento.
Era curioso ver un gran número de corros girando hacia la derecha; a policías armados dados de la mano de pacíficos manifestantes. También se habían sumado a esos corros personas que se encontraron por casualidad con aquél acto no programado.
Las cámaras de varios canales de televisión transmitían en directo lo que ocurría en el centro de la ciudad dando eco a un canto unánime que lejos de calentar el ambiente, lo suavizaba.
Mientras, en otro lugar no muy lejos de allí.
-¿Alguien ha visto a Gwendal? ¿Nadie lo ha visto?-Preguntaba sin cesar uno de los cuidadores de la planta número cuatro.- Se sorprendió entonces al descubrir a la gran mayoría de los internos de aquella planta del manicomio frente al televisor, normalmente no le hacían ni caso. Se iba acercando a ellos cuando una voz dijo:
-No lo busque, no se cómo se ha metido en la televisión y parece pasárselo muy bien ¿Me deja meterme a mí también? ¿Cómo puedo hacerlo?
- Ahora entiendo porque los muros son tan altos, si, son altos para que esos locos de ahí afuera nos dejen tranquilos y no puedan entrar.-Dijo otro interno aunque el cuidador no les oía. Simplemente no daba crédito a lo que veía en televisión.
Dedicada a MILDEMONIOS una muy buena poetisa.
Texto de SOL-O-LUNA agregado el 13-04-2008. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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