Es solo otra noche de locura para aquélla pobre alma atormentada por el peso de su pasado, que desconoce su propio nombre y no recuerda ya las formas en su rostro. No ha dejado rastro en el mundo de suexistencia, pobre manifestación de ser, intento de hombre, despojado de todo derecho en este mundo y desconociendo el motivo. Marcha solo, triste, cabizbajo. Llevando consigo solo penas y miserias, memorias,vergüenza, deseo de agonía y olor a desprecio. En su cabeza suena una marcha fúnebre, un réquiem para soñar despierto con que todo fuera distinto, y que el camino que transita no llevara a aquella cornisa.
En su brazo derecho arrastraba su viejo violín de gastadas cuerdas, alguna ausente, con el que alguna vez pudo elevarse mas allá de la del mundo y contemplar lo divino. Se pierde en el recuerdo de aquellos magistrales momentos... y recuerda que este no es su lugar. Recuerda por que los hombres lo desprecian. Un último momento de luciez. El mundo le queda chico y ya no puede tolerar tanto, no tras haber escrito musica que los dioses mismos dictaron a su oido y los hombres redujeron a cenizas. No puede tolerar la oscuridad, habiéndo conocido la luz verdadera. Y entiende que marcharse es lo necesario. |