AQUELLOS RECUERDOS.
Recuerdo la esquina
la casa y la palmera que centraba el jardín.
Las noches inflamadas de poesía,
y tu presencia junto a mí.
Fui un demente,
un loco enamorado
que se perdió en la utopía del amor.
Veo tu cara después de primer beso
encendida como una manzana.
Tus dedos recorriendo mi boca,
y tu cuerpo tibio,
como una mañana de enero.
El tiempo voraz, llevó todo,
sólo ha quedado de aquel ayer
un corazón lacerado
un grito sin voz
y en las cestas de la cocina
los vinos acostados como momias,
languideciendo también de soledad.
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